martes, 15 de abril de 2014
viernes, 21 de enero de 2011
Treme, Nueva Orleans y el levantarse una vez más
Es Treme una serie diferente, de aquellas que no impactan a primera vista, como los discos realmente buenos, aquellos que necesitan de múltiples degustaciones a consciencia para apreciar toda su riqueza. Pero que luego recompensan con su profundidad, con su tempo especial, con sus detalles, con su originalidad, a los que han hecho el "esfuerzo" de tener paciencia y no buscar la satisfacción inmediata.
Escribo sobre ella precipitadamente, porque tan sólo he visto los dos primeros capítulos, pero creo que disfrutaré de los 8 restantes que conforman la primera temporada, y creo que no me reprochareis que os la recomiende.
La serie forma parte a mi entender de esa hornada de producciones que, de un tiempo a esta parte, se crean con esa calidad que te impide distinguir cada capítulo de una buena película, especialmente en lo tocante a los guiones, a la fotografía, los diálogos y el ambiente.
Y Treme es además especial porque narra el día a día de un conjunto de personas, la mayoría músicos pero no todos, tratando de reconstruir su vida en un Nueva Orleans recientemente arrasado por el Katrina. Por supuesto, la música es una banda sonora constante en toda la vida de NOLA, algo que me hace envidiarlos sobremanera (es el único aspecto que les envidio, porque su situación no es para tirar cohetes precisamente). Pero te das cuenta de como nacen, viven y mueren (en los entierros musicales en que la banda acompaña el féretro desde casa al cementerio, tocando) rodeados de música. La música es cultura en estado puro que permea en sus almas de una manera que pocos pueblos respiran, pero es también trabajo, consuelo, culpa y redención. La música ES Nueva Orleans.
Por si fuera poco, los capítulos están trufados de apariciones de músicos reales, que hacen de ellos mismos, como Elvis Costello, Allen Toussaint, Kermit Ruffins (que descubrimos gracias a nuestro añorado Manolo), Trombone Shorty (que tiene un disco más que interesante que saqué de los Editor's Picks de Allmusic), y muchísimos otros.
Después de verla, he vuelto a buscar y administrarme con una sonrisa en los labios esta maravilla de los también autóctonos Dirty Dozen Brass Band, el Funeral for a Friend, que comentábamos hace tiempo.Pocas series tienen tanta música en su ADN, música de la buena. Espero que la disfruteis tanto como yo.
Nos vemos las calvas.
viernes, 26 de noviembre de 2010
Breaking Bad y The Silver Seas
Veo poco la tele. Y lo echo de menos. Echo de menos esa sensación de tranquilidad, ese sentarse después de un día caótico (¿qué días no lo son en estos tiempos?), ese abandonarse en el sofá para poner la mente en modo automático, y disfrutar de no hacer nada.
La realidad es que ver la tele no es no hacer nada. No hacer nada es no hacer nada. Nada en absoluto. Si se está uno quieto, sin hacer nada, pero nada de nada, durante un rato, pueden pasar dos cosas: aparecerá una calma maravillosa, amplia, que nos hará desear volver a ese espacio interior recién descubierto más a menudo; o por lo contrario, nos podremos como un flan y tendremos que hacer algo para relajarnos, como ver la tele. Pero es este otro tema, que ya me voy....
Últimamente sigo sin ver la tele, pero en cambio cada noche hemos podido Almond y yo robar un ratito al reloj para usarla como pantalla, y regalarnos cada día un capítulo de una serie que, recomendad por mi hermano, empezó despertando nuestra curiosidad y a la que hemos acabado enganchadísimos, Breaking Bad.

