Capsa de Música (Tarragona), sábado, 6 de diciembre de 2025. En 2024 cerraron el Mojo (Tarragona), el Scarlett (Cambrils) y la Sala Garage (Salou). Este año han caído El Racó de la Palma (Reus) y La Traviesa (Torredembarra). Y seguro que el año que empezará en unos días se llevará por delante algunos locales más, de los pocos, poquísimos que quedan en el Camp de Tarragona. En tiempos aciagos como éstos para el rock y la música en directo, publicar discos y tocar en vivo son ya de por sí actos de rebeldía. Y así lo demostraron la semana pasada el power trío de Cambrils Bonzo Distortion, publicando su primer trabajo el viernes (¡y en vinilo!), el estupendo Cronos (2025), y presentándolo en la Capsa de Música ante una treintena de asistentes.
Rock alternativo de alto voltaje, con influencias del punk, el metal, el grunge y el new wave, con canciones cantadas en catalán, castellano, y algunas instrumentales. Buenos músicos y buenos temas alejados de la comercialidad, pero sin irse demasiado por las ramas de lo experimental. Un concierto que se hizo corto (poco más de una hora) en el que repasaron el álbum en cuestión, y terminaron con una versión potente de un tema punk en castellano que no identifique, pero que moló mucho (ojalá hubiera caído alguna otra versión, para alargar el repertorio). Un aplauso para los insurgentes como los Bonzo Distortion, resistiendo a la degradación y exterminio del rock en vivo que estamos viviendo en este siglo XXI.
Parc del Pinaret (Cambrils, Tarragona), domingo, 10 de agosto de 2025. Que collons Miami ni que Florida Beach! Hacía más de 25 años que no escuchaba esta frase encima de un escenario. Y mira que, durante el siglo pasado, la oí incontables veces: tantas como fui a ver a Lax'n'Busto en directo, y puedo asegurar que fueron muchas. Así que cuando me propusieron asistir al concierto de la gira de reunión de los de El Vendrell con su cantante original, Pemi Fortuny, lo pensé poco. Sobre todo, porque quien me lo propuso fue mi amigo Jordi, con el que, hace más de tres décadas, fui a la mayoría de esos conciertos. Así que el evento iba a ser un revival en toda regla.
Y el concierto en sí, pues muy bien: gran escenario, buen sonido, ambientazo, público entregado, mucho calor (pero al ser al aire libre se soportaba), y los Lax'n haciendo lo que tenían que hacer. Cayeron los temas más celebrados de cada unos de sus álbumes con Pemi e incluso tres canciones de los álbumes con el cantante que le sustituyó en 2006. Pocas sorpresas más allá de la reunión en sí, y un Pemi en mejor forma de la que esperaba.
Así que noche redonda y emotiva, que tras una hora y tres cuartos de concierto, terminó como ya se intuía: con el himno Llença't coreado a voz en grito por todos los asistentes, el agradecimiento de la banda y la felicidad evidente en sus rostros.
Stone (Tarragona), sábado, 17 de mayo de 2025. Por motivos que no vienen al caso, llegué al Stone muy tarde, tanto que pensaba que me dejarían entrar gratis para ver los últimos coletazos del concierto. Pero no, el tío de la puerta me dijo que hacía solo 15 minutos que había empezado, y que tenía que apoquinar los 5 euros de la entrada. Accedí, y me encontré la sala bastante llena, y un pedazo de power trío en el escenario.
Al parecer, el tal Andrew es un italiano (romano, para más señas) afincado en Catalunya, y con su "group", que por los nombres deben ser catalanes (ambos se llaman Ferran), menuda caña meten. Blues-rock y rock potente, todo instrumental, virtuosismo a la guitarra pero no a lo rollo Satriani, sino más bien a lo Stevie Ray Vaughan (de hecho, versionaron un tema de este último). Y muy buen rollo en el Stone, animado por Gonzalo, el nuevo regente del local tras la baja definitiva por enfermedad de su fundador Fernando Alamo, que fue recordado en varias ocasiones.
Así que los 5 euros fueron muy bien invertidos, y coronados por un gran final de concierto: el mítico tema Tequila, con una fuerza arrolladora (me flipaba como volaban los dedos del bajista) coreado por el público. Gran grupo, gran show.
