martes, 7 de noviembre de 2017

The Godfathers en la Sala Zero

Sala Zero (Tarragona), lunes, 30 de octubre de 2017. Había perdido la pista a The Godfathers hace casi 30 años, cuando tuvieron su momento de gloria gracias a sus dos primeros discos y, sobre todo, a su tema más exitoso, aquel Birth, School, Work, Death. De todos modos, ya por aquel entonces su rock británico con toques punk y new wave no era mi estilo favorito (en aquellos tiempos yo estaba por sonidos más yankies). Así que, cuando David y yo vimos que tocaban en Tarragona, un lunes a las 22.30h, al principio tuvimos nuestras reservas. Pero dimos unas escuchas a su último trabajo, Big Bad Beautiful Noise (2017) y nos gustó. Y como teníamos mono de música en directo, hicimos nuestra la máxima que dice que mejor una mala noche de rock'n'roll que una buena noche de tele viendo Gran Hermano VIP.
 

Lo bueno de ir a conciertos entre semana, en una ciudad pequeña como la nuestra, y de grupos fuera del mainstream, es que todo queda muy en familia. De hecho, al llegar a las puertas de la Sala Zero encontramos a Peter Coyne, líder y voz principal de los Godfathers, medio oculto entre las sombras, enfundado en su traje de batalla y fumándose un cigarrillo para ir calentando la garganta. La sala, muy lejos del lleno: unas 70 personas nos congregamos para disfrutar de la veterana banda, lo cual te permite moverte e ir cambiando de perspectiva, e incluso ocupar las primeras filas, cosa que hicimos a ratos.

Entrando en materia, el concierto, la verdad, fantástico. Pese que algunas canciones rondan las tres décadas, los Padrinos suenan frescos, pegadizos y, sobre todo, muy potentes. Un auténtico trallazo de rock'n'roll: temas cortos y contundentes que inevitablemente recuerdan a Ramones (de hecho, terminaron versionando Blitzkrieg Bop), y otros ligeramente más melódicos, de tintes power-pop, R&B y new wave. Pero todo muy poderoso, sin baladas ni pijadas que suavizaran la descarga eléctrica que suponía cada bombazo de los británicos. La banda, brutal, con esa extraña mezcla de flema inglesa y pasión desbordante que la caracteriza, e instrumentalmente impecable (a destacar el batería, de aquellos virtuosos en los que al principio no reparas, y que cuando te fijas en lo que están haciendo te dejan boquiabierto y ojiplático). Y el repertorio, acertado, aunque algo corto: una hora y pocos minutos de show, y es que alguna pega tienen que tener los conciertos en salas y ciudades pequeñas: que a veces caen temas del set list que sí interpretan en plazas más grandes.

Pese a ello, una gran noche de rock'n'roll que nos dejó más que satisfechos, y con la sensación de haber (re)descubierto una gran banda.


PD: Las fotos, cortesía de David, as usual... 

martes, 17 de octubre de 2017

Mis listas de Spotify

Después de haber probado un par de servicios de streaming (Apple Music y Tidal, concretamente), parece que me he decantado por el que se decanta la mayoría: Spotify Premium. Aunque le veo algunas lagunas (la parte social podría desarrollarse más), me está gustando mucho: buena interfície, gran catálogo, sugerencias interesantes a partir de tus escuchas, conciertos cerca de tu localidad...

Además, como estoy como niño con zapatos nuevos, ya he creado mis 3 primeras listas, que voy a compartir aquí por si alguien les quiere echar una oreja.

  • Blues that Rocks: blues y blues-rock a cargo de leyendas como Gary Moore, B.B. King o Albert Collins, y de adalides del blues contemporáneo como Kenny Wayne Shepherd, Ty Curtis o Laurence Jones, entre otros.

  • Jazz in High Heels: Jazz y blues interpretado por voces femeninas. Norah Jones, Melody Gardot o Natalie Cole se dejan ver por esta playlist. También hay algunos temas de películas donde la cantante en cuestión, ataviada con vestido largo y tacones altos, deja sin respiración al sector masculino del tugurio de turno. Así que aquí están Rita Hayworth en Gilda, Madonna en Dick Tracy, Carey Mulligan en Shame y hasta Jessica Rabbit en Quién engañó a Roger Rabbit.


