XXX Festival de Blues de Cazorla, sábado, 4 de julio de 2026. Como no conocíamos a los grupos que tocaban a mediodía, el plan para el sábado era visitar la bóveda de la Iglesia de Santa María, y hacer la ruta del río Cerezuelo, que lleva algo menos de 2 horas. Hicimos ambas cosas, y al acabar la ruta, que desemboca en la Plaza de Santa María topamos con que empezaba el concierto de un tal Sergio Freire. Y como la cosa pintaba muy bien, nos quedamos, claro. Rock'n'roll de tintes ochenteros y noventeros, al estilo de Rebeldes, Loquillo o M Clan, con una muy buena actitud del tal Sergio, y con una divertida versión de clásico de Pata Negra, con toda la plaza coreando a voz en grito aquello de ¡Ay José, yo te canto Camarón, te canto pa' que me cantes y me alegres el corazón!.

Y ya que estábamos allí, y mientras comíamos algo, disfrutamos de Al Dual, que yo pensaba que era una banda, pero según he leído luego por allí, era el nombre de su frontman. Rockabilly y rock'n'roll bien paridos y efectivos, que nos acompañaron hasta que retiramos a hacer la obligada siesta.
A las 18h me fui al Teatro de la Merced, a una masterclass a cargo de John Primer y Giles Robson, veterano guitarrista y no tan veterano armonicista, respectivamente. Más que una clase al uso (ya que con varias decenas de asistentes hubiera sido imposible), fueron algunas reflexiones sobre el blues, a cargo de los dos ponentes, además de la interpretación de algunos clásicos: Juke, Got My Mojo Working...
De ahí nos fuimos al Auditorio del Parque, donde pillamos los últimos coletazos de The Empty Bottles, y fue una lástima porque sonaban de lujo, y con una actitud brutal, así que me hubiera gustado ver el concierto entero. Y después de ellos, una banda veterana (aunque con miembros renovados, claro): La Blues Band de Granada, que ya actuó en la que fue la primera edición del festival, y eso que llevan 30. He de decir que fue de las que menos me gustó, no porque no fueran buenos (que lo eran, y mucho), sinó porque el blues de Chicago no es mi estilo preferido.
Y de ahí, después de picar unas tapas, directos a la Plaza de Toros, a ver la que para mí era la guinda del pastel, y el motivo principal que me llevó a Cazorla: Charlie Musselwhite. Con sus 82 años, el mítico armonicista hizo gala de su buen hacer en un concierto memorable, en el que repasó varios de sus temas, empezando (si no recuerdo mal) con Hip Shakin' Mama, de su último disco de 2025. Por cierto, una de las sorpresas del bolo fue el guitarrista, un chaval bastante joven y que me encantó como tocaba: puro feeling sin resultar cargante ni estridente. Para mí, de los mejores o el mejor guitarra que vi en todo el festival, y eso que vimos unos cuántos. Además, el bueno de Musselwhite le cedió mucho protagonismo, para goce y disfrute de todos los asistentes. Además de temas propios, cayó una versión personalísima de Help Me (Sonny Boy Williamson), y terminó con su tema estrella, Christo Redemptor que, como dijo él, a pesar de tener casi 60 años, sigue siendo una buena canción.
A continuación tocaba la otra gran superestrella del Festival: el también veterano Eric Johnson, que ya cuenta con 72 años. Pero las fuerzas ya nos comenzaban a fallar, y además el estilo guitar virtuoso nunca ha sido mi favorito. Así que nos retiramos después 4 ó 5 canciones, cuyo sonido fue bastante deficiente. De hecho, y según he leído por ahí, dado que el sonido no estaba siendo bueno, Eric también terminó el concierto antes de lo previsto.
Y hasta ahí dio para nosotros el XXX Festival de Blues de Cazorla, una experiencia que me dejó en una nube de la que todavía no he bajado (y ya ha pasado más de una semana).