miércoles, 17 de julio de 2019

Vicio

Los años 80 sembraron de bandas de rock urbano las periferias de las grandes ciudades españolas. Algunas de ellas (Leño, Los Suaves, Barricada...) cataron las mieles del éxito y se convirtieron en parte de la historia musical de este país. Pero la inmensa mayoría no pasaron de tocar en garitos y fiestas de barrio, grabar 2 o 3 LPs, con suerte telonear alguno de los grupos del momento, para luego disolverse. Podríamos decir que éste es el caso de Esturión, una formación nacida en Vallecas que publicó su primer trabajo, este Vicio que hoy nos ocupa, en 1989.

No soy muy de rock urbano, pero sí me gusta mucho este disco, sobre todo porque a los sonidos típicos y tópicos del género añade unas sonoridades no demasiado habituales: el blues y el rhythm & blues. De hecho, aunque todas las canciones son buenas, para mí las tres joyitas que contiene son las tres más blueseras, las tres sonando consecutivas en lo que sería la cara A del vinilo.

Qué echaste en el vaso es un rock'n'roll divertido y muy cañí, con guitarras a lo Chuck Berry, teclas a lo Jerry Lee Lewis... y la voz de teleñeco de José Antonio Cano alias Txiquitín. Le sigue un pedazo de blues a medio tiempo, El último juicio, donde la armónica se luce al igual que ya hizo en el tema anterior. Y los útimos acordes empalman, casi como si pertenecieran al mismo corte, con Ritm and blues (sic): una gozada de instrumental que he escuchado cientos de veces desde que un amigo me lo grabó en una cinta hace 30 años. Me flipa esta sobredosis de energía condensada en 1 minuto y 53 segundos. Una canción frenética, atroz, con los instrumentos volando en sincronía y terminando con unos compases ralentizados de puro agotamiento.

He de decir que el resto del disco también está muy bien, repleto de los signos de identidad del rock macarra de la época. De hecho, a mi pesar, Esturión siguió insistiendo en el estilo arquetípico del género en sus dos siguientes (y últimos) trabajos, endureciendo su sonido y dejando de lado esas influencias blueseras, que era lo que más me atraía de la banda.

Un buen álbum, pues, para revivir el sabor del rock ochentero de barrio más allá de los trillados Leño y compañía, y para que los más blueseros se deleiten con las tres canciones mentadas. Además, en 2016 se publicó una versión remasterizada que suena de vicio. Y nunca mejor dicho.


 
 

lunes, 8 de julio de 2019

El club de los 50


Hace unos años leí un artículo en La Vanguardia que hablaba de El Club de los 100: un club en realidad inexistente, que se considera que lo forman los viajeros que han visitado más de 100 países. 
 
Nunca he aspirado a convertirme en miembro de ese club, pero acabo de darme cuenta que sí he entrado en el que podríamos llamar El Club de los 50.

  1. España
  2. Andorra
  3. Países Bajos (1990, 1998, 2018)
  4. Austria (1991)
  5. Italia (1991, 2004, 2005, 2011)
  6. República Checa (1993)
  7. Túnez (1994)
  8. Turquía (1996)
  9. Estados Unidos (1997, 1998, 1999, 2005, 2014)
  10. Suiza (2000)
  11. Marruecos (2000, 2009)
  12. Groenlandia (2001)
  13. Dinamarca (2001, 2013)
  14. Venezuela (2002)
  15. Australia (2002)
  16. Reino Unido (2000, 2003, 2008)
  17. Francia (2002, 2016, 2017)
  18. Sudáfrica (2003)
  19. Namibia (2003)
  20. Botswana (2003)
  21. Zimbabwe (2003)
  22. Ciudad del Vaticano (2004)
  23. Perú (2004)
  24. Jordania (2004)
  25. Gambia (2005)
  26. Camboya (2005)
  27. Tailandia (2005, 2007)
  28. Bélgica (2006)
  29. Luxemburgo (2006)
  30. Guatemala (2006)
  31. Belize (2006)
  32. México (2006)
  33. Brasil (2006, 2010)
  34. Laos (2007)
  35. Egipto (2008)
  36. Eslovenia (2007, 2010)
  37. Irlanda (2008)
  38. Colombia (2009)
  39. Polonia (2010)
  40. Alemania (2006, 2007, 2010, 2018)
  41. Chile (2010)
  42. Argentina (2010)
  43. Bolivia (2010)
  44. Paraguay (2010)
  45. Indonesia (2011)
  46. Portugal (2012)
  47. Suecia (2013)
  48. Canadá (2014)
  49. Hungría (2015)
  50. Irán (2018)
  51. Azerbayán (2019)
  52. Georgia (2019)

lunes, 17 de junio de 2019

Discos que no te salvarán la vida XIV

Vamos con una ecléctica selección de algunos de los discos que estoy escuchando estos días más de lo médicamente recomendable.
 