  • White Trash Blues originals: Los temas originales correspondientes al álbum de versiones White Trash Blues (2017) de The Quireboys, recientemente reseñado en este blog. Temas de Muddy Waters, John Lee Hooker, Freddie King, Jimmy Reed... Las canciones, en el mismo orden que en el disco de versiones.


martes, 3 de octubre de 2017

Vida y obra de Robert Johnson

Acabo de terminar Crossroads: The Life And Afterlife of Blues Legend Robert Johnson (2008), un interesante y serio ensayo sobre la vida del mítico Robert Johnson a cargo del periodista y novelista Tom Graves. Como bien dice el prólogo, probablemente todo lo que puedas saber sobre la vida de uno de los padres del blues está en este libro, ya que pocos son los datos fiables y no contradictorios que existen sobre su figura. Además, el autor cuestiona y desmonta falsas creencias atribuidas al genio, como la más conocida de ellas: que vendió su alma al diablo a cambio de convertirse en un virtuoso de la guitarra. Al parecer, esta leyenda no se atribuía a Robert Johnson sino a otro bluesman, Tommy Johnson, pero algunos imaginativos biógrafos la adoptaron para añadir misterio y dramatismo a sus obras.

Además de relatar lo poco que se sabe sobre su corta vida, el libro también trata otros temas relacionados con el legado de Johnson: cómo su música permaneció olvidada durante décadas; cómo y quién la reivindicó y la hizo popular; dónde aparecieron las dos únicas fotos del músico; la historia del supuesto hijo ilegítimo de Johnson, cuya paternidad confirmó un juez...

En definitiva, un documento esencial, compacto a la par que exhaustivo, sobre uno de los protagonistas más importantes de la Historia de la música.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Discos que no te salvarán la vida X

Últimamente ando la mar de bluesero, tanto en escuchas como en lecturas, así que vamos con unas recomendaciones de buenos discos de blues, para superar la crisis postvacacional y las secuelas mentales que haya podido dejar el jodido Despacito.


White Trash Blues (2017), de The Quireboys. Siguiendo el ejemplo de Aerosmith o The Rolling Stones, los Quireboys ya tienen su disco de versiones de blues. Toma prestado el título de uno de los cortes de su segundo trabajo, y contiene un repertorio poco obvio de temas de algunos de los padres del género. Así que aquí están la trillada Hoochie Coochie Man de Willie Dixon, pero también canciones mucho menos evidentes, como Cross Eyed Cat de Muddy Waters o Leaving Trunk de Taj Mahal. Para las armónicas han fichado a un tal Lee Vernon y, aunque me declaro un fan de este instrumento, he de decir que en mi opinión abusan un poco de él, dando como resultado un estilo más propio de Charlie Musselwhite que de los londinenses. A pesar de ello, un buen álbum, arriesgado y honesto, para homenajear a los a menudo olvidados grandes bluesmen del siglo pasado.

Lay It on Down (2017), de Kenny Wayne Shepherd Band. Si de algo no se puede acusar a Kenny Wayne Shepherd es de estancarse en un único tipo de blues: ha cultivado el blues del Delta, el de Chicago, el de Texas, e incluso el crossover. En esta ocasión nos vuelve a ofrecer una ecléctica colección de canciones, con toques soul, country, hard rock y hasta funky.  Pese a la mezcla, el disco es muy sólido, con temas memorables y prácticamente sin altibajos.  Una curiosidad: para recuperar la “autenticidad” de los sonidos de la vieja escuela, el álbum se grabó en analógico.




We’re All in This Together (2017), de Walter Trout. Precisamente Kenny Wayne Shepherd es protagonista en el tema que abre el último trabajo de Walter Trout. El veterano guitarrista ha parido un disco de duetos fantástico, donde en cada corte colabora la flor y nata del blues actual. John Mayal, Warren Haynes, Robben Ford, Mike Zito y otros tantos se unen a Trout para facturar esta maravilla que es We’re All in This Together, una descarga de blues poderoso con solos electrizantes.

jueves, 14 de septiembre de 2017

500 posts


Y así, como quien no quiere la cosa, y si el señor Google no se ha descontado, éste es ni más ni menos que el post número 500 de Bourbon Street Online.