Antes de colgar aquí mi lista de mis discos nacionales preferidos del 2024, quiero subsanar un agravio, o mejor dicho, una falta importante en mi lista del año pasado. En esa lista no incluí el disco Se nos lleva el aire, publicado a finales del mentado año, ya que no lo había escuchado cuando confeccioné mi Top 10.
De hecho, no tenía demasiada intención de escucharlo a fondo, ya que últimamente
mis querencias son más blueseras, pero un amigo me pasó una crítica de El País alabando con desmesura uno de los temas del álbum, y entonces sí le di una oportunidad. Y madre mía, ¡que pedazo de trabajo el que se cascó Robe! Una maravilla de cabo a rabo, sin duda el mejor disco español de 2023, y uno de los mejores de su carrera, de los firmados como Extremaduro y como Robe. No sólo por la canción por la que se deshacía en halagos el periodista de El País (que sí, es una barbaridad, y aún así no está entre mis tres preferidas del disco), sino por un trabajo redondo donde todos los cortes son dolorosamente hermosos, tanto musical como líricamente. De hecho, hasta mis hijas, seducidas como corresponde a su edad por el reggaeton y otros ritmos nada rockeros, me piden que les ponga el disco en Spotify, y han terminando tarareando estrofas del tema que lo abre, El hombre pájaro, cuando están despistadas.
Por cierto, hace un par de semanas Robe sufrió un tromboembolismo pulmonar que le obligaba a guardar reposo absoluto, y tuvo que cancelar sine die la gira Ni santos ni inocentes, que estaba colgando el cartel de no hay entradas por allá donde recalaba. Leo en una noticia reciente que ha mejorado su estado de salud, aunque el extremeño no se atreve a vaticinar si podrá volver a los escenarios. Desde este humilde blog, quiero enviarle muchos ánimos y pedirle que se cuide muchísimo. Tiene mucho que perder, todos tenemos mucho que perder.
L'Alternativa (El Vendrell, Tarragona), sábado, 28 de septiembre de 2024. Había tenido la oportunidad de ver a El Cantante del Greco en un cameo durante un concierto de El Sobrino del Diablo, y también en solitario, en plan hombre orquesta. Así que tenía curiosidad y muchas ganas de verlo en formato power trío. Al enterarme de que tocaba en El Vendrell, en un bar llamado L'Alternativa al que nunca había ido (de hecho, creo que nunca había ido a El Vendrell), decidí que era la ocasión perfecta, y para allí que fuimos. Un garito muy auténtico y con una parroquia interesante, por cierto: habrá que repetir.
El concierto cumplió las expectativas con creces: El Cantante del Greco, acompañado de sus dos músicos, defendió su fantástico último disco, Múevete conmigo (2024), ante unos 25 asistentes. El reusense y su banda interpretaron casi todos los temas del álbum, junto con algunos de las maquetas que se quedaron fuera del disco, y un par de canciones nuevas. Todo transpirando un rock sudoroso y auténtico que evocaba a bandas como Platero y Tú, Tequila y Los Rodríguez. Sin versiones, sin concesiones, sin subterfugios... Buen rock'n'roll añejo y a la vez refrescante.
El momento cumbre de la noche llegó con la interpretación de mi canción favorita, Niña de Triana, que comenzó de forma acústica y a capella, antes de que toda la banda se uniera para atacar la parte más enérgica del temazo, con guiño al mítico grupo Triana incluído.
El Cantante del Greco
es un tío que hace 30 años habría arrasado, cuando el rock’n’roll era mainstream, la música se hacía con instrumentos, y los cantantes sabían vocalizar. Pero tenemos suerte que algunos insurrectos como Rafa se dediquen todavía a esto, y que podamos disfrutarlo. Por cierto, me comentó que el sábado 15 de febrero tocarán en la Sala Zero de Tarragona. ¡Allí estaremos!
Mojo Club (Tarragona), sábado, 23 de marzo de 2024. Los últimos coletazos del Mojo Club trajeron a la J Teixi Band, formada por dos miembros de dos míticos grupos de los 70 y 80: Mermelada y
Los Elegantes.