Free Yourself Up (2018), de Lake Street Dive. Mi amigo Miquel Àngel me descubrió a esta banda originaria de Boston hace unas semanas, y estoy disfrutando de lo lindo su último trabajo. Las dos características más particulares de este grupo de soul blanco es el uso de contrabajo (en lugar de bajo eléctrico) y el vozarrón de su líder, la encantadora Rachael Price, que más que una voz tiene una navaja suiza.  If you're gonna tell them everything / Tell 'em I'm a good kisser!








Spectacular Class (2019), de Jontavious Willis. ¡Me encanta este disco! Me recuerda mucho a los primeros trabajos de Keb' Mo', el cual hace un cameo tocando el banjo en el vídeo que cuelgo abajo (y de hecho, Willis telonea a Mo' en su gira americana). Blues tradicional que suena fresco y desenfadado, una maravilla para los que amamos esta variedad del género, una variedad que por desgracia no hay demasiados artistas que cultiven.





  
Destilar (2019), de La Vela Puerca. Tras casi un cuarto de siglo de carrera, los uruguayos  La Vela Puerca siguen publicando discos la mar de efectivos: quizás no tan punkies como los de sus inicios, pero igual de vitales. Este Destilar (curioso título, por cierto) es otra gozada de las que se  disfrutan con el volumen a toda castaña, un álbum divertido y con la contagiosa energía marca de la casa. Acabo de enterarme que a mediados de septiembre aterrizan en Barcelona. A ver si me regalo una entrada, porque me encantaría verlos en directo.



lunes, 3 de junio de 2019

Will Wilde en La Traviesa

La Traviesa (Torredembarra, Tarragona), 2 de junio de 2019. Ayer me levanté con el cuerpo pidiendo música en directo, así que consulté la programación del Bluegrass Bar La Traviesa, que siempre es apuesta segura para las noches de domingo. Tocaba un tal Will Wilde, blues-rock según rezaba el programa, y busqué su nombre en YouTube. Y resulta que Will es una bestia parda con la armónica, un instrumento al cuál últimamente estoy muy enganchando (y lo digo de forma literal), así que la propuesta era más que atrayente. Pero fue ver este vídeo y disiparse cualquier duda:

Gran bolo el que se marcó el británico y su banda en ese oasis musical que es la Travi, que acababa de inaugurar la temporada de verano y por tanto los conciertos en el patio exterior. La luz del día que todavía había cuando empezaron los primeros temas no acompañaban demasiado al blues-rock enérgico de Will, pero su feeling y potencia a la armónica caldearon pronto el ambiente. ¡Menuda manera de soplar! La armónica es un instrumento que puede resultar excesivo si se abusa de él, pero en la boca de Wilde era tan agradecido como los solos de un buen guitarrista.


Así que el espectáculo fue creciendo, y también la entrega del respetable. Cayeron varias canciones de sus primeros álbumes, y alguna nueva composición. Pero fue en la segunda mitad del show, ya con la noche sobre nuestras cabezas, y con las canciones del último disco Bring It on Home (2018), compuesto íntegramente de versiones de artistas británicos, cuando el público enloqueció. Cayeron The Wizard de Black Sabbath, una espectacular Love that Burns de Fleetwood Mac, Parisienne Walkways de Gary Moore y Lazy de Deep Purple. El bis fue una tremenda reinterpretación del clásico de Canned Heat On the Road Again. Y ahí tenía que acabar la cosa, según el papel con el set-list que yacía sobre el escenario. Pero el ambiente estaba tan al rojo vivo que los vítores y jaleos del público obligaron a Will y a su grupo a disparar un último trallazo, en este caso Can't Hold Out (Talk to Me Baby) de Johnny Winter, que fue coreado por todos los asistentes.

