domingo, 6 de septiembre de 2015

Septiembre es traidor


Han pasado casi dos meses, y todavía me duele la muerte de Javier Krahe. Decía Sabina en una entrevista de hace un par de años que Krahe era un lujo que España no merecía, y mucho me temo que estaba en lo cierto. Creo que no se le ha hecho, ni se le hará, suficiente justicia, a tenor de la escasa repercusión mediática y de las de momento inexistentes reediciones de sus discos, libros o compilaciones de sus letras, quizás por la fecha de su fallecimiento, más cercana a las vacaciones de agosto que a un habitual periodo de publicación de novedades editoriales y discográficas.

Así que, como el que intenta curarse la resaca bebiéndose un cubata de whisky, o el que para superar la pérdida de una exnovia se acuesta con ella, llevo todo el verano repasando algunos de sus discos. Y uno de los temas que más he escuchado es este Navalagamella, con una letra ocurrente y muy acertada para las fechas en las que estamos: una canción sobre amores estivales, cuernos, despechos, y el traidor septiembre poniendo fin a la aventura. Una gozada lírica que da muestra, por si cabía alguna duda, de la maestría de Krahe en el dominio del lenguaje y de los dobles sentidos.



Navalagamella

Cuando fui infiel,
lo fui noblemente, de hotel en hotel;
cuando lo fue ella
lo fue por sorpresa en Navalagamella.


Jesús, qué trajín
Un tío en la sierra le hacía tilín,
un cuerpo serrano,
un novio perpetuo durante el verano.

Amor veraniego con casa y jardín.
tomillo y espliego,
romero y jazmín...
aromas sin fin.


Cuando fui infiel
lo fui por la miel de las lunas de miel
cuando lo fue ella
bebían sangría y comían paella.


Sin un buen arroz,
no entraba en materia su lobo feroz,
antes de ir al grano
al grano ir quería su cuerpo serrano.

Y aquí una gambita,
y aquí un mejillón,
la vida es bonita
y es dulce el melón,
pásame el porrón.


Cuando fui infiel
lo fui por pasar de una piel a otra piel
cuando lo fue ella
lo fue, qué egoísmo, por verse aún más bella.


Y, claro, es mejor
lucir el palmito cuando hace calor,
mostrarle al verano
su cuerpo desnudo y más que serrano.

Así, hasta que un día
se fue la calor,
su cuerpo se enfría,
se enfría su amor,
Septiembre es traidor.


Cuando fui infiel
fui fiel a mí mismo, fiel a mi papel,
cuando lo fue ella
en mi alma, tan dura quería hacer mella.


Y a mí me da igual
que use mis pañuelos, que hoy esté fatal
un cuerpo serrano
muy desmejorado, de tanto ir al grano.

Su amor veraniego
añora el festín,
tomillo y espliego,
romero y jazmín...
pues mira, a mí, plin.

jueves, 27 de agosto de 2015

Canciones de amor a quemarropa

Durante un parón en su gira internacional, un cantante de rock de éxito vuelve a pasar unos días en su lugar de origen, una pequeña población del estado de Wisconsin. Con este sencillo planteamiento se inicia Canciones de amor a quemarropa, y de hecho nos encontramos con una novela sencilla, cotidiana, sin grandes conflictos ni dramas. La verdad, por el título esperaba que la música tendría más peso en el argumento. Pero no: si el autor hubiera elegido un reputado pintor o un escritor famoso como protagonista, el resultado hubiera sido más o menos el mismo. Hay alguna referencia a Bob Dylan o a Neil Young, pero muy de soslayo, y la vida que interesa del cantante es la alejada de los escenarios, la que vive cuando es una persona “normal”.

Aun así, la historia está bastante bien, es una interesante reflexión sobre el hogar y la amistad. Aunque la gran baza del novelista es su capacidad para evocar los encantos de la América rural: los pueblos donde todo el mundo se conoce, los bares desvencijados con una jukebox donde pinchar American Pie, los campos de trigo extendiéndose por las llanuras, los silos de grano recortando el horizonte, las puestas de sol que duelen a los ojos... En eso, Nickolas Butler se descubre como un maestro: tanto que te hace rememorar y añorar esos lugares aunque, como es mi caso, nunca hayas estado allí.

Recomendable.

viernes, 14 de agosto de 2015

Capturas pasajeras (1)

Ahora que las circunstancias me obligan a viajar menos de lo que querría, mentiría como un bellaco si dijera que no echo de menos pasar los agostos por esos mundos de Dios: la escasa edad de las peques nos hará esperar unos años para volver a lanzarnos a la aventura como antaño, con la mochila a la espalda y cámara en ristre. Así que, para quitarme la morriña (aunque el resultado suele ser precisamente el contrario) de vez en cuando me da por visionar viejas fotos, entre las cuales hay algunas la mar de curiosas.

Éste es un blog sobre música, y lo seguirá siendo, pero me apetecía un montón compartirlas, así que abro una sección off topic con las imágenes más WTF! que he tomado por ahí. Hace unos años colaboré en un blog llamado Proyecto Captura cuyo objetivo era el mismo, un lugar donde colgar fotografías más o menos sorprendentes, así que esta nueva sección es hija de aquel blog, y de hecho hereda parte del nombre. Además, la foto que la inaugura ya la publiqué allí, si no recuerdo mal.