Breaking Bad cuenta la historia de Walter White, un profesor de química en el instituto, al que se le diagnostica un cáncer de pulmón, justo cuando está a punto de sufrir el peor caso de crisis de mediana edad que la historia haya podido conocer jamás. Decide entonces usar sus conocimientos de química para dedicarse a la fabricación de metanfetamina, para así hacer el dinero suficiente para pagarse el tratamiento. En esta carrera criminal de pacotilla cuenta con la inestimable aportación de un ex-alumno suyo, Jesse Pinkman, que lo ayuda no solo en la estrategia de comercialización, sino en meterse en todo tipo de líos y situaciones extremas.

Un reparto formidable (los actores no es que sean conocidos, es que son buenísimos), un guión curradísimo que trabaja la tensión de manera magistral, unas pequeñas pinceladas de ciencia y un halo de surrealismo permanente han conseguido que, después de haber visto las 3 primeras temporadas de un tirón, estemos en ascuas esperando la cuarta, que se anunció para febrero del 2011, y que lamentablemente ha sido retrasada hasta julio. Cada capítulo tiene un presupuesto de 3 millones de dolares, ahí es nada, pero la verdad es que se nota la calidad en cada minuto.
Mención especial la merece la música, excelentemente escogida, y no siempre evidente o de grupos archiconocidos (problema que para mi tienen otras producciones, que son muy previsibles en este sentido).
En un capítulo de la primera temporada, empezó a sonar en la escena final un tema maravilloso, pero completamente desconocido para mi. Arranqué Shazam en el iphone, porque necesitaba saber qué era aquello. Segundos más tarde tenía mi respuesta: Catch Yer Own Train, de The Silver Seas [spotify link].

Thanks to Spotify, al día siguiente ya estaba disfrutando del disco entero, High Society [spotify link] muy recomendable. Se trata de un pop setentero de mucha calidad (algunos le llamaran rock, pero esto a mi me parece pop). No están en la misma liga ni se parecen excesivamente, pero las melodías vocales en ocasiones me recuerdan a Crosby, Stills, Nash and Young y su inspirado Déjà Vu.
The Silver Seas son un quinteto de Nashville, y parece ser que este High Society es una de aquellas joyas que pasaron desapercibidas cuando fué publicado, en el 2007. Inexplicable conteniendo temas como el ya mencionado Catch Yer Own Train, High Society y Country Life, que abre el disco como clarísima declaración de intenciones. Acaban de publicar Chateau Revenge!, nuevo disco para este 2010, y alegría para un servidor, que ya tiene banda sonora para la semana que viene.
Si no los conocíais, ya tardáis: Breaking Bad y The Silver Seas, no os arrepentiréis.
Nos vemos las calvas.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Se llamaba Earl
Acabo de terminar el último capítulo de la 4ª temporada de Me llamo Earl, y el sabor de boca que me ha dejado no ha podido ser mejor. Aunque las 2 primeras seasons fueron muy buenas, la 3º decayó bastante, y había decidido no empezar la 4ª. Pero un amigo me la recomendó encarecidamente, asegurándome que había vuelto a los niveles de sus comienzos, y... ¡vaya si lo ha hecho! Las surrealistas aventuras de Earl, su lista y su peculiar concepción del karma han vuelto a seducirme y a hacerme soltar unas buenas carcajadas en el sofá de casa, gracias en gran parte a la troupe que le acompaña: el buenazo a la vez que cabronazo Randy, la espectacular Catalina, el misterioso hombre-cangrejo, la destroyer Joy (mi preferida), y en general toda la fauna de Camden.
