domingo, 5 de julio de 2020

Ter, el trap y la iconografía católica

Como diría ella, estoy que lo flipas y totalmente in love con esta youtuber que descubrí hace escasos días. Se llama (o se hace llamar) Ter, es arquitecta y trata de manera fresca y superdidáctica temas de lo más variopinto. Como ejemplo, el vídeo que cuelgo abajo, sobre qué tiene que ver el trap con la iconografía católica, que es una pasada y además me ha hecho entender qué pintaba un nazareno en monopatín en el vídeoclip del megahit de Rosalía Malamente.


Otras maravillas de esta chica de pelo azul son el vídeo donde explica por qué no se cayó Notre-Dame, y el vídeo en el que cierra la boca a los haters que se encarnizaron con el cambio de logo de Correos, aunque animo a adentrarse en su canal y que cada uno encuentre sus propias joyas.

¿Pero por qué no tuve yo en el instituto a profes que contaran las cosas como las cuenta Ter?

martes, 30 de junio de 2020

La furia y los colores

El año pasado El Gran Wyoming publicó La furia y los colores (2019), lo que vendría a ser el segundo tomo de sus memorias. Esta entrega abarca sus años de adolescencia y juventud: la universidad, el servicio militar, su militancia política, y por supuesto sus inicios en el mundo de la música y el espectáculo: primero como cantante del grupo Paracelso, y luego con el dúo que formaba con su amigo El Maestro Reverendo.

Por supuesto, el libro está aderezado con las inevitables y a la vez necesarias críticas al franquismo y a sus herederos, esa águila convertida en gaviota que revolotea por las Españas envuelta en la obligada bandera rojigualda. Y también contiene interesantes reflexiones sobre la movida madrileña y el rock urbano que surgieron en los años que comprende el libro, y también sobre la música en general, con filosofadas como ésta:

La música tiene dos cualidades que te mantienen vivo. En primer lugar la capacidad de aprendizaje es infinita, tanto en el estudio como en la interpretación. Por más que sepas y superes etapas, siempre estás en la base de algo (...), y el hecho de estar constantemente empezando te lleva al segundo factor: si te metes en la música no abandonas nunca la infancia. Estás siempre en contacto con el que fuiste, con el que puso el primer acorde, con el que descubrió aquel riff, porque ese idioma es el que se habla allí de donde procedes, adonde vas y adonde siempre quisiste ir.

Una lectura siempre amena y sorprendente a cargo de uno de los mejores comunicadores de este país.

miércoles, 10 de junio de 2020

Verano de 1997

En junio de 1997 un amigo me grabó en cassette el disco de debut de una banda prácticamente desconocida a la que había visto unas semanas antes en La Vaquería, a escasos metros de mi casa. Escuché la cinta y me encantó, y me maldije por haber perdido la oportunidad de ver al grupo en directo. Unos días más tarde yo me iba a Estados Unidos por un mes, así que intenté comprar el CD para regalárselo a una chica con la que tonteaba por aquel entonces, para impresionarla y que no se fuera con otro más guapo durante mi ausencia. Lo busqué sin éxito en todas las tiendas de discos de Tarragona, e incluso pregunté en La Vaquería, donde la propietaria me aseguró que volverían a traer al grupo después del verano, ya que el concierto había gustado mucho. El disco se llamaba La flaca, y el grupo, Jarabe de Palo.

Durante mi mes en los USA no paré de escuchar la cinta en el walkman que llevé conmigo. Me encantaban temas como Quiero ser poeta, Grita o El lado oscuro, y curiosamente no me acababa de convencer la que daba título al disco. Así que, cuál fue mi sorpresa cuando al regresar a España tras 30 días de desconexión (en 1997 Internet estaba en pañales, y no existían periódicos digitales, redes sociales ni smartphones) me encontré que la canción del verano era ni más ni menos que La flaca, y que Jarabe de Palo lo estaba petando.

Me alegré por ellos, aunque no pude evitar esa leve tristeza que te invade al saber que ese descubrimiento, esa joyita que antes era patrimonio tuyo y de pocos más, ahora ya pertenece a todo el mundo. Y por supuesto, de volver a tocar en La Vaquería, nada de nada.