No soy mucho de dedicatorias, pero creo que la ocasión bien merece una excepción. Así que me gustaría dedicar este post 500 a los artistas que, con su música, dan sentido a este blog, y que hacen del mundo un lugar mejor. Y especialmente, a los que ya no están entre nosotros pero cuyo legado perdura y nos siguen haciendo la vida más agradable, más luminosa, más feliz. Gente como Gary Moore o B.B. King que, a pesar de habernos dejado hace unos años, siguen alegrándome las orejas día sí día también.

Os dejo con Since I Met You Baby, y... ¡venga, a por otros 500!


viernes, 8 de septiembre de 2017

Por qué el pop moderno es tan horrible

A través del Facebook de mi amigo Albert me ha llegado este interesante vídeo/reportaje titulado Why modern pop is so terrible?, a cargo del youtuber Thoughy2. Si tenéis 20 minutos y unos conocimientos medios de inglés, vale muchísimo la pena verlo.



En la primera parte, el presentador defiende la a priori atrevida afirmación que la música de hace 30 ó 40 años es mejor que la actual. Para hacerlo presenta estudios que "miden" la calidad de las canciones (a partir de variedad de ritmos, número de instrumentos, sonidos, músicos que intervienen, etc.) y compara resultados entre diferentes épocas.

En la segunda parte explica por qué ahora se hace una música tan poco variada y, según los parámetros antes mentados, de tan baja calidad (un spoiler: el principal motivo es la pasta, aunque no el único).

Lo dicho: un documento que, más que recomendable, es prácticamente imprescindible.

martes, 8 de agosto de 2017

Mi canción del verano 2017



¡Clic! El ruido de la puerta de la habitación al cerrarse me despierta. Estoy solo. Entre las anticuadas cortinas penetran haces de luz que me hieren los ojos. El zumbido del aparato de aire acondicionado me trepana el cerebro.  Miro el reloj de la mesita: las ocho y media de la mañana. A su lado veo un trozo de papel, y garabateados en él, las letras R’n’R! y un número de teléfono. ¿Cuántas horas he dormido? ¿Tres? ¿Cuatro? Quiero llegar a Amarillo a una hora decente, así que decido ponerme en marcha. Me levanto con dificultad y me arrastro hasta el cuarto de baño, rezando porque la ducha obre el milagro de Lázaro.

Pago al encargado y entro en la cafetería que hay enfrente del motel, al otro lado de la carretera. El café está tan aguado como todos los cafés de América, y el olor a bacon que inunda el local me revuelve el estómago. Mi barriga todavía no está lista para ingerir nada sólido: ya pasaré por algún drive-thru que encuentre de camino. Apuro el café, pido otro para llevar y dejo un billete de cinco dólares sobre la mesa de fórmica.

Son poco más de las diez y el calor ya es intenso, pegajoso. Subo al coche de alquiler, dejo el café sobre el salpicadero y enciendo el aire acondicionado. Voluntarioso, empieza a exhalar aire frío, pero si la mañana avanza como parece, mucho me temo que no será suficiente para conseguir una temperatura digna. Según el mapa, tengo más de 200 millas por delante. La interestatal se pierde más allá del pueblo en una recta infinita. El aire tiembla sobre el asfalto ardiente. Las rancheras pasan a mi lado, los parachoques cromados centelleando, el ruido de los motores cebándose en mi resaca. Me pongo las gafas de sol, conecto el iPod al autorradio, y busco Wild Cat (2017), el último disco de los canadienses Danko Jones. Selecciono la segunda canción, subo el volumen, le doy al intermitente, y pongo la palanca del cambio de marchas en la posición Drive. Va a ser un viaje maravilloso.


Otras canciones de otros veranos:



sábado, 5 de agosto de 2017

Luces y sombras de Sabina

Hace un rato acabo de terminar Sabina. Sol y Sombra (2017), de Julio Valdeón. Un interesante estudio (muy subjetivo y personal) sobre la obra de Joaquín Sabina (más que sobre su vida) escrito partir de entrevistas con sus músicos, amigos, productores, artículos de prensa, programas de TV, documentales... Una crónica muy detallada, que nos permite descubrir a los fans del ubentense docenas de obras (libros, canciones inéditas, colaboraciones, temas de bandas sonoras...) más allá de los discos oficiales.