La mala noticia es que, según he leído por ahí, ésta ha sido la última temporada de la sitcom. La cadena de televisión NBC decidió, a finales del año pasado, cancelarla, y parece poco probable que la vayan a resucitar, pese a los esfuerzos de su productor ejecutivo Greg García por encontrar otra cadena que la quiera continuar. Una lástima, porqué voy a echar de menos al personaje interpretado por Jason Lee y a todos los freakies del parque de caravanas y aledaños. Y además, ¿en qué otra serie suenan como banda sonora Lynyrd Skynyrd, AC/DC, Mötley Crüe o George Thorogood? Lo dicho, una lagrimita por Earl y los suyos...
sábado, 27 de marzo de 2010
Chicas o trajes
Como conocí a vuestra madre, temporada 5 capítulo 12: Girls vs. Suits. Barney, el ligón del grupo y amante de los trajes a medida, seduce a la espectacular camarera del McLaren's Pub. Ella le había explicado que su anterior novio trabajaba en Wall Street, y si había algo que ahora no podía soportar en un hombre era que llevara traje. Una vez en casa de Barney (vestido con camiseta y tejanos para la ocasión), la chica abre por error el armario ropero, y le obliga a escoger: o ella, o los trajes...
domingo, 3 de mayo de 2009
Meat Loaf en House
Hace unos días vi el capítulo 20 de la 5ª temporada de House (Simple Explanation), y me sorprendió encontrarme con el gran Meat Loaf. Hace años que no le veía en ninguna serie o película, y el último disco suyo que escuché fue el Couldn't Have Said It Better (2003): un álbum bastante bueno, aunque a años luz del mítico Bat Out of Hell (1977) o de su digno sucesor, Bat Out of Hell II: Back into Hell (1993). Al parecer, en 2006 publicó una tercera parte de la saga, pero ya sin el beneplácito y colaboración de Jim Steinman (coartífice de los dos primeros Bats), y según he leído por ahí, el disco es bastante terrible.
En el capítulo (en el cual, por cierto, los guionistas se deshacen de Kutner, uno de los ayudantes de House, ya que el actor que le daba vida dejó la serie para formar parte del equipo de Obama), Meat Loaf hace el papel de un paciente con una enfermedad cardíaca que le hace agonizar. Y hay que reconocer que el actor/músico borda la actuación.
Y una curiosidad más: según leo en The Deadbolt, durante el rodaje, Marvin Lee Aday (que ése es el verdadero nombre de Meat Loaf) escuchó a Hugh Laurie (el actor que encarna al doctor House) tocar el piano, y quedó prendado de su feeling y su virtuosismo. Tanto que le propuso participar en su próximo disco.
Y Laurie aceptó.
martes, 4 de noviembre de 2008
Volando bajo
Hace unos días terminé la primera temporada de The Flight of the Conchords, la serie de la HBO que encarecidamente me recomendó mi primo, y de la que ya habló en un post de su blog Videa Bien. Como el post en cuestión ya es suficientemente elaborado y descriptivo, sólo comentaré algunas cosillas sobre la serie.Flight of the Conchords es un grupo neozelandés formado por Bret y Jemaine, los 2 músicos más sosos de la Tierra. Tienen el manager más lamentable que uno pueda imaginar (Murray). Su club de fans está formado por una única miembro (Mel). Se mudaron a Nueva York para convertirse en estrellas del rock. Y sus intentos de triunfar en el mundo de la música se cuentan por fracasos. La serie es muy freaky (¿Más que The IT Crowd? ¡Sí!. ¿Más que The Big Bang Theory? ¡Sí!), con un humor muy particular, rozando el absurdo. ¿Un ejemplo? Transcribo aquí un extracto de un diálogo del capítulo 4:
Murray: Bien, amigos, es hora de la gira de edificios interesantes. Esta semana son las pérgolas.
Jemaine: Debería llamarse la "gira de edificios aburridos".
Murray: ¿Por qué?
Jemaine: Por que es aburrido.
Murray: No es aburrido. Se habla mucho de ello. Todos hablan de estas giras.
Jemaine: ¿Quién habla de ello?
Murray: Bret, tú hablabas de ello la semana pasada.
Bret: Decía que era aburrido.
Murray: ¿Ah, sí? Bueno, da igual, hablabas de ello.