Lamentablemente,
y como ya es (era) habitual, solo un par de decenas de asistentes nos
dejamos caer por el bolo, lo que enfrió los ánimos del grupo. Y no hay
nada peor para el éxito de un concierto que los intérpretes no quieran
estar allí. Los únicos que se veían motivados eran el batería y el
teclados, que se lucieron, pero el resto (bajista, los 2 vientos, y
Javier Teixidor que se encargaba de la voz y guitarra), ya se veía que
estaban acostumbrados a audiencias más generosas, y que cumplirían con
el concierto por puro trámite. Así que fue una actuación más o menos
solvente, según el momento, y con un repertorio que la verdad, tampoco
es para echar cohetes: un rock'n'roll muy stoniano y predecible, con letras no demasiado emocionantes. Para mí, los momentos álgidos fueron el tema Me llevo lo mejor (con un sonido New Orleans que recordaba a Dr. John) y el clásico Coge el Tren,
de los arriba mentados Mermelada. Y la bajona, que al dedicarse Javier
Teixidor a la voz y guitarra, no hubo espacio para la armónica, uno de
los sellos distintivos tanto de Mermelada como de los discos en estudio
de la J Teixi Band.
Así
que un concierto correcto sin más, y que para mí pasará a la historia no
por sus virtudes sino por ser el último al que asistí en el Mojo: la
sala cerró sus puertas el 31 de marzo, dando fin a 5 gloriosos años del
mejor local de música en vivo de la ciudad de Tarragona y su paupérrima
oferta musical.
Mojo Club (Tarragona), viernes, 16 de febrero de 2024.
Mi idea era ir el sábado a ver a los Tiki Phantoms, de quien tenía
buenas referencias. Pero me propusieron una cena de amigos para ese día,
y para no quedarme sin concierto, decidí a ciegas ir el viernes a ver a
The Giant Robots, de los que nunca había oído hablar. Di una escucha rápida a su último disco, me parecieron interesantes, y al Mojo que me fui.
Solo
nos dejamos caer por la sala una treintena escasa de asistentes, cosa
que sorprendió al grupo suizo, al parecer acostumbrado a audiencias más
numerosas ("será como tocar para la familia", dijo divertido el líder de
la banda). Y desplegaron un garage fantástico: sucio y a la vez
elegante, enérgico y a la vez entretenido, con temas en inglés y
francés, y diversas intervenciones del cantante bromeando con el
público, siempre con una sonrisa en los labios.
Música que sonaba a los 50, 60 y también 70, gracias a un órgano vintage maravillosamente
tocado por una jovencísima nueva incorporación al grupo. Y el público,
encantado con el show y el bailoteo, tanto que, con toda la confianza
pedía más y más cada vez que el carismático frontman anunciaba que el concierto se
terminaba.
Gran noche de
garage, pues, y pedazo de banda estos robots gigantes, que suenan con
alma y fuerza, y a la vez precisos como un reloj. Suizo, claro.
El año se va acabando, así que antes de que me pille el toro, vamos con los 10 mejores discos internacionales (para el menda lerenda) que han visto la luz este 2023. Como siempre, ordenados de la décima posición a la primera.
10. '73, de Arielle
9. Traveler's Soul, de Blues Traveler
8. Walking Heart Attack, de Johnny Rawls
7. Dirt Woman Blues, de Gráinne Duffy
6. Oscar's Motel, de The Cash Box Kings
5. Black Bayou, de Robert Finley
4. Aurora, de Daisy Jones & The Six
3. Moving on Skiffle, de Van Morrison
2. Hackney Diamonds, de Rolling Stones
1. Behind the Veil, de Jason Ricci and The Bad Kind
La Traviesa (Torredembarra, Tarragona), domingo, 13 de agosto de 2023. Un batería. Un bajista. Un guitarrista. Otro guitarrista a las voces. Y el líder de MFC Chicken al saxo, a la armónica y también a las voces. Rock'n'roll de los 50, de los 60. Surf. Rythm'n'blues... Temas propios, versiones de clásicos de Chuck Berry, de The Champs, de otros grupos de Barcelona, y alguna curiosidad como el tema Torontonero en homenaje a Manolo Escobar. Buen rollo. Baile. Calor. Cerveza. Viejos y nuevos amigos. La Traviesa a tope, entre habituales, turistas y nuevos feligreses... A pesar de la hora de cola en la entrada, una buena tarde de domingo.