Gracias a YouTube, Spotity, etc. podemos completar la lectura repasando su discografía y buscando las rarezas de las que hablan las más de 500 páginas de esta magna obra, además de recuperar algunas de sus apariciones en televisión, conciertos, documentales sobre su figura, etc. que menciona el autor y en los que se ha basado para escribir esta curiosa biografía.

Sólo para sabineros, eso sí.

viernes, 21 de julio de 2017

All Things Must Pass

"En 1999, Tower Records tenía ventas de más de mil millones de dólares. Cinco años más tarde, se declaraban en bancarrota". Así empieza All Things Must Pass (2015), la película documental sobre la fundación, auge, expansión y ocaso de la que fue la mayor cadena de tiendas de discos del mundo. Un interesantísmo documento sobre la época dorada de la venta de música en soporte físico, y su lamentable fin. Los milenials nunca lo entenderán, pero el ir a una tienda a ojear vinilos y/o compactos, rebuscar entre cientos de discos, encontrar una o varias joyitas, ir volando a casa para escucharlas, quitar con ansia el plástico envolvente, y ponerlos en el equipo de música, eran unos placeres inigualables. Así que la peli no va sólo sobre el cierre de Tower Records, sino sobre el final de una era para los melómanos.

Además de entrevistas a Russ Solomon, fundador de la compañía, y a varios de sus directivos y trabajadores, también hay intervenciones de habituales ilustres de Tower Records, como Bruce Springsteen, Elton John o Dave Grohl. Los motivos de porqué la industria del disco fue tan espléndida, y porqué acabó pereciendo (no sólo a causa de la piratería) dan para varias reflexiones y conversaciones acodado en la barra de un bar. Y por supuesto, el documental está repleto de momentos emotivos para los viejunos como el abajo firmante.

100% recomendable, pues, si tu colección de discos o CDs ocupaba varios estantes de las estanterías de tu casa (y ahora duerme el sueño de los justos en el altillo o el sótano).

jueves, 13 de julio de 2017

The Vegabonds en La Traviesa

Bluesgrass Bar La Traviesa (Torredembarra, Tarragona), domingo, 9 de julio de 2017. Otro domingo travieso, acompañado de amigos y respectivos vástagos, en esta ocasión para disfrutar de The Vegabonds. Conocía a esta banda de Nashville por sus dos últimos discos, de un southern agradable y sin estridencias. Y a las 20.30, puntualísimos y todavía con la luz del día, así empezó el concierto: con canciones tranquilas, sonoridades amables, temas de pop-rock sureño sin sobresaltos ni aristas.
 
Pero, ¡ay, señores!, la cosa no iba a quedarse en eso. Los ritmos y la graduación fueron aumentando con el devenir del bolo, y con las primeras sombras el sonido se fue animando, creciendo, y el grupo metiéndose al respetable en el bolsillo. Ayudaron algunas versiones (Tom Petty, Allman Brothers, los Stones...) pero, sobre todo, un buen repertorio y una factura impecable. Los Vegabonds no son los tíos más habladores del mundo, pero su fe en su música y su discografía suple con creces esta carencia: no se limitan a alargar los temas innecesariamente, si no que van encadenando canción tras canción, tocadas con entrega y pasión, ya que se nota que creen en ellas y las disfrutan. 
 
 
Al cabo de 2 horas de goce y música ininterrumpida, tuvimos que retirarnos, ya que los peques daban muestras de cansancio y al día siguiente tocaba madrugar. Una lástima, porque al parecer (por el setlist pegado a uno de los altavoces y por los rumores de que tocarían hasta las 23.00) todavía hubo media hora de bolo, que tal como estaba la banda y el público, debieron ser memorables. Así que quedamos contentos, y con ganas de volver a ver a estos hillbillies si vuelven a dejarse caer por aquí.
 
 



PD: Todas estas fotos tan chulas son obra y cortesía de David.

lunes, 26 de junio de 2017

Domingos traviesos

El pasado fin de semana se inauguraba la temporada de conciertos estivales del bluegrass bar La Traviesa de Torredembarra (Tarragona). Para quien no lo conozca y vaya a estar cerca este verano, que sepa que es un lugar emblemático, con casi 40 años de historia, de obligado peregrinaje para los amantes de la música de los 70 en particular, y del rock'n'roll en general.
La temporada la abrió el sábado un grupo de Reus, pero nosotros nos dejamos caer por allí ayer domingo para disfrutar de The Mothercrow: un voluntarioso grupo de Barcelona, todavía sin disco en el mercado, que ofrece un rock setentero atiborrado de influencias más que evidentes (Led Zep, Hendrix, The Doors...) pero con temas interesantes y la mar de potentes.