Todo un descubrimiento, este Will Wilde, y otra noche para el recuerdo gracias a la gente de La Traviesa.

lunes, 27 de mayo de 2019

Getz/Gilberto

En mi periplo por Brasil en 2006 descubrí varios artistas, algunos de los cuales sigo escuchando (soy un enamorado de María Rita, por ejemplo), y otros que ya no. Sin embargo, me topé con el disco que hoy nos ocupa algunos años después, en el fantástico blog Jass It Up, Boys! de Olvido, inspiradora de este nuestro blog y por tanto en cierto modo culpable de que hoy esté escribiendo estas líneas aquí. Curiosamente, pese a que cuando estuve en Brasil no lo conocía, es este Getz/Gilberto (1964) el álbum que más me recuerda a mis semanas en el país latinoamericano. Es escuchar cualquiera de sus temas y teletransportarme al instante a Jericoacoara, el pueblecito costero entre Fortaleza y Sao Luís donde pasé los últimos días del viaje.

La cadencia del jazz y la bossa nova, el rumor de las percusiones que suenan a oleaje, la brisa cálida del saxo de Stan Getz, la melancolía en las voces de João Gilberto y su mujer Astrud... Todo me devuelve a las calles de arena de Jeri, a los paseos por la playa, a los atardeceres en la Duna do Pôr do Sol, a la hamaca que colgaba del porche de la pousada Tropical Brazil, al sabor agridulce de haber vivido una aventura increíble pero ser consciente que quedaban pocos días para abandonar uno de los países más cautivadores que he visitado.

¿Se pueden recomendar solo 2 o 3 canciones de este disco? Difícil. Todo él, con su media hora escasa de duración, es perfecto, una unidad de la que cuesta elegir un corte en particular, y mucho más descartar alguno. Personalmente, yo me quedo con la mítica The Girl of Ipanema y la entrañable Doralice, los dos temas que abren esta joya. Pero vamos, que lo ideal es tumbarte en una hamaca un atardecer de verano, servirte una caipirinha, cerrar los ojos, escucharlo enterito y, hayas estado en Brasil o no, dejar que la saudade te invada.

martes, 21 de mayo de 2019

The Brew por cuarta vez

Sala Zero (Tarragona), viernes, 17 de mayo de 2019. Con ésta ya son cuatro las veces que he visto a The Brew en directo, y eso que me cuesta horrores escuchar de cabo a rabo cualquiera de sus discos en estudio. Pero en directo son intensos, arrolladores, espectaculares, y su rock correoso conecta a las mil maravillas con un público siempre entregado y con ganas de escuchar música de aires setenteros a todo trapo. 
 
El pasado viernes volvieron a congregar una buena legión de seguidores en la Sala Zero y a arrojar la descarga guitarrera de su repertorio, en la que incluyeron algunos temas de su último trabajo, Art of Persuasion (2018). Eso sí, esas canciones fueron de las pocas novedades en el espectáculo, ya que los británicos siguen tirando de los recursos habituales para amenizar la velada: el guitarrista tocando con arco de violín, con la guitarra en la espalda, el batería haciendo el solo con las manos desnudas... De hecho, hasta repitieron la versión que ya interpretaron en su última visita a Tarragona: Break on thru de The Doors, esta vez empalmada con Baby Please Don't Go, original de Muddy Waters pero tocada como lo hacían los Them de Van Morrison.

Pero qué mas da: los presentes no buscábamos originalidad ni inventos raros, sino pasar un buen rato disfrutando de una buena dosis de rock'n'roll. Eso sí, aunque el concierto duró casi dos horas, hubo una ausencia imperdonable, y es que no sonó Every Gig Has a Neighbour, para mí la mejor canción de la banda.

La próxima vez que se dejen caer por Tarragona, tendré que volver a verlos, a ver si la tocan.

martes, 14 de mayo de 2019

La encrucijada del diablo


Netflix estrenó hace unos días La encrucijada del diablo (2019), un documental sobre el mítico guitarrista de blues Robert Johnson. La película no es demasiado seria, ya que se empeña en hacernos creer en (o al menos, en sembrar dudas sobre) la leyenda de que Johnson vendió su alma al diablo a cambio de convertirse en un virtuoso de la guitarra: una historia inventada por motivos comerciales varias décadas después de la muerte del bluesman, y de hecho usurpada a otro Johnson, Tommy Johnson, que sí afirmaba (en broma, claro) que el diablo había sido quien le había enseñado a tocar.