Mojo Club (Tarragona), jueves, 29 de septiembre de 2022. Cinco años después de su primera visita, The Godfathers volvieron a recalar en Tarragona. O mejor dicho, cuatro nuevos músicos y Peter Coyne, frontman y único miembro superviviente de los padrinos originales, e incluso de la formación que vimos hace un lustro, a la que dio la patada en 2019. Bajo el brazo traían Alpha Beta Gamma Delta (2022), su flamante último trabajo, recién salido del horno, una maravilla de disco de punk-rock británico, pero más melódico que sus predecesores y con tintes new wave.
Coyne y el nuevo equipo descargaron su torrente de guitarras y rock rabioso en un Mojo Club que probablemente registró una de las mejores entradas de su historia. Volumen atronador y un sonido irregular, demasiado denso en las primeras filas, y diluido de la mitad de la sala hacia atrás. Pero bueno, los acólitos no nos dejamos enfriar por la sonoridad deficiente, y la voz poderosa de Coyne compensó la melé instrumental. Además el punk tampoco exige acústicas exquisitas, y lo que la banda vino a ofrecer fue su repertorio más salvaje: de hecho, los temas que cayeron del Alpha Beta fueron de los más cañeros del disco: OCD, I'm Not Your Slave, I Despair..., que combinaron con otros trallazos de su ya larga discografía. Por supuestísimo también sonó el obligado himno Birth, School, Work, Death que hizo famosos a los padrinos hace ya 34 años. Y de postre, un par de bises que dejaron al respetable más que satisfecho, ya que la duración del bolo fue superior a la de hace cinco años. Luego, los músicos y el flemático Coyne se mezclaron con los asistentes y tuvieron a bien fotografiarse con nosotros, y compartir cervezas y bromas. O sea, una gran noche de rock enérgico y sudoroso, gracias a The Godfathers y al Mojo Club, que se está convirtiendo por méritos propios en referente de los escasos locales tarraconenses que ofrecen música en directo.
The Bo Derek's, una de las bandas que me parecen más interesantes del panorama español actual, ha presentado hoy el que es su primer videoclip, correspondiente al tema Recuerdos del paraíso, que estará incluído el que será su segundo álbum, Inféctame, Baby!, a punto de publicarse.
El vídeo es todo un ejercicio de revival, que homenajea a los programas musicales de principios de los 80, como los míticos Aplauso o Tocata. Programas que, aunque hoy pueda parecer increíble, se emitían en horario de máxima audiencia, y cuando solo existían dos cadenas de televisión.
El tema es otro estallido del old school R'n'R del que los Bo Derek's hicieron gala en su disco de debut, el fantástico "10" de 2019. Así que hay ganas, muchas ganas de catar esta nueva entrega del power-trío gallego. Mientras llega, disfrutemos de esta dosis de morriña en vena que es Recuerdos del Paraíso.
La Traviesa (Torredembarra, Tarragona), 26 de septiembre de 2021. Sinceramente, no tenía demasiadas esperanzas puestas en el concierto de Santiago Campillo, el que fue guitarrista y uno de los miembros fundadores de M Clan. Le había perdido la pista desde que publicó, hace más de una década, un dignísimo disco titulado En la calle (2009), que recordaba los dos primeros grandes trabajos del grupo que le dio la fama. Pero al escuchar, unos días antes del domingo, su último álbum A cara o cruz (2018), encontré puro rock urbano, muy en la línea de Leño o Rosendo. Un estilo que, sin disgustarme del todo, no es de mis preferidos.