Así que buena música, buena compañía, y un escenario de lujo para el que, espero, sea el primero de unos cuantos domingos traviesos en este tórrido verano recién estrenado. Y de aquí 15 días, si todo va bien, The Vegabonds.

jueves, 15 de junio de 2017

Discos que no te salvarán la vida IX

Vamos con una ecléctica selección de discos que me están alegrando estas tórridas tardes preestivales..

Tajmo (2017), de Taj Mahal & Keb' Mo': No todos los días dos de tus bluesmen preferidos aunan esfuerzos para sacar un disco conjunto. A sus 75 años, Taj Mahal sigue en un estado de forma envidiable, tanto a la voz como a la guitarra, y su discípulo Kevin Moore no le va a la zaga. Así que toca disfrutar de este Tajmo, una buena colección de blues, soul y funk. Temas amables, luminosos, que te dibujan una sonrisa en los labios, y entre ellos, algunas versiones de lo más sorprendente, como el Squeeze Box de The Who o el Waiting on The World to Change de John Mayer, de la que curiosamente hablamos en los albores de este blog, hace más de una década.


Love and War (2017), de Brad Paisley: Tras el fracaso de su arriesgado Wheelhouse (2013) -comprensible, ya que a pesar de la valentía, el resultado no estaba a la altura de las buenas intenciones-, Brad Paisley regresó a su zona de confort, y ahí sigue. Pocas sorpresas, pues, en el sonido (el country accesible de su anterior trabajo, Moonshine in the Trunk (2014)) y en las letras (el paso de la juventud a la madurez, la familia, la vida sencilla...) de este Love and War. Así que se echan de menos los instrumentales poderosos, los riffs afilados y la frescura de antaño. Pero el toque de guitarra de Paisley siempre es una gozada, y si afinamos el oído es fácil disfrutar del feeling y la maestría del cowboy del sombrero blanco entre melodías desgraciadamente previsibles. Además, el álbum nos sorprende con dos colaboraciones de lujo: Mick Jagger en Drive of Shame y John Fogerty en el tema que le da título.



Windy City (2017), de Alison Krauss: La última recomendación viene de la mano de la siempre efectiva Alison Krauss, que en esta ocasión ha "aparcado" a su grupo habitual, Union Station, para ofrecernos el disco más country y menos bluegrass de su carrera. Como siempre, la señorita Krauss emociona gracias a esa voz privilegiada que le dieron los dioses, como queda patente de buen comienzo en las primeras estrofas de la balada que abre el disco, Losing You. También hay canciones más movidas, como la It's Goodbye And So Long to You que sigue, con un aire entre rockabilly y honky tonk. Pero en general, los derroteros de este Windy City son los temas lentos, melancólicos, estremecedores como el que da título al álbum... La música ideal para degustar en el porche de una casa de Louisiana, sentado en una vieja mecedora y con un vaso de jugo de zarzaparrilla en la mano, sea lo que sea eso de la "zarzaparilla".

domingo, 28 de mayo de 2017

In Memory of... Gregg Allman

 
2017: un año fatídico para los fans de The Allman Brothers Band. El pasado 24 de enero fallecía, a los 69 años, Butch Trucks, uno de sus miembros fundadores. Al parecer, Trucks se pegó un tiro delante de la que era su mujer desde hacía 40 años, Melinda Trucks. Algo que me parece sorprendente, ya que el tío de Derek Trucks siempre me pareció uno de los brothers más sensatos y menos inestables, a tenor de lo que leí en la biografía One Way Out: The Inside History of the Allman Brothers Band (2014).


Y justo ayer, Gregg Allman, otro de los fundadores del grupo, y uno de los que le dio el nombre junto con su hermano Duane, moría en su casa de Savannah (estado de Georgia, EEUU), también a los 69 años. En este caso, la delicada salud del pequeño de los Allman -que había sufrido hepatitis C, cáncer de higado y una infección respiratoria que derivó en una operación de pulmón, además de varias adicciones- dijo basta y se llevó por delante a uno de los mitos del blues rock de todos los tiempos. Tras de sí deja el maravilloso legado discográfico de The Allman Brothers Band tras 45 años de carrera; unos discos en solitario más que dignos, entre ellos el fantástico Low Country Blues (2011) producido por T Bone Burnett; y unas memorias, My Cross to Bear (2012) que ardo en deseos de leer.

