jueves, 29 de marzo de 2007

Con las botas puestas

Nunca me ha gustado la música de Lluís Llach, siempre la he considerado un muermo (de hecho, él mismo la calificaba de un poco somnífera), aunque reconozco que no me he parado a escuchar las letras.

Tampoco soy de los que le ensalzan y babean por su decisión de retirarse, como está haciendo mucha gente (ya sabéis, éste es el país del gregarismo, y sustituid país por Cataluña o España, lo que más os guste, porqué la frase funciona igual). Pienso que cada uno es libre de hacer lo que quiera, retirarse en un momento álgido o seguir hasta que el cuerpo aguante, ya que nadie nos pone una pistola en la sien para que compremos los discos o vayamos a los conciertos de los dinosaurios de la música.

Pero considero digna de alabanza la actitud de Llach en su último concierto. En lugar de dedicarse a la autocomplacencia, disparó sobre los políticos que tan mal están llevando este país (ya sabéis, sustituid otra vez), pese a encontrarse en las primeras filas la plana mayor de gobierno y oposición (o precisamente por eso).

Así, Lluís criticó a la "derecha neofascista" (todos sabemos de quienes habla) y a "la izquierda decimonónica española" en la cual se habían puesto tantas esperanzas (ídem). También habló de la "obsesión anticatalanista" de ciertos políticos españoles o del bochornoso espectáculo que dieron los gobernantes catalanes con la negociación del nuevo Estatut de Catalunya.

En definitiva, los que esperaban encontrarse a un Llach inofensivo en su último concierto, quedaron sorprendidos (grata o desgraciadamente, según) de que el cantaautor decidiera guerrear hasta el final y morir con las botas puestas.

2 comentarios:

Burdon dijo...

Leí en la web de la efe eme, hablando sobre la despedida de Lluís Llach de los escenarios que, si Serrat era el poeta del pueblo, el que conectaba con la gente sencilla i Raimón tenía el don de la inmediatez en cuanto a sus letras panfletarias, Lluís Llach además de firmar canciones que removían la conciencia de muchos en la época franquista, sabía crear melodías, harmonías para sus canciones, era además de un cantautor, un músico sobresaliente.

A mi ni me parece bien ni mal, simplemente me llama la atención que se haya hartado de tocar estos dos últimos años con la cosa de su tan anunciada despedida. Mira que si luego vuelve... claro, si vuelve después de mucho tiempo, pelillos a la mar, para entonces ya no le echarán en cuenta esas menudencias.

Un saludo Rafa, que la otra vez pasé por aquí pero no dije nada. :)

Jordi dijo...

Yo soy un seguidor de Lluís Llach, por su música, sus letras y por muchas de sus ideas aunque no todas, pero sobretodo por su coherencia. Más allá de modas o por quedar bien, siempre ha dicho lo que pensava y se ha mojado amenudo contra corriente. En momentos de dictadura, en tiempos de tranmsición, con los socialistas, con el PP, con CIU i con el Tripartito; socialmente, sexualmente, religiosamente, etc.

Creo que son valores que hoy en día merece la pena resaltar.

Por lo que se refiere a su despedida, creo que quedará un vacío que de momento pocos pueden sólo optar a llenarlo.
Creo que hacer en el último concierto el mismo que durante los últimos meses y no ponerse a cantar sus "grandes éxitos" demuestra su sencillez. Podría haber hecho de su último concierto un baño de masas con canciones emblemáticas y manejar al público haciendolo cantar, llorar, etc. Otra cosa es que parte del público sea muy (quizás demasiado) fan.

Jordi