Pero... ¡qué demonios! En el bolo del pasado domingo sonaron algunos de los temas de ese disco, sí, pero sobre todo fue una explosión de rock añejo y blues, gracias a sublimes versiones de clasicazos de B.B. King, ZZ Top y Muddy Waters, entre otros. La formación habitual que presenta el murciano es la de power trío, pero a Torredembarra se trajo al fabuloso teclista Julio Lobos, afincado al parecer en este pueblo de la Costa Dorada. También se unieron a la fiesta otros invitados: el armonicista David el Indio, y el tío que lleva las guitarras a Campillo, que puso la voz en una vibrante cover de Highway to Hell. ¿Y cómo se mantiene arriba un show tras el subidón que siempre supone tocar AC/DC? Pues ni más ni menos que con una reinterpretación de Voodoo Chile de 20 minutos, donde Santiago presentó a la banda, todos los miembros tuvieron su momento de gloria en forma de solo, y el virtuoso guitarrista se lució a las 6 cuerdas, además de pasearse entre el respetable haciendo gritar a su guitarra y estallar a La Travi. La juerga rockera concluyó con dos temas de M Clan, Donde el río hierve y Un buen momento, y como broche final, versionaza del setentero Sábado en la noche, original de Moris, popularizado por Miguel Ríos en su mítico Rock & Ríos, y coreado a voz en grito por todos los asistentes.
Hoy, 19 de marzo, es el gran día. ¿San José? ¿El Día del Padre? ¿La Cremà? ¿El Año Nuevo persa? Bueno sí, también. Pero yo me refiero al día que el grupo sevillano Los Fusiles, que facturaron en 2019 su maravilloso debut ¿Quién le escribe al coronel?, publican el que es su segundo disco: Victoriosa.
En diversas ocasiones, aunque no sé si las suficientes, me he deshecho en elogios a este grupazo que recuerda a los mejores bandas patrias de los ochenta. Y ni sé las incontables escuchas que le he dado a su primer disco desde que lo descubrí hace más de un año. Así que, desde que anunciaron que estaban trabajando en un segundo álbum, me moría de ganas de echarme a las orejas sus nuevos temas. La espera ha terminado y ya están sonando en mi cuenta de Spotify.
Llevo pocas reproducciones pero de momento las sensaciones son muy buenas. Quizás han endurecido su sonido un poco, haciéndolo más crudo, más directo, tirando más hacia el punk-rock de Los Enemigos que a los aires cañís rollo Gabinete Caligari de su primer disco. Pero sigue habiendo estilos diversos (¡que buena es la canción Niña de ojos claros, 100% rockabilly!), dando como resultado una colección variada y a la vez coherente con el carácter del grupo.
Así que, aunque a riesgo de precipitarme, me atrevo a decir que estos 10 disparos de Los Fusiles van a dar en el blanco, que esta obra de arte recién sacada del horno hará honor a su nombre.
Podríamos decir que mi canción del verano 2020 no es solo del verano, sino también de todo el año. Y ya puestos, que no es solo la canción, sino el álbum completo el que uso para ponerme las pilas. El que, en este curso de pandemias y confinamientos, elijo cuando quiero escuchar algo que retumbe en mi coche y me anime. El disco en cuestión es, sin duda, el mejor disco nacional publicado en 2019, y no lo digo solo yo, así lo afirman varios blogs y portales especializados. Se trata del maravilloso ¿Quién le escribe al coronel? de los sevillanos Los Fusiles. Y la canción que he elegido ha sido la que le da título, aunque en realidad podía haber elegido cualquier otra, ya que todas son soberbias: ¡qué grande el tema que lo abre, Bala Errante, con esa frase tan lapidaria como cierta: "No salen artistas como los de antes"!
Rock ochentero, bebedor y digno heredero de grupazos como Los Enemigos, Loquillo & Trogloditas, y sobre todo, Gabinete Caligari, a los que Los Fusiles reverencian, y así lo hacen saber con guiños constantes tanto en las letras como en la música (el tema La Llamada es todo un homenaje a Tócala Uli, y de hecho el líder de la banda luce una camiseta de Gabinete en el vídeoclip).
En fin, una gozada de canción, una gozada de álbum, y una gozada de grupo.
Entro a comer en una brasería llamada Rock & Café. En el escaparate, un cartel enorme con la palabra ROCK troquelada. En las paredes, fotografías en colores chillones, muy a lo Andy Warhol, de Mick Jagger, de Angus Young, de Robert Plant... Y sonando a todo trapo, una música insultantemente empalagosa que no logro identificar. Por morbosa curiosidad, ejecuto Shazam. Se trata del disco en directo Tour Terral: Tres noches en Las Ventas de Pablo Alborán. Espero que traigan pronto el menú: este almuerzo se me va a hacer muy largo.