Hoy, miles de Melissas están de luto. Gregory Lenoir Allman, descansa en paz.





jueves, 18 de mayo de 2017

Parecidos razonables IV

Vale que los nórdicos no son los tíos más creativos del mundo, pero... ¿de verdad que el diseñador gráfico de la portada del segundo álbum de los suecos Adrenaline Rush no podía haber tirado un poco de imaginación? ¿O era necesario "inspirarse" tanto en la portada del primer disco de la banda?


Adrenaline Rush (2014)

Soul Survivor (2017)

De acuerdo con que la moza está de muy buen ver, y algún publicista habrá decidido que tiene que ser la imagen del grupo. Pero, hombre, no sé, ponla de pie, o en otra pose, o acompañada de los músicos... Y además, chica, ¿no tienes otra mirada que la de soslayo?

Otros parecidos razonables:
- Oli Brown y Jonny Lang
- Seesaw y Live at the Regal 
- Oscar Isaac y David Verdaguer


miércoles, 3 de mayo de 2017

Wyoming & Los Insolventes en la Sala Zero

Sala Zero (Tarragona), sábado, 22 de abril de 2017. Es curioso esto de la fama mediática. Pon a un grupo de versiones en la sala Zero un sábado por la noche y no congregas más que a un par de docenas de asistentes. Pon al mismo grupo con El Gran Wyoming al frente, y tienes a casi 400 personas abarrotando el local. Así que llenazo total para ver a Wyoming & Los Insolventes, y por tanto, para disfrutar de un repertorio de lo más ecléctico: empezaron con Bienvenidos de Miguel Ríos (con lo cual ya me tenían ganado desde el primer tema) y terminaron con Radio Kill the Radio Star. Toma variedad.


La banda, haciendo caso omiso a su nombre, muy solvente, y con momentos realmente destacables. Pero el auténtico protagonista de la velada, por supuesto, es el personaje que los apadrina: además de cantar y tocar realmente bien, Wyoming es el frontman perfecto: simpático, entregado, cómplice con sus compañeros... y con sus característicos humor y verborrea con los que se mete al respetable en el bolsillo desde el minuto uno. Y el recital de canciones, como ya he dicho, de lo más variopinto, siguiendo un orden más o menos cronológico que pretendía dar una pincelada sobre lo que ha sido hasta la fecha la historia del rock'n'roll, y con explicaciones tan interesantes como jocosas por parte del mediático showman. Así que sonaron Chuck Berry, The Beatles, The Four Tops, Buddy Holly, David Bowie, Johnny Winter, Rory Gallager, Frank Zappa... y también algunos de los más representativos del rock estatal de todas las épocas: Los Salvajes, Los Bravos, Rosendo, Obús, Siniestro Total...

Y para acabar, después de dos horas de disfrute musical y carcajadas, los bises: ni más ni menos que Jesucristo García, que incendió la Sala Zero, Maneras de vivir, la Lola de los Kinks, y la mentada Video Killed the Radio Star que cerró el espectáculo.

En definitiva, lo que vendría a ser la verbena soñada por cualquier amante del rock'n'roll: gran selección de canciones de todos los tiempos, una banda muy acertada, y el mejor maestro de ceremonias posible.






viernes, 21 de abril de 2017

Aurora & The Betrayers en la Sala Zero


Sala Zero (Tarragona), sábado, 8 de abril de 2017. Llegué al concierto de Aurora & The Betrayers con nulas expectativas: había dado tres o cuatro escuchas a su segundo y último disco, Vudú (2017), pero no me acababa de convencer. Soul-rock con buenas intenciones, pero que no me transmitía demasiado. Pero, ay, amigos, ¡los mismos temas en directo son otra cosa! Las primeras pistas las dieron el escenario, a rebosar de instrumentos (entre ellos, 4 teclados) y las pintas setenteras de los 6 músicos que lo coparon, que parecían salidos de las primeras portadas de Lynyrd Skynyrd. Y entonces apareció Aurora, un pedazo de mujer, enfundada en negro y con un torrente de voz que sacudió la Sala Zero hasta los cimientos.