Así que lo más interesante del pseudodocumental son los testimonios de muchos grandes del género, que hablan sobre la técnica de Robert Johnson, y su importancia en la historia del blues en particular y de la música en general, entre los que se encuentran Keith Richards, Eric Clapton, Taj Mahal, Keb' Mo', Rory Block y Bonnie Raitt.

Pero lo más sorprendente, a la vez que grato, es constatar que la figura de Johnson y su legado siguen vigentes y despertando interés más de 80 años después de su fallecimiento, a la temprana edad de 27 años, y con sólo 29 canciones en su discografía. Aunque vaya canciones, claro: ni más ni menos que la semilla de todo el blues posterior y, por supuesto, del rock.





jueves, 2 de mayo de 2019

Koko-Jean & The Tonics en la Sala Zero

Sala Zero (Tarragona), viernes, 26 de abril de 2019. No sé cómo les estará yendo a The Excitements sin la que fue su cantante durante 3 discos y un buen puñado de años de carrera juntos, pero lo que es un hecho es que el nuevo proyecto de la chica en cuestión es una bomba: menudo conciertazo se pegaron Koko-Jean & The Tonics (pilláis el juego de palabras del nombre del grupo, ¿verdad?) el pasado viernes en la Sala Zero, dentro del festival TGN Soul City. 

Gran parte del mérito, claro, lo tiene la banda: solo tres músicos tres (guitarra, batería y órgano), pero simple y llanamente excepcionales (a mí, el batería me dejó literalmente noqueado). Pero es cuando sale Koko-Jean cuando el escenario arde y el público enloquece. ¿Cómo puede caber tamaña fuerza, actitud y vozarrón en un cuerpo tan pequeño? La cantante nacida en Mozambique es un torbellino irresistible, hipnótico, y con unas aptitudes vocales que la convierten en digna heredera de las grandes damas del soul. Desconozco si el repertorio eran temas propios, de los Excitements, o versiones, ya que no conocía ninguno de ellos. Pero daba igual: la calidad de las canciones y la energía con que eran interpretadas eran tantas que cada minuto del espectáculo era una gozada para los oídos. Así que, una noche para el recuerdo la que nos regalaron Koko y sus chicos, y ya sabéis, si un día recalan cerca de vuestra ciudad, no lo dudéis ni un instante y haceos con una entrada, porqué el show vale muchísimo la pena.

Normalmente acompaño las crónicas con una foto cutre echada con mi móvil low-cost, pero hoy tengo la suerte de contar con la obra y gracia del fotógrafo Carles Llop Vallespi, que me ha permitido acompañar este post con su arte. Gràcies, Carles!





jueves, 25 de abril de 2019

¿A quién votar?


Tres días para las elecciones generales del 28A. ¿A quién votar? Ya sea por su pasado reciente, ya sea por sus programas electorales, la mayoría de los partidos con posibilidades de conseguir escaños no suscitan demasiado entusiasmo. Y el no ir a votar no es una opción: eso es hacer un favor a los que, absteniéndonos, queremos castigar, ya que a menor participación, menos votos les hacen falta para sumar diputados.

Así que hay que votar, y aunque elegir qué papeleta poner en el sobre no siempre es fácil, al menos yo tengo claro qué partidos no se llevarán mi voto: los que van a la caza de votantes a costa de sembrar miedo y odio. Odio a los catalanes, a los vascos o a los murcianos. Odio a los homosexuales, a los transexuales, a los feministas, a los ecologistas, a los animalistas. Odio a otras razas, a otras religiones, a otras culturas. Y odio, sobre todo, a los que piensan diferente.

Por desgracia, generar odio y miedo da mucho rédito en unas elecciones. Pero yo veo unas declaraciones de un político, o leo su programa, y en lugar de propuestas constructivas encuentro ataques a cualquier colectivo u ideología, y tengo clarísimo que a ese tío, y a ese partido, no les voto en la vida.

O sea, que todavía no tengo del todo claro a quién votaré el domingo. Pero si estoy 100% seguro de a qué partidos no votaré.

domingo, 14 de abril de 2019

A contraluz

Ya conté, hace más de 10 años, cómo descubrí a los uruguayos La Vela Puerca. Desde entonces, he ido siguiendo su ya dilatada carrera y he escuchado la mayoría de sus discos. Mi favorito es éste que recomiendo hoy, A contraluz (2004), una joya que, simple y llanamente, me flipa.