En esto, señoras y señores, es en lo que se ha convertido el ROCK para las generaciones del siglo XXI: un concepto que mola, un elemento de márqueting,
un logo, un slogan. Bebés con bodies de Los Ramones. Milenials con camisetas de AC/DC compradas en el Springfield. Hipsters con los labios de los Stones estampados en los calcetines. Cantantes de trap con sudaderas de Guns n' Roses. Youtubers con el bigote de Freddy Mercury, con las gafas de Elton John. Influencers con la portada del Aladdin Sane de Bowie en el top...
Mientras tanto, en los conciertos de rock, el 99% del público está formado por gente de más de 40 años. Los únicos jóvenes son los que están sobre el escenario: bandas como
Imperial Jade,
The Electric Alley, The Kleejoss Band, The Mothercrow... Chavales y chavalas que mantienen viva la llama, y de puta madre además, dejándose la piel para que un puñado de viejunos disfruten rememorando los tiempos de gloria del rock'n'roll. ¿Hasta cuándo? ¿Cuánto aguantaremos los que ahora somos cuarentones o cincuentones yendo a ver música en vivo? ¿10 años más? ¿20? ¿30, a lo sumo? Entonces, se habrá terminado. Los grupos que ahora son jóvenes, o los cuatro frikazos que harán música con una guitarra en lugar de con un programa de ordenador, se quedarán sin público, sin nadie que vaya a oír esas canciones que suenan de lujo y que beben de los sonidos que reinaron en la segunda mitad del siglo XX. Y así morirá el rock'n'roll, porque sin oyentes no hay bandas, y sin bandas no hay música.
Aprovechemos estas pocas décadas que nos quedan: yendo a conciertos, frecuentando los garitos que se resisten al reggaeton y engendros similares. Y el día que el rock muera, que ya solo se escuche, así como muy de fondo, en un anuncio de sillas de ruedas eléctricas para abueletes nacidos para ser salvajes, diremos a nuestros nietos: escuchad, niños, esto que suena es Steppenwolf, y ésta era la música que, cuando teníamos vuestra edad, nos hacía vibrar, gritar, saltar, bailar, reir, llorar, rebelarnos, emocionarnos.
La Traviesa (Torredembarra, Tarragona), 15 de diciembre de 2019. Otra noche de domingo épica, en esta ocasión gracias a The Kleejoss Band.
Conduje hacia La Travi escuchando por segunda vez en mi vida un disco de estos zaragozanos, concretamente el que es su quinto y último trabajo, El Secreto (2019), un meritorio álbum de claras influencias blackcrowenianas. Buenas guitarras, buenas melodías, sabores añejos... Sí, parecía que lo que iba a ver me iba a gustar.
¡Y vaya si me gustó! Si en estudio estos cuatro chavales ya molan, en directo son la bomba. Ya avisó su líder Luis Kleiser que los que iban a un concierto de The Kleejoss Band siempre repetían. Y no hay para menos: más de dos horas de rock clásico, con las mentadas influencias de Black Crowes pero también de Lynyrd Skynyrd, AC/DC, Bowie (versión de Heroes incluída)... La sala a reventar, el sonido impecable, y los cuatro músicos dejándose la piel (y alguna que otra cuerda de guitarra) para incendiar el local.
Un gustazo de grupo, un gustazo de público, y un gustazo de noche.
La primera vez que crucé el charco fue en 1997, para participar en un campo de trabajo en un pequeño pueblo llamado Newport, en el estado de New Hampshire, USA. Paseando por unos grandes almacenes de por ahí vi un CD de un grupo que no conocía: Straight On Till Morning (1997), de unos tal Blues Traveler. Había carteles con la portada y varios estantes con el CD, en un lugar privilegiado de la tienda, ya que era una novedad al parecer importante. Pregunté al estadounidense que nos acompañaba si era un disco de blues, a lo que me respondió que no, que pese al nombre del grupo, no tenía nada que ver con el blues. No supo definir el estilo de música que hacían, pero me dijo que estaba muy bien, que le gustaban mucho. Así que, movido por la escueta recomendación, el nombre del grupo (que unía dos de mis debilidades), y la portada, que me pareció muy chula, compré el disco.