Más que volar, los Conchords se arrastran por la Gran Manzana, mostrando una simpleza desesperante y encadenando calamidad tras calamidad. Y he de decir que los actores que interpretan al grupo neozelandés y al manager son tan increíblemente buenos que cada capítulo deja, junto con una buena dosis de carcajadas, un cierto poso de tristeza.
Sea como fuere, la serie es fantástica, con divertidísimos vídeos musicales intercalados a cargo de los Conchords, y con una originalidad que la aleja de cualquier otro producto conocido. 100% recomendable.
lunes, 25 de agosto de 2008
Eli Stone
Una buena noticia y una mala para los aficionados a las series y/o a la música.
La buena noticia es que este miércoles, 27 de agosto, Antena 3 estrena Eli Stone. David me recomendó esta serie hace unos meses, y me enganchó tanto que vi la primera temporada (en VOSE) de un tirón. Eli Stone es un abogado de un importante bufete especializado en defender grandes compañías, y que por una razón que no desvelaré, empieza a tener alucinaciones. La primera: mientras hace el amor con su novia escucha una canción de George Michael. Se dirige al comedor, y encuentra al excomponente de Wham! cantando sobre la mesa de centro. A partir de ahí, Eli tiene que ponerse del lado de los desfavorecidos (y por tanto en contra de las grandes empresas que pagan sus trajes de Armani) para que las visiones desaparezcan.
Cada capítulo lleva por título el de un tema de George Michael, en muchos de ellos hay pequeñas pero fantásticas actuaciones musicales (a menudo en forma de coro de gospel) y cada caso plantea un interesante conflicto ético y legal que la justicia trata de resolver. Todo aderezado con diálogos bien elaborados, buenas interpretaciones de los protagonistas y secundarios, e incluso efectos especiales muy dignos. Así que aquí va esta recomendación, un estreno que no deberíais perderos. Y hasta aquí, la buena noticia.
La mala noticia es que emitirán Eli Stone pasadas las 12 de la noche. En fin...
domingo, 2 de marzo de 2008
Sintonías
Como le está pasando a mucha gente, últimamente veo más series que cine. En estos momentos estoy siguiendo un par que, casualmente, tienen un planteamiento casi idéntico: editor/escritor madurito, divorciado, con hijo/a adolescente, todavía enamorado de su ex-mujer, la cual está a punto de contraer segundas nupcias, y a la que intenta recuperar a toda costa (eso sí, mientras se dedica a tan loable empresa se va tirando a todo lo que se menea). La del editor es Sigue soñando (Dream On), que emitieron en Canal + a mediados de los 90, y la del escritor es Californication (que no sé donde la emiten porqué se la encargo a la mula electrónica, que me la trae ipso facto y sin anuncios, la muy bendita).
He de decir que estoy disfrutando ambas, pero veo un defecto en Californication en comparación con Sigue soñando: la sintonía del inicio. Mientras que la serie de los 90 empezaba con un tema de jazz fantástico (no sé si es swing, be bop, free jazz o whatthefuck), Californication se inicia con una insulsa música electrónica (que ni sé ni quiero saber etiquetar). Pero lo peor es que esta tónica es bastante habitual: grandes series actuales, como House, Heroes, Perdidos o Me llamo Earl (que goza de una destacable BSO, por cierto) tienen unas sintonías de lo más aburridas y fácilmente "olvidables". Y, llamadme sentimental, pero no puedo dejar de añorar los grandes temas que abrían las producciones de antaño, y que han quedado grabados en la memoria de todos los que las gozamos. ¿O hay alguien que no recuerde con que música empezaban La Familia Adams, Superagente 86, Doctor en Alaska o Friends?
Por otro lado, no puedo sino romper una lanza a favor de las excelentes series que se están produciendo estos últimos años, rompedoras e irreverentes. Pero, ¿tanto costaría ponerles una sintonía acorde con su calidad?
PD: Os dejo la sintonía de Sigue soñando, a ver qué os parece (maestra, por favor, ilumíname y dime qué estilo de jazz es éste).