Definitivamente, Aurora & The Betrayers es un grupazo que hay que disfrutar en vivo. Se nota que los músicos están bragados en mil batallas de la escena musical madrileña (especial mención al batería, que lleva el peso de la sección rítmica con una energía desbordante). Las ambientaciones creadas con órganos suenan de maravilla, rememorando la sicodelia de los 70. Los arreglos de vientos son tan ricos como oportunos. Guitarra y bajo aportan el toque funk a la mezcolanza de estilos. Y Aurora, poderosa Afrodita, es la líder perfecta de esta bestia de siete cabezas, con una actitud desenvuelta a la par que chulesca (en el sentido "rockero" de la palabra), y con esa garganta prodigiosa que le han otorgado los dioses. Así que, casi dos horas de subidón y soul setentero, y una velada que me dejó encandilado y, efectos colaterales de colocarse en las primeras filas, con las canciones de Aurora & The Betrayers resonando en mi cabeza todo el domingo.

Por cierto, fantástico también el público, muy entregado a la causa, y que mereció los elogios de Aurora y los aplausos de toda la banda. Y felicitaciones de mi parte al sector femenino, que no paró de bailar y corear los temas: hay que reconocer que, en los conciertos de blues-rock, donde el 90% de los asistentes somos hombres, cuesta más animar el sarao. Pero así de burros somos los tíos, que nos parece que queda de poco macho entregarse a la música.

lunes, 10 de abril de 2017

Dani Flaco en Les Golfes Club


Les Golfes Club (Tarragona), viernes, 7 de abril de 2017. Como prólogo de la crónica, una de cal y una de arena. La de arena: el cachondeo de los horarios. En el cartel "oficial" indicaba que el concierto empezaba a las 21.30. En la web donde se compraban las entradas, que la apertura de puertas era a las 22.00. E incluso en una  agenda de eventos estaba programado para las 22.30. Lo cierto es que el bolo empezó a las 21.35, y durante la primera media hora hubo un goteo de asistentes que entraban con cara de joder, ¿ya ha empezado?.

La de cal: lo fantásticamente bien que suena la música en directo en Les Golfes Club. El cierre de La Vaquería, hace casi 3 años, había dejado huérfana la noche tarraconense de canción de autor en directo. Así que esperemos que esta sala tome el relevo, porque es ideal para conciertos de pequeño formato.

Dani Flaco llegó para presentar su último trabajo, Verbenas y fiestas menores (2017), acompañado a las teclas por un tal David Sam, que bordó su papel, tanto en las canciones más melódicas como en las más honky tonk. Dani dividió el espectáculo en dos partes: la primera, con los cortes más lentos del repertorio: A ras del suelo, Versos y madera, Fiesta menor... Menos mal que el de Bellvitge va intercalando bromas y chistes, porque si no media sala se le suicida con tanta letra de sufrimiento y desamor. Luego, David Sam se quedó a solas e interpretó un tema propio del que será su primer disco. Y a partir de ahí, canciones más movidas, aunque con historias a menudo igual de hirientes: Llegó la primavera, La niña de los ojos de papá, La última vez... Pero a los conciertos de Dani Flaco se viene a eso, a sufrir, a emocionarse, a estremecerse... aunque también a reír y a corear canciones como la que cerró la noche, la ranchera Versión original. Una velada intensa y demasiado corta, ya que el tiempo apremiaba por una maldita sesión de DJs que había programada justo después, y que obligó a Dani, para desencanto de los presentes, a saltarse algunos de los temas previstos.

Esperemos que Les Golfes siga apostando por este tipo de eventos, porque aunque no gozan, por desgracia, de una afluencia masiva de público (desconozco si la sesión de DJs congregó más gente), sí tienen un buen puñado de parroquianos que nunca fallan.

miércoles, 5 de abril de 2017

The Brew en la Sala Zero

Sala Zero (Tarragona), viernes, 31 de marzo de 2017. Quinta vez (creo) que The Brew visita el Camp de Tarragona, y tercera que David, cofundador de este blog, y el que suscribe, vamos a verlos. He de reconocer que sus trabajos en estudio no son mis discos de cabecera: de hecho, me cuesta escuchar cualquiera de ellos del tirón, me saturo a las pocas canciones. Pero disfrutarlos en directo es una apuesta segura, y en esta tercera ocasión tampoco me defraudaron.