Descansa en paz, Pau.

lunes, 1 de junio de 2020

Bon Jovi y el corrector ortográfico

Me encanta lo que ha hecho el corrector ortográfico en este anuncio de Wallapop, en el que venden el último disco de Bon Jovi, This House Is Not For Sale.



miércoles, 20 de mayo de 2020

Vergüenza


Soy español. Hace casi medio siglo un espermatozoide fecundó un óvulo en un lugar entre los Pirineos y Gibraltar, y más o menos en el mismo sitio, 9 meses después, nací yo.  Así que soy español igual que soy catalán e igual que soy tarraconense: por puro azar. Si esa coyuntura se hubiera dado 300 kms. más al norte hubiera sido francés, y si lo hubiera hecho 800 kms al sur, sería marroquí. Y si lo hubiera hecho 10.000 kms. al este, chino. Así que no le veo sentido a decir que me "siento" español, ni me puedo enorgullecer de ello, ya que no ha requerido por mi parte ningún esfuerzo, ni siquiera es algo que haya decidido por voluntad propia. Igual que no me puedo "sentir" castaño o estar orgulloso de haber nacido en agosto. Ha sucedido, y ya está.

Del mismo modo y por idénticas razones, tampoco debería avergonzarme por ser español. Y desgraciadamente, en momentos como los que estamos viviendo, he de decir que sí me ocurre. Enciendo el televisor y siento un bochorno horrible por haber nacido en este país.

Los causantes de esta vergüenza es la clase política (y aquí "clase política" es un oxímoron) que ha gobernado durante décadas España, y que ahora se encuentra en la oposición, a la que hay que sumar al resto de partidos de derecha y ultraderecha. Mientras en el resto del mundo las formaciones políticas de la mayoría de países han aparcado sus diferencias y se han unido para combatir la pandemia del COVID-19, aquí, desde el minuto uno, las hienas del PP, Cs, VOX, JxCat, etc. se han lanzado a sacar rédito político del desastre, a arrancar a dentelladas los votos que puedan de las tumbas de los muertos sin funeral que ha dejado el virus a su paso.

Recuerdo a Pablo Casado diciendo, al inicio del Estado de Alarma, que era el momento de apoyar al Gobierno, pero que ya llegaría el momento de depurar responsabilidades cuando acabara la pandemia. No se lo creían ni ellos. Aún no había llegado el virus a su apogeo, anotándose muertes y estrangulando a sanitarios y servicios esenciales, y ya estaba la maquinaria pepera escupiendo su crítica tóxica y destructiva, sin respeto alguno por los que se estaban dejando la vida en los hospitales, laboral y literalmente hablando. No era cuestión de dejar que todos los votos que se cosechan sembrando odio en tiempos convulsos se los llevaran los neofascistas de VOX, afianzados desde hacía días en la trinchera de los cobardes con su metralleta de disparar mierda. Y el resto de formaciones de derecha, tanto constitucionalistas como nacionalistas, también a lo suyo: buitres revoloteando sobre el camposanto para lanzarse en picado y hacerse con su pedazo de carroña.

Todos tenían másters en epidemiología, todos sabían más que los científicos sobre enfermedades contagiosas, todos tenían una experiencia abrumadora en pandemias desconocidas. Lo que movía a los médicos e investigadores que proponían las precauciones sanitarias eran intereses políticos. Lo suyo era altruismo, patriotismo, amor desinteresado a esa España encerrada y atemorizada.

Y ahí siguen unos y otros, en su estrategia de acoso y derribo, alentados por las encuestas electorales que les auguran los votos prometidos. Llamando al golpe de estado, azuzando a sus acólitos de pelo engominado y chaleco Ralph Lauren, exhortando a los ciudadanos de bien a que desobedezcan las ordenanzas sanitarias y salgan a la calle a salvar al país de las hordas comunistas. Es el momento de sentirse ESPAÑOL, de demostrar con cacerolas en las manos y envueltos en trapos de colores el orgullo patrio, a falta de méritos propios de los que sentirse orgulloso. El partido del gobierno nunca ha sido santo de mi devoción, considero que tiene muchas cosas malas. Pero lo de la derecha casposa y recalcitrante de este país es otro nivel, es jugar en otra liga.

Los científicos encontrarán una vacuna contra el virus. Pero no contra la mezquindad.