Nunca he acertado tanto en una compra a ciegas como esa vez. La música de los Traveler me flipó (todavía lo hace), y después de ese álbum compré en Amazon (cuando Amazon solo vendía libros y discos) ni más ni menos que seis más del grupo (los 5 anteriores y el inmediatamente posterior al Straight On...), e incluso llegué a verlos en directo un año más tarde, en un festival al aire libre cerca de Oakland, California.
Prácticamente todos los temas del disco me gustan, pero hay que decir que los 4 primeros son espectaculares. Abre con Carolina Blues, donde la banda demuestra que ha conseguido un sonido único e inconfundible (¡ay, qué tiempos aquellos en que los grupos buscaban un sonido propio!), gracias entre otras beldades a los bending imposibles de la alucinante armónica del líder y cantante John Popper. Le sigue Felicia, con una linea de bajo magnífica a cargo del malogrado Bobby Sheehan, que murió 2 años después por sobredosis. El tercer corte es Justify The Thrill, una canción que cada vez me gusta más, con muchos cambios de ritmo, otra vez con el fantástico bajo de Sheehan como elemento conductor, y donde los solos de armónica se enlazan con solos de guitarra. Y Canadian Rose es otra maravilla, más comercial que las anteriores (fue el tercer single del disco), y en la que Popper toca un instrumento de viento poco habitual, el irish whistle, una flauta tradicional usada en la música celta que aquí le da un punto irresistible a la canción.
El resto de cortes son todos magníficos, y pese a la variedad de estilos que cultiva el disco, como la balada Yours, el funk-rock de Last Night I Dreamed o el blues de Make My Way (¡al final resultó que sí tocaban blues!), el conjunto es homogéneo, fiel a ese sonido propio de la banda pero a la vez heredero de muchos grupos de los 70.
Sin lugar a dudas, uno de los álbumes y de los grupos de mi vida.
Los años 80 sembraron de bandas de rock urbano las
periferias de las grandes ciudades españolas. Algunas de ellas (Leño, Los Suaves,
Barricada...) cataron las mieles del éxito y se convirtieron en parte de
la historia musical de este país. Pero la inmensa mayoría no pasaron de
tocar en garitos y fiestas de barrio, grabar 2 o 3 LPs, con suerte telonear alguno de los grupos del momento, para luego
disolverse. Podríamos decir que éste es el caso de Esturión, una formación nacida en Vallecas que publicó su primer trabajo, este Vicio que hoy nos ocupa, en 1989.
No soy muy de rock urbano,
pero sí me gusta mucho este disco, sobre todo porque a los sonidos
típicos y tópicos del género añade unas sonoridades no demasiado
habituales: el blues y el rhythm & blues. De hecho, aunque todas las canciones son buenas, para mí las tres joyitas que contiene son las tres más blueseras, las tres sonando consecutivas en lo que sería la cara A del vinilo.
Qué echaste en el vaso es un rock'n'roll
divertido y muy cañí, con guitarras a lo Chuck Berry, teclas a lo Jerry
Lee Lewis... y la voz de teleñeco de José Antonio Cano alias Txiquitín. Le sigue un pedazo de blues a medio tiempo, El último juicio,
donde la armónica se luce al igual que ya hizo en el tema anterior. Y
los útimos acordes empalman, casi como si pertenecieran al mismo
corte, con Ritm and blues (sic): una gozada de
instrumental que he escuchado cientos de veces desde que un amigo me lo
grabó en una cinta hace 30 años. Me flipa esta sobredosis de energía
condensada en 1 minuto y 53 segundos. Una canción frenética, atroz, con
los instrumentos volando en sincronía y terminando con unos compases
ralentizados de puro agotamiento.
He de decir que el resto del disco también está muy bien, repleto de los signos de identidad del rock macarra de la época.
De hecho, a mi pesar, Esturión siguió insistiendo en el estilo
arquetípico del género en sus dos siguientes (y últimos) trabajos,
endureciendo su sonido y dejando de lado esas influencias blueseras,
que era lo que más me atraía de la banda.
Un buen álbum, pues, para revivir el sabor del rock ochentero
de barrio más allá de los trillados Leño y compañía, y para que los más
blueseros se deleiten con las tres canciones mentadas. Además, en 2016 se publicó una versión remasterizada que suena de vicio. Y nunca mejor dicho.