Pido disculpas a los que no les interese en absoluto este experimento, pero intentaré moderarme con el número de entradas dedicadas a él, y prometo seguir escribiendo posts sobre música. Posts que, por otro lado, me temo que tampoco son excesivamente interesantes para nadie, todo sea dicho...


Cuatro mejor que dos. Luang Prabang (Laos), agosto de 2007.

lunes, 27 de julio de 2015

Mi canción del verano 2015

¿Shakira? ¿Alejandro Sanz? ¿King Africa? ¿Georgie Dann? ¿El Koala? ¿Zapato Veloz? ¿Puturrú de Fuá? ¿De quién será mi summer song de este año? Si antes estaba desconectado de la radiofórmula y lo poco que sabía de los hits estivales era lo que oía por los bares, ahora que soy un padre "respetable" (toma eufemismo) que frecuenta "poco" (eufemismo number 2) los ambientes nocturnos, hay tantas posibilidades de que mi canción del verano coincida con la "oficial" como de que Pablo Albarán saque un disco de Nu-Metal.

Ya conté hace unas semanas que, para el que suscribe, el mejor álbum de este 2015 estaba siendo el Wonder Days de Thunder. He escuchado algunas novedades discográficas más de las publicadas este año, pero ninguna le llega a la altura del betún al discazo de los británicos. Así que la canción que me pongo cuando salgo del trabajo, cuando quiero una apuesta segura que me suba la moral, cuando encaro hacia la playa o la piscina, tenía que salir de este magno trabajo. Y la elegida es el sexto corte, un temazo llamado Resurrection Day que suena así de potente:



Otras canciones de otros veranos:

domingo, 12 de julio de 2015

Un adiós a Krahe


La pasada noche fallecía, a los 71 años de edad, el grandísimo Javier Krahe. No voy a hacer aquí un repaso a su trayectoria, con la obligada referencia al disco La mandrágora, de eso ya se encargarán los periódicos de mañana. Pero sí me gustaría realzar la importancia de su lírica magistral, que ha influido a tantos y tantos cantautores de este país. Su dominio del lenguaje era tal que solo Sabina, alumno aventajado, estaba a su altura, y la mordacidad de sus letras era única. A esas canciones ácidas, insolentes, coñonas, a la vez que estilísticamente insuperables le acompañaba el personaje: su flema era su rasgo más característico, y las dos veces que tuve la suerte de disfrutarlo en directo dio muestras de ella, con una desternillante sobriedad que me recordó al genial Eugenio.

En los últimos años se le adivinaba frágil, y de hecho en esas dos ocasiones tuvo que interrumpir alguna de las interpretaciones por un ataque de tos. Pero, cínico hasta la médula, Krahe no podía evitar reírse hasta de sí mismo y por ende de su precaria salud, y en 2010 publicó un álbum con el sublime título de Toser y cantar.

He estado pensando cuál de sus canciones era mi favorita, para que acompañara este pequeño homenaje: Villatripas, Un burdo rumor, La tormenta, Marieta, Ciencias ocultas, Los caminos del Señor, Ron de caña, Nos ocupamos del mar, En la costa suiza, Navalagamella... Me ha sido imposible decidirme . Así que he elegido la que, dada su escasa querencía por la fama y el reconocimiento público, creo que le sirve mejor como epitafio. D.E.P.



Y todo es vanidad

Gracias a mi conducta vagamente antisocial
temo no verme nunca encaramado a un pedestal:
no alegrará mi efigie el censo de monumentos,
no vendrán las palomas a rociarme de excrementos.

Y es una pena, la verdad,
porque sería muy bonito
seguir de adorno en mi ciudad
sobre un bloque de granito.

Pues qué penita y qué dolor,
no tendré estatua, no señor.

Gracias a mi postura más bien anticlerical
no será un siglo de éstos cuando entre al santoral:
no acudirán beatas a pedirme un milagrillo,
no vendrán los ladrones a vaciarme mi cepillo.

Y es una pena, la verdad,
porque tenía cierta gana
de echarle un ojo a la deidad
mientras me doran la peana.

Pues qué penita y qué dolor
no tendré culto no señor.

Gracias a que mi musa se las da de cerebral
son pobres mis compases para expresión corporal:
no danzarán mis prosas las reinas de discoteca,
no vendrán los carrozas a hacer su gimnasia sueca.

Y es una pena, la verdad,
porque sería algo inefable
cambiar la torpe realidad
y ser o Borges o bailable.

Pues qué penita y qué dolor
no tendré el Nobel, no señor.

Gracias a mi tozuda decisión existencial
no cabe entre mis planes dar ningún salto mortal:
no gozará las honras funerales mi alma en pena,
no vendrán los gusanos a tirar de la cadena.

Y es una pena, la verdad,
porque sería algo divino
ver cómo todo es vanidad,
y yo en decúbito supino.

Pues qué penita y qué dolor
no tendré esquela, no señor.