viernes, 6 de julio de 2007

Noche de blues: Gov't Mule + John Mayall

Ayer noche Almond y yo pudimos ver cumplidos uno de nuestros sueños musicales: ver al gran Warren Haynes en directo. Y es que, cuando el gran oteador Rafa nos puso sobre aviso el sábado, no nos podíamos creer que Gov't Mule fuera a tocar en Barcelona, y que pudíeramos finalmente verlos, después de un año de encierro, dedicado a la crianza del pequeñajo de 14 meses que duerme en la habitación mientras escribo estas líneas.

Como a veces sucede, el máximo atractivo de un concierto no es el cabeza de cartel, pero es que ayer en el Poble Espanyol la noche era francamente interesante: Gov't Mule + John Mayall & The Bluesbreakers, teloneados por unos prometedores The Steepwater Band. Y digo prometedores porque no los conocíamos, y están siendo una grata sorpresa para nuestros oídos (mm, esa Les Paul sucia...).

Allí estábamos a las 20.15, media hora más tarde de lo previsto gracias a la siempre estresante entrada a la big city, con sus colas kilométricas que, a los de provincias, se nos hacen insufribles. Así que solo pudimos ver el final de los Steepwater. Dos birras más tarde ya estábamos listos para recibir al señor Haynes, voz y guitarra de la actual formación de los Allman Brothers Band (ahí es nada). Estábamos listos nosotros y las calvas de la mayoría de los asistentes, no en vano John Mayall lleva más de 40 años 'on the road'. Muy buen ambiente. Gente pero con espacio más que suficiente para movernos. Quizás alguien diría que poca gente para tan buen cartel. Seguro que Bisbal hubiera llenado la plaza.

Por suerte no tocaba Bisbal sino los Gov't Mule, que descargaron su slow rock blues, con un sonido pobre que fué mejorando a medida que hacíamos avanzar la tarde. Mención especial a un buenísimo Time to confess que vimos muy cerca, disfrutando con el feeling vocal y digital del maestro. La banda, super compacta. La única crítica, quizás un repertorio irregular, hubiéramos preferido otros temas.

2 horas más tarde, ya satisfechos, estábamos a la expectativa de lo que podía ofrecernos un John Mayall de 73 años, del cual no somos muy fans, a excepción de los increíbles Jazz Blues Fusion, que siempre me ha encantado, y del mítico album 'Beano': Bluesbreakers with Eric Clapton.















Pero nos sorprendió muy gratamente, está hecho un gentleman, su voz está aún condiciones, y nos ofreció un muy buen concierto de blues. No en vano se trata de una auténtica leyenda viva, él y su banda original, los Bluesbreakers, lanzadera de guitarrístas estelares: Eric Clapton, Jeff Beck, Coco Montoya y Walter Trout, entre otros.

Mención especial al guitarrísta de los Bluesbreakers de anoche (por cierto, power-trío: batería, bajo y guitarra, más Mayall a los teclados): Buddy Whittington, una mole de Texas, capaz de convertir cualquier fragmento de guitarra en algo mágico. Que bueno, buenísimo. Bluesero a tope, pero con toques a lo Robben Ford, con guiños al country. Tocaba sin un solo pedal de efectos, sin cambios de volumen. Todo guitarra y manos. Increíble. Sólo por el cierre del concierto antes de los bises, un "Have you heard" antológico, ya valió la pena el viaje.

Hoy, 24 horas después, me iría a otro concierto ya mismo. Y es que... como engancha.

domingo, 1 de julio de 2007

Un monstruo llamado Quim

Anoche fui a Barcelona a ver un concierto: en la sala Monasterio tocaba Quim Vila, del cual soy fan incondicional. Quim Vila es un apasionado del jazz, guitarrista aceptable, gran letrista, estupendo showman y, sobretodo, un pedazo de cabrón.

Empezó el espectáculo (ya anunciado como mezcla de concierto y monólogos) con el músico solo en el escenario, y la primera canción ya la cortó a la mitad para enrollarse durante más de cinco minutos. Quim se ríe de los de su pueblo, de los catalanes de sardana y barretina, de la España de Morancos y Salsa Rosa, de la Iglesia, de Aznar, de ZP y, de pasada, del resto de la población mundial. Su humor es contagioso e irresistible, y al poco tiempo ya tenía al público en el bolsillo y carcajeándose. Con tanta interrupción, los temas se sucedían poco a poco, a veces dejándolos a medias, a veces mezclándolos con villancicos, música tradicional catalana o rancheras. Pero eso era lo de menos, porqué ahí estaba la gracia, usar la música como vehículo de jolgorio y descojone. A la hora entraron batería y teclados (una versión reducida de su banda, Eutanàsia Col·lectiva, dado que el escenario no daba para big bands), que acompañaron fantásticamente las divagaciones del músico de 38 tacos cronológicos, 26 fisiológicos y 11 mentales, como reza su web. La música ganó, y el cachondeo también, ya que Quim bromeaba con los recién incorporados, contando -por ejemplo- como el teclados siempre oye un ruidito en el palier de la furgoneta cada vez que pasan delante de un puti-club. Deberíamos parar a mirarlo, ¿no?.


Y así fueron pasando las casi 2 horas de concierto, que se hicieron brevísimas, de tanta risa y buen rollo. Al final, un par de bises (con la tarifa plana de la entrada esto no entra, si queréis más es más caro -se quejaba, coñón), y punto y final, todos con buen sabor de boca, lágrimas en los ojos, agujetas en las mandíbulas, y el sabio consejo de regalo con el que terminó este monstruo que es Quim Vila:

"Nunca digas de esta agua no beberé, estos genitales no los lameré ni este cura no es mi padre."


martes, 26 de junio de 2007

¿Quién es esa chica?