Vale que el espectáculo es el de siempre: mucho virtuosismo, muchos decibelios, los trucos de Jason (la guitarra sobre la cabeza, tocar con arco de violín...), el inefable solo de batería de Kurtis, la actitud de papá Tim... Pero siguen siendo tan enérgicos y entregados que se les perdona la repetición, y es imposible (si vas predispuesto, claro) no quedar apabullado por su propuesta: casi dos horas de técnica y tralla blues-rock. En esta ocasión, además, con sorpresa: versión de Break on Through de los Doors que, por supuesto, sonó impresionante.



Buena noche pues, con los amigos de The Brew. La escena concertil tarraconense está mejorando, pero tampoco es para echar cohetes, así que mientras los británicos sigan dejándose caer por estos aledaños, tienen asegurada la fidelidad de un público considerable. En el que me incluyo, claro.



miércoles, 22 de marzo de 2017

Popa Chubby en la Sala Zero


Sala Zero (Tarragona), domingo, 12 de marzo de 2017. ¿Cómo, o mejor dicho, por qué pasó a engrosar mi discoteca el CD How’d a White Boy Get The Blues (2001), de Popa Chubby? Cuando lo compré no existía Youtube, ni Spotify, y las emisoras de radio que se pillaban por mi zona raramente programaban blues-rock (por desgracia, eso no ha cambiado demasiado a fecha de hoy). O sea, que dudo mucho que escuchara ninguna canción suya en ninguna parte. Pero aun así me hice con él, y me encantó.

Así que, 16 años después, aluciné cuando David me dijo que el neoyorkino tocaba ni más ni menos que en Tarragona. Por supuesto, no nos íbamos a perder la cita, así que allí nos plantamos, un domingo, a las ocho de la tarde. Mucho me temía que seríamos cuatro los gatos que asistiríamos al concierto. Pero no: la afluencia de público, sin ser un exitazo, fue más que digna. Y lo mejor: todos los asistentes nos entregamos al bluesman desde el primer minuto.

No sé cuánto pesa Poppa Chubby, pero no debe faltar demasiado para los 200 kilos. Así que camina lento, inseguro, esquivando cables y pedaleras para estrechar las manos de los asistentes de las primeras filas. Pero cuando toma asiento y ataca con su Stratocaster desconchada, no hay quien le pare. Empieza con un instrumental poderoso, con un sonido que recuerda a George Thorogood. Pero no solo el blues-rock domina el americano. Como él comenta con acento yanqui pero la mar de entendible, ama el blues, el rock’n’roll, el jazz, el heavy metal…  y da fe de ello tocando con maestría todos los palos. Sus dedos rollizos se deslizan a velocidad de vértigo, su simpatía y autenticidad conquistan al más receloso, y la Sala Zero se incendia. La banda, bajo y batería, muy bien también, y aunque Chubby no hace más que tirarles piropos, en ningún momento eclipsan al protagonista.

Su repertorio de temas propios lo complementan algunas versiones tan curiosas como emocionantes, como el Hallelujah de Cohen o una reinterpretación instrumental del Over The Rainbow de Judy Garland. Al rato, Chubby decide dar un descanso a la Strato. Abandona su taburete, se sienta en una segunda batería que hay en el escenario (supongo que de los teloneros, aunque quizás era parte del equipo del americano), y se enzarza en un brutal duelo con el bataca oficial. Y se revela que Popa, además de un virtuoso de la guitarra, también lo es de las baquetas.

Tras casi diez minutos de gloria aporreando timbales y platos, el bluesman vuelve a la guitarra para seguir deleitando al personal. Las canciones se suceden, el tiempo vuela, y caen los últimos temas y la última versión de la noche, la irresistible Hideaway de Freddie King. En total, una hora y media orgásmica… y con un pequeño coitus interruptus.  Tras despedirse del respetable y abandonar el escenario, todos esperábamos unos bises para redondear el concierto. Pero mover 200 kilos no debe ser tarea fácil, y la noche anterior el americano había tocado en alguna ciudad de Alemania, así que había sido una larga jornada para Popa. O sea, que no volvió, y todos nos quedamos con ganas de más. Se le perdona, ya que la velada había sido fantástica, y sin duda será  para mí uno de los conciertos del año.