domingo, 22 de julio de 2007

Norah Jones en concierto

Viernes, 20 de julio de 2007. Palau de la Música de Barcelona. Entre humo y bengalas aparece Norah Jones. Viste top y minifalda de cuero, medias de rejilla agujereadas y lleva el pelo en un crepado imposible. Las primeras guitarras distorsionadas anuncian que será un concierto demoledor. El sonido atronador que escupen los altavoces hace temblar las paredes del Palau. Mientras se contonea como una gata en celo, Norah se desgañita y aborda sus temas más duros, uno tras otro, sin pausas entre explosión y explosión de rock'n'roll. El público grita como loco, inmerso en la orgía de metal y alaridos, mientras la cantante de Nueva York versiona el One de Metallica. Finalmente, mientras el guitarra solista se ensaña con el amplificador, destrozándolo con su guitarra, Norah rocía el piano con gasolina y le prende fuego, que se eleva entre las estatuas modernistas del escenario.

Bueno, de acuerdo, no fue así. Pero si alguien esperaba que el concierto de Norah Jones fuera un soporífera actuación a lo Richard Clayderman, salió muy equivocado. Norah y los suyos tocaron temas intimistas de jazz-pop, sí, pero también temas más acelerados y variopintos de blues, country, dixie y hasta rockabilly, así que, sin ser una demostración de energía y decibelios, fue considerablemente movido. Pero, como decía Jack el Destripador, vayamos por partes...

Almond, David y yo entramos al Palau cuando el telonero, un tal M. Ward, terminaba su actuación. Nunca supimos a qué nombre correspondía la M, pero a juzgar por como tocaba la guitarra (acústica), os aseguro que la M no era de "Manco". Temas tranquilos e introspectivos, pero interesantes. Habrá que seguirle la pista.

Una vez terminó, el público se preparó para recibir a la maravillosa Norah Jones y su banda. Por el espectacular acopio de instrumentos sobre el escenario (batería, xilofón, cajas de ritmos, dos contrabajos, varias guitarras y bajos, un piano, un órgano y hasta una especie de acordeón sobre cuatro patas) parecía que la cantante iba a entrar acompañada de la Filarmónica de Berlín, como mínimo. Pero no, al final eran sólo cuatro los músicos que acompañaban a la radiante Norah, que entró con vestidito granate, de escote discreto y falda a la altura de las rodillas, y zapatos negros de tacón.

La artista, en lugar de dirigirse hacia el piano, se colgó una guitarra eléctrica, y el concierto empezó con una versión muy blues de Come Away With Me, el tema que dio título a su primer álbum. Luego, sus primeras palabras en español (graziaz), y alabanzas al Palau (I love this place) y a la ciudad (You are very lucky for living here), con lo que a la primera de cambio ya tenía al público en el bolsillo. Ya sentada al piano, se sucedieron temas más intimistas, sobretodo de su último disco. De vez en cuando, los músicos cambiaban de instrumentos (el batería se iba al xilófono, el bajo cogía el contrabajo, la asiática dejaba la flauta travesera y cogía el bajo...) y las canciones adquirían nuevos sonidos, no siempre perfectamente ligados, pero que se agradecían dado que las canciones más tranquilas de Norah son todas del mismo corte. También se agradecía que entre los temas suaves fueran apareciendo cambios a estilos más movidos, con el country de Sunrise, el dixie de I'm Gonna Get You Yet (una versión de The Dixie Cups) o el rockabilly de Creepin' In. Y en las pausas entre canción y canción, las bromas y comentarios -muy naïf- de Norah, que hacían reír al respetable y embelesaban al más pintado.

Así se fue deslizando la noche, disfrutando de la música y de la voz maravillosa de la chica, sin grandes sorpresas, pero también sin la monotonía que podía haber sido si Norah se hubiera limitado al jazz-pop que la ha hecho famosa. Entre las curiosidades, la espectacular Sinkin' Soon, intencionadamente caótica, y la colaboración del telonero M. Ward en un par de canciones. Y al final, después de casi dos horas , Norah terminó el concierto con The Long Way Home (una versión de su admirado Tom Waits). Vítores, aplausos, thanks for coming y todos a casa contentos de haber disfrutando del espectáculo y rindiendo pleitesía a esta bella cantante de 28 años. ¿Qué tendrá esta Norah, que a todo el mundo enamorah?

2 comentarios:

El ascensorista dijo...

Pues a mí (en Vitoria) la banda no me convenció y en general falto que todo fuese un poco más espontáneo. Eso sí, ella maravillosa.

Saludos

Rafa dijo...

Ascensorista, creo que tengo que darte la razón. Me pareció que los músicos no sonaban del todo bien, pero lo achaqué a nuestra ubicación en la sala (pegados a uno de los altavoces). Pero al leer tu crítica en tu blog me di cuenta que no era culpa de donde estábamos nosotros, si no de ellos.

Y ella, sí, increíblemente maravillosa (suspiro).