Aviso para navegantes: a La Vela hay que escucharla con el volumen a todo trapo. De hecho, es un grupo y un disco que me hubiera gustado descubrir con 18 años, bailarlo en los bares medio borracho (o borracho del todo), y desnucarme a ritmo de ska y punk-rock. Pero pese a mi edad provecta, me encanta, y sigo disfrutándolo cuando me lo pongo en el coche y giro la ruedecita del equipo de sonido más de lo que la salud de mis tímpanos recomienda.

Cada corte del álbum es un himno, así que me cuesta horrores elegir 3 o 4 temas de entre los 14 que lo componen. Pero venga, vamos a ello:

De atar: Empieza con un riff sencillo pero potente y va creciendo hasta estallar en el estribillo: Esto no es joda voy avisando / Me pongo malo y estoy de atar / Solo te cuento que estoy tratando / De ya no perderme nunca más. La usaron como apertura de su disco en directo Normalmente Anormal (2009) para volver loco al público sólo empezar.

Va a escampar: Uno de esos raros temas, como Bohemian Rhapsody o Losing My Religion, que no tienen estribillo, que por tanto no parecen demasiado comerciales, y que acaban convirtiéndose en la canción insignia de la banda. Una maravilla ineludible en cualquiera de sus conciertos, y su tema con más reproducciones en Spotify y similares.

Caldo precoz: Aires de punk-rock pero con los cambios de ritmo marca de la casa, y donde se conjuran momentos gloriosos: el riff machacón de guitarra, la sección de vientos en éxtasis, y el estribillo que pide ser cantado a grito pelao: ¡Cállese, por favor!

Haciéndose pasar por luz: Ska ska ska! Otro tema de ritmo frenético para bailar a golpes. Si no te mueves escuchando Haciéndose pasar por luz es que te trasplantaron el corazón de un perezoso a los pocos meses de nacer.

Buf, y me dejo en el tintero el reggae Escobas, la folkie En el limbo, la metalera Doble Filo... Un álbum tan ecléctico como sobresaliente, y que ha sido un gustazo recuperar.

PD: En España poca gente conoce a La Vela Puerca, pero para que veáis el fenómeno que es en Uruguay, aquí una pequeña colección de tatuajes que se hacen sus seguidores, los veleros, muchos de ellos con fragmentos de canciones de este disco.




viernes, 29 de marzo de 2019

La única canción de U2 que me gusta

La única canción de U2 que me gusta es ésta:



miércoles, 20 de marzo de 2019

The Electric Alley en La Traviesa

La Traviesa (Torredembarra, Tarragona), 17 de marzo de 2019. Cinco meses después de su última visita, The Electric Alley volvieron a tierras tarraconenses: en esta ocasión a la mítica Traviesa de Torredembarra, que superó con creces el aforo máximo del local de invierno gracias a la habitual legión de feligreses que suelen frecuentarla.
Los gaditanos ofrecieron un magno espectáculo de una hora y tres cuartos de duración, donde repasaron buena parte de sus tres fabulosos discos, además de obsequiarnos con una versión de Up in Smoke de Blackberry Smoke y otra de Whole Lotta Rosie de AC/DC, más algunas estrofas de Wicked Game de Chris Isaac con las que terminaron el baladón Rusty, uno de los temazos de su último trabajo Turning Wheels (2018). La fuerza y maestría de todos los miembros de la banda, encabezada por la espectacular voz de su líder, y la calidad de sus canciones, hicieron las delicias de los que ya conocíamos al grupo, y también de los que lo descubrieron esa noche de domingo (hablé con varios conocidos que nunca habían escuchado a The Electric Alley, y todos alucinaron con estos herederos del mejor rock de los 70 y 80).

Un gran fin para el fin de semana.


