Sala Zero (Tarragona), 3 de octubre de 2014. En una ciudad
pequeña como la mía escasean las ocasiones de echarse un buen concierto a la
oreja, más aún desde que hace unos meses La Vaquería, una de las salas más
activas en lo que a actuaciones en directo se refería, cerró sus puertas. Así
que aunque hacía 10 meses que
Los Toreros Muertos habían recalado en Tarragona,
decidimos repetir en esta su segunda visita en menos de un año a la
Sala Zero. Algunas
conclusiones se pueden sacar de la noche de ayer:
Que el repertorio fue calcado al de la ocasión anterior,
exceptuando que esta vez no repitieron Mi agüita amarilla en los bises.
Que la banda sigue en
plena forma, y que Pablo Carbonell sigue estando tan irresistiblemente chalado
como siempre.
Que la sala volvió a presentar un llenazo total, y se colgó el
cartel de Entradas agotadas.
Que, exceptuando a las camareras, entre los asistentes
probablemente no había ni uno por debajo de los 40 años de edad. Y pocos por
debajo de los 45.
Que, a pesar de nuestra edad provecta, los presentes
disfrutamos como locos coreando himnos como Yo no me llamo Javier, Falangista,
Twist’as loca, (Ya están aquí) Los
Toreros Muertos o la mentada Mi agüita amarilla.
Que ahora necesito para emborracharme el mismo número de
cervezas que de cubatas hace 20 años.
Así que, si en diez meses (o en seis, o en tres) Carbonell y
su tropa deciden volver a la Sala Zero a ofrecernos sus canciones y desvaríos,
lo más probable es que vuelvan a reventar la taquilla, gracias al numeroso
grupo de tarraconenses con ganas de música en vivo y ansias de cachondeo. Al
menos, un servidor seguro que repite. O “tripite”, vaya…