Pues esa chica es Katie Melua, una jovencísima cantante de aquellas que te acarician con su voz. Con sólo 23 añitos, esta belleza de ojos verdes nacida en Georgia (la de la antigua CCCP, no la de Ray Charles) está asaltando las listas inglesas con su segundo y último trabajo, Piece by Piece, un discazo sobrecogedor.

Katie bebe del jazz, del blues, e incluso de la new wave, lo cual evidencía en algunas de las versiones que se marca en el disco: Blues In The Night (ya sabéis, la de tariro tariiiiro), On The Road Again (Canned Head) o Just Like Heaven (The Cure). Pero, y lo que es menos habitual, también bebe de la world music, especialmente de la música asiática, y con canciones como Halfway Up the Hindu Kush o el exitazo Nine Million Bicycles te transporta a la India y a la China (respectivamente).

En fin, poco más que decir de esta nueva estrella, a la que seguiré la pista bien de cerca. Tanto su música como su voz me erizan el vello, y físicamente no tengo más que mirar su foto para caer hipnotizado y rendido a sus pies. Y yo que juré no volverme a enamorar de niñatas cantantes...

viernes, 22 de junio de 2007

Patti y mis pecados

Mientras escucho el último trabajo Patti Smith, compuesto de versiones de clásicos del rock, me doy cuenta de que hoy se cumplen ya 8 años de un viaje a Amsterdam que supuso un antes y un después en mi vida. Como a menudo suele pasar en discusiones de pareja, estas tienen un feo don de la oportunidad, y surgen siempre antes de hacer algo planeado juntos. Algo bonito, como un viaje, o algo en común con amigos y familia. Y allí estáis los dos, aguantando el tipo ante los demás, con mal sabor de boca, porque el cabreo tiene un sabor agrio, el jodido. Y cuando se mezcla con orgullo, aún sabe peor, y sienta mal seguro. Como la porquería que se bebió Rafa el otro día.

Algo así nos pasó a Almond y a mi el día antes del viaje, una pelea absurda, y llegamos a Amsterdam un pelín raros. Y yo me empeciné en probar las sustancias locales. Y a los pocos días, aún estaba más raro. Y me sentí lejos, separado de ella, atrapado en un viaje al que aún le quedaban tres o cuatro días para acabar, una eternidad para mi paciencia. Y me volví otro, sin darme cuenta de que si la hubiera perdido en aquel momento, nunca jamás hubiera sido ya el mismo.

Y pasamos tristes las horas, con la sensación de estar echando por la borda un viaje que podría haber sido maravilloso.

Y llegó el viernes, y vimos el cartel del concierto de Patti Smith y, sin haberla escuchado nunca, compramos las entradas y fuimos a verla.

Almond me cogió de la mano al entrar en la iglesia, donde los acólitos de la religión del rock, la paz y la hierba estaban expectantes, minutos antes de que saliera su musa al escenario. Y cuando empezaron los versos de uno de sus poemas, se me erizó el vello en la nuca, porque la sensación de autenticidad de lo que estabamos viviendo era muy potente, y todos la estabamos compartiendo. Y sonaron las guitarras, viejas como ella, como los acordes crujientes y cálidos de los amplis al rojo vivo, a punto de estallar.

Y Patti entonó el "Jesus died for somebody's sins but not mine" y en pocos segundos llegó la Gloria.

Y me di cuenta, en aquel momento, de que estaba haciendo el idiota de verdad hacía muchos días, y que necesitaba tirar esa bolsa de hierba en el retrete, dejarme de porquerías y pedirme una cerveza de verdad y darle un beso suave a Almond en la frente, porque entonces ella sabría que había vuelto, y quizás podría perdonarme. Y que debería aprender de esta historia, y currar para salir del abismo una y otra vez, hasta que llegara el día en que el abismo me pareciera un pequeño charco.

Y sigo currando.

martes, 19 de junio de 2007

Ya tengo la Rory Gallagher Strat!

Por fin, ya está en casa, después de un montón de meses de dudas, reflexiones y sobretodo, de darle la paliza a todos los que están a mi alrededor, he recibido la Fender Stratocaster Custom Shop Rory Gallagher Tribute. Y pongo el nombre completo, porque cuando una guitarra tiene un nombre así será por algo, dije yo, y puedo deciros ahora que ni una sola palabra es superflua en su denominación. Es una Fender Stratocaster, fabricada en la Custom Shop, y tributo a Rory Gallagher.

Se trata de la guitarra réplica exacta, creada en la factoría donde se hacen los modelos de mayor nivel (entre ellos la réplica limitada de la Blackie de Clapton), de la Strat que acompañó al gran Rory durante casi 35 años, desde el día que la compró en 1961 (de hecho, se dice que es la primera Stratocaster que se vendió en Irlanda), hasta su muerte en 1995.



Y lo de réplica / tributo se ha llevado hasta el máximo nivel. Como podeis ver en las fotos, cada aspecto de la guitarra original, tal como estaba en el momento en que el hermano de Gallagher, Donald, la entregó a la Custom Shop, ha sido reproducido, incluyendo el nivel de desgaste. Se dice que Rory tenía un sudor super ácido, que fué desgastando gradualmente el acabado hasta dejarla con la madera al aire.

Es la máxima expresión del fenómeno Relic, con mucha controversia asociada, ya que no deja de ser una guitarra nueva con aspecto de vieja, y eso gusta a todo el mundo. Personalmente, en cuanto dejo de intelectualizar y pongo las manos encima de la madera finísima del mástil gastado, y toco un acorde que suena como si de verdad supiera tocar, siento que me he comprado la guitarra de mis sueños, y que tengo algo muy especial entre las manos.