 

jueves, 14 de marzo de 2019

Rafa Pons en La Cantonada

La Cantonada (Tarragona), viernes, 8 de marzo de 2019. Lo peor de los conciertos de Rafa Pons es que se terminan. Una hora y media da para lo que da, y la ya pingüe discografía del barcelonés hace que inevitablemente se queden en el tintero canciones que un servidor daría un brazo por que las incluyera en el repertorio. Me faltaron Bobo, El último pedazo del pastel o Atento, entre otras. Pero quedémonos con las alegrías: Pons, guitarra en ristre y culo en taburete, coronó un show prácticamente redondo con la ranchera El Gallito, acompañado por los jaleos y risas del respetable, con el que había establecido la complicidad habitual. Y es que las bromas marca de la casa y las letras siempre ácidas de mi tocayo son una combinación infalible. Antes nos había deleitado con algunos de sus temas ya clásicos: En ti, No te jode, La mosso, la inevitable Julia Roberts..., y había lucido lo mejorcito de su nuevo álbum La guerra del sexo (2018): Estúpido, Capullo Tonic, Como un hombre, Los reyes del mundo e Imposible, canción con la que empezó el bolo en una Cantonada que había registrado una entrada muy digna, con todas las localidades (léase sillas) ocupadas. Aunque sin aglomeraciones ni gente que tuviera que quedarse de pie, que ya se sabe que en este país la canción de autor no goza del favor de los medios ni arrastra las masas como el flamenco-trap de Rosalía.

Y hasta aquí, esta crónica del concierto de mi admirado Rafa Pons, al cual he visto en varias (aunque siempre insuficientes) ocasiones y he hablado tantas veces de él en este blog, que hoy me ha dado por hacer la crónica a la inversa, osease, del final al principio del espectáculo. Ya sabéis que nunca me canso de reivindicar a Pons, del derecho y del revés.


jueves, 7 de marzo de 2019

Buscando guerra (del sexo)

A finales del año pasado el gran Rafa Pons publicó nuevo disco, La guerra del sexo (2018), y viene a presentarlo mañana viernes a La Cantonada de Tarragona. El barcelonés no actuaba en mi ciudad desde hace casi 4 años, así que me comen las ganas de volver a verle en directo. Ya tengo la entrada en la butxaca. Así que si alguien se anima, allí nos vemos.


lunes, 4 de marzo de 2019

Just One Night


Passito era un pub del centro de Tarragona, a 50 metros de la Rambla Nova. Un local estrecho y alargado donde no cabían más de 40 personas, y donde yo trabajaba de barman los fines de semana, hace algo más de un cuarto de siglo. Estaba frecuentado sobre todo por grupos de habituales que se dejaban caer por ahí cada noche de viernes y sábado, y que acostumbraban a irse cuando la persiana ya estaba medio bajada. Entre los parroquianos había un tal Manolo, un tío bajito y simpático que siempre tomaba lo que él llamaba un “blues”, que no era más que un Jim Beam con Coca-Cola (nunca he conocido a nadie más que nombrara así a este combinado, así que sospecho que fue él quien lo bautizó así). Y acto seguido, cuando ya tenía el vaso largo en la mano, inevitablemente pedía algún tema de Eric Clapton.

La colección de vinilos del Passito no era excesivamente lucida, y que yo recuerde sólo había un disco del músico británico: el Just One Night (1980), así que pinchábamos Cocaine o After Midnight mientras Manolo saboreaba su “blues”.

Me encantaban ambos temas, así que una noche de viernes me llevé el mentado disco a casa, a la mañana siguiente me lo grabé en una cinta, y al entrar a trabajar el sábado lo devolví a su sitio tras los tocadiscos. Desde entonces, ese directo, que he escuchado infinidad de veces y que siempre me ha fascinado, es mi álbum preferido de Clapton.

Mis temas favoritos… ¡Difícil elección! Me encanta cómo abre, muy al estilo Bob Seger, con el rocanrolero Tulsa Time. En seguida se adentra en los terrenos del blues con el clásico Early In The Morning, aunque la joya de este género en el disco es Worried Life Blues, tan usual en su discografía y que aquí dura 8 minutos y medio. También me gustan mucho el piano de If I Don’t Be There by Morning y el sabor 100% sureño de Setting Me Up, original de Dire Straits que aquí parece interpretado por Lynyrd Skynyrd. Y cómo no, la versión más frenética que he oído del After Midnight de J.J. Cale. 

Y ahora, la inevitable diatriba de abuelo Cebolleta. Passito no era el bar más rockero de la ciudad a principios de los 90, ni el más auténtico, y de hecho, había varios del estilo por el centro, en lo que a música se refiere.  Lugares donde igual sonaba una de El Último de la Fila o de Seguridad Social, que era los números uno por aquel entonces, como una de los Kinks o de los Dobbie Brothers. O sea, que ponías una canción de los 70 y no desentonaba: la gente la disfrutaba, e incluso la bailaba, y todos tan contentos.

En el 95% de los pubs de la Tarragona de hoy, al DJ se le ocurre pinchar Cocaine entre la nueva de Shakira y el Despasito de turno, y le queman la cabina con él dentro.



lunes, 25 de febrero de 2019

Vuelve, B.B. King

Un par de semanas atrás ya hablé brevemente del fantástico último disco de Anthony Gomes, Love, Peace and Loud Guitars (2018), y de hecho colgué el mismo vídeo que voy a colgar hoy aquí.

No había prestado demasiada atención a la letra de Come Down, el tema que abre el álbum. Pero hace unos días, al escucharla con atención mientras conducía del trabajo a casa, he de reconocer que me emocioné, y a la vez una amplia sonrisa se me dibujó entre las canas de mi barba: precioso el homenaje que hace aquí el canadiense a la leyenda del blues que fue (que es, vamos) el gran B.B. King.
 
 
 
Come down from Heaven, B.B. King
'Cause this kingdom has no king
There's no one here who can wear your crown
Come down from Heaven, B.B. King come down...
 

miércoles, 20 de febrero de 2019

Blues de Km. 0

Estrenamos lista de Spotify en Bourbon Street Online. Blues de Km. 0: una selección de canciones de blues en castellano, catalán e inglés a cargo de grupos y cantantes españoles.

El blues nunca ha sido el género estrella en los confines de la piel de toro, así que esta lista pretende rendir homenaje a los osados artistas que han incorporado un blues a su discografía en algún momento de su carrera, o lo que es más raro aún, a dedicarla íntegramente a este tipo de música, como es el caso de la mítica Vargas Blues Band o la menos veterana The Long Johns Band.

Sólo he incluido un tema por artista/banda, así que la playlist no es demasiado larga. Pero se aceptan recomendaciones: si alguien conoce un blues de algún intérprete que no aparezca, que me lo haga saber en los comentarios, y lo añadiré encantado.

¡Venga, a darle al play, y a apoyar el blues de kilómetro 0!

miércoles, 13 de febrero de 2019

Tom Waits en La balada de Buster Scruggs

La última película de los hermanos Coen es La balada de Buster Scruggs (2018), un curioso western compuesto por 6 historias independientes (al parecer, inicialmente tenía que ser una serie). Como todos los productos de estas características, el resultado es irregular: algunas historias son flojas, y otras buenas, y hay disparidad de opiniones en cuáles son las unas y cuáles las otras.

En mi caso, mi preferida ha sido la cuarta, titulada All Gold Canyon, y protagonizada ni más ni menos que por Tom Waits. En ésta, el veterano cantante da vida a un buscador de oro, en un entorno sencillamente abrumador, y en un cuento que recuerda a El viejo y el mar de Hemingway. Además, prácticamente todo el peso de la interpretación va a cargo de Waits, ya que la cámara no le abandona en los 20 minutos que dura el episodio, en el que sólo hay la aparición fugaz de otro personaje.

Así que, aunque no soy un gran fan suyo como cantante, he de reconocer que su papel en este All Gold Canyon me ha cautivado. Lástima que no haya entrado en la carrera de los Oscar en la categoría de mejor actor o mejor actor secundario. Para mí, lo borda.


jueves, 7 de febrero de 2019

Discos que no te salvarán la vida XIII

Decimotercera entrega de Discos que no te salvarán la vida (pero que te pueden alegrar el día). Hoy, con cositas buenas que nos dejó el pasado 2018.

 Peace, Love and Loud Guitars (2018), de Anthony Gomes. El portal BluesRockReview puso en la cima de los mejores discos de blues de 2018 al último trabajo de Anthony Gomes (aquí la lista completa). Un álbum con mucho blues tejano y sonidos sureños, donde las influencias de grandes como SRV, ZZTop o George Thorogood son evidentes, pero con una frescura y energía irresistibles.
 



 Like It on Top (2018), de Ana Popovic. La explosiva Ana Popovic ha lanzado el que, para mí, es su mejor trabajo hasta la fecha. La maestría a las seis cuerdas de la serbia se mezclan con una sensualidad y un erotismo poco habituales en el mundo el blues-rock, como ya anticipa el sugerente nombre del disco. Además, la acompañan invitados de lujo en varios temas: nada más y nada menos que Keb' Mo', Robben Ford y Kenny Wayne Shepherd. Así que el resultado, al menos para mí que soy muy fan de los tres guitarristas, es una delicia.



 Bear's Sonic Journals: Fillmore East February 1970 (2018), de The Allman Brothers Band. Aunque publicado el año pasado, evidentemente esto no se grabó en 2018, sino en 1970, un año antes del mítico At Fillmore East (1971), y en el mismo escenario. El repertorio lo componen algunos de los temas ahora ya clásicos de la ABB (In Memory of Elizabeth Reed, Statesboro Blues, Whipping Post...), y alguna sorpresa, como la fantástica Outskirts of Town, nada habitual en sus directos posteriores. Además, pese al casi medio siglo transcurrido, la calidad del sonido es de escándalo. ¿Qué más puede pedir un die hard fan de los brothers como el que suscribe?

domingo, 3 de febrero de 2019

Love of Lesbian en Reus


Teatre Fortuny (Reus, Tarragona), 1 de febrero de 2019. Love of Lesbian en concierto teatralizado, presentado su espéctaculo M&M.

Quizás las 2 horas y media más largas de mi vida.

Definitivamente, el indie no es mi estilo de música.

lunes, 28 de enero de 2019

Un murciélago salido del Infierno

Ya me vuelve a tocar elegir un disco importante en mi vida para El club de los puretas muertos, y hoy me he decantado por un clásico de los 70, de aquellos que nunca me canso de escuchar: el Bat out of Hell (1977) de Meat Loaf.

Todo me parece fantástico en esta joya, empezando por la espectacular portada a cargo del puto amo del aerógrafo que es mi admirado Richard Corben. La música me parece sublime, barroca sin ser excesiva, ecléctica y a la vez conceptualmente coherente, canciones épicas con momentos pop, ópera rock y heavy metal en un solo tema... Aquí se reveló en todo su esplendor el genio de Jim Steinman, y la voz de Meat Loaf y los coros que le acompañan son tremendos.

El álbum tiene 7 temas, así que voy a elegir solo dos que me parecen representativos de toda la obra. El primero, el que lo abre y le da título, una explosión de rock con unos cambios de ritmo apabullantes. Y el segundo, el superbaladón Two out of Three Ain't Bad, una canción cantada con una emocion que me pone los pelos como escarpias, y que a la vez siempre me arranca una sonrisa gracias a la sorna de la letra:

I want you, I need you
But there ain't no way I'm ever gonna love you
Now don't be sad
'Cause two out of three ain't bad


Por cierto, según él mismo publicó en su perfil de Facebook, el pobre Meat Loaf lo está pasando bastante mal a causa de los dolores crónicos que padece. Desde aquí todo mi apoyo a esta bestia del rock'n'roll.

 

lunes, 21 de enero de 2019

What Happened, Miss Simone?

Impresionante el documental que hay en Netflix titulado What Happened, Miss Simone? (2015). Para un profano como yo, que hasta hace cuatro días mis conocimientos sobre Nina Simone y su obra empezaban y terminaban en la canción My Baby Just Cares for Me, fue todo un descubrimiento su autobiografía, que ya comenté hace unos meses. Y este reportaje es ideal para profundizar todavía más en la compleja personalidad de esta leyenda afroamericana y su atormentada vida. Aunque por supuesto, no es necesario haber leído la bio para disfrutarlo y de hecho, sin referencias previas ni demasiada información sobre la singular carrera de Miss Simone, debe ser todavía más acongojante.

Si tienes Netflix, deja de ver el 87º capítulo de esa serie que no parece tener fin, y ponte ya What Happened, Miss Simone?

martes, 15 de enero de 2019

12º aniversario

 
Niñas y niños, chicas y chicos, señoras y señores: sucede que hoy, 15 de enero de 2019, Bourbon Street Online celebra ni más ni menos que su duodécimo aniversario.

Pasan los años más rápido de lo que todos quisiéramos, y podría empezar ahora una diatriba contra el paso del tiempo, la lejanía de la juventud, la inminencia de los primeros achaques... Pero qué cojones: como yo siempre digo, de las dos opciones posibles, la mejor es hacerse viejo. Así que prefiero servirme una copa de vino (la última botella de Jack Daniels se me terminó allá por 1998), buscar un vídeo en YouTube, subir el volumen lo que la familia me deje, reclinarme en la silla, poner pies y pantuflas encima del escritorio, y brindar por todos los que de tanto en tanto os dejáis caer por este blog. Y a vivir, que son cuatro días.