lunes, 4 de marzo de 2019

Just One Night


Passito era un pub del centro de Tarragona, a 50 metros de la Rambla Nova. Un local estrecho y alargado donde no cabían más de 40 personas, y donde yo trabajaba de barman los fines de semana, hace algo más de un cuarto de siglo. Estaba frecuentado sobre todo por grupos de habituales que se dejaban caer por ahí cada noche de viernes y sábado, y que acostumbraban a irse cuando la persiana ya estaba medio bajada. Entre los parroquianos había un tal Manolo, un tío bajito y simpático que siempre tomaba lo que él llamaba un “blues”, que no era más que un Jim Beam con Coca-Cola (nunca he conocido a nadie más que nombrara así a este combinado, así que sospecho que fue él quien lo bautizó así). Y acto seguido, cuando ya tenía el vaso largo en la mano, inevitablemente pedía algún tema de Eric Clapton.

La colección de vinilos del Passito no era excesivamente lucida, y que yo recuerde sólo había un disco del músico británico: el Just One Night (1980), así que pinchábamos Cocaine o After Midnight mientras Manolo saboreaba su “blues”.

Me encantaban ambos temas, así que una noche de viernes me llevé el mentado disco a casa, a la mañana siguiente me lo grabé en una cinta, y al entrar a trabajar el sábado lo devolví a su sitio tras los tocadiscos. Desde entonces, ese directo, que he escuchado infinidad de veces y que siempre me ha fascinado, es mi álbum preferido de Clapton.

Mis temas favoritos… ¡Difícil elección! Me encanta cómo abre, muy al estilo Bob Seger, con el rocanrolero Tulsa Time. En seguida se adentra en los terrenos del blues con el clásico Early In The Morning, aunque la joya de este género en el disco es Worried Life Blues, tan usual en su discografía y que aquí dura 8 minutos y medio. También me gustan mucho el piano de If I Don’t Be There by Morning y el sabor 100% sureño de Setting Me Up, original de Dire Straits que aquí parece interpretado por Lynyrd Skynyrd. Y cómo no, la versión más frenética que he oído del After Midnight de J.J. Cale. 

Y ahora, la inevitable diatriba de abuelo Cebolleta. Passito no era el bar más rockero de la ciudad a principios de los 90, ni el más auténtico, y de hecho, había varios del estilo por el centro, en lo que a música se refiere.  Lugares donde igual sonaba una de El Último de la Fila o de Seguridad Social, que era los números uno por aquel entonces, como una de los Kinks o de los Dobbie Brothers. O sea, que ponías una canción de los 70 y no desentonaba: la gente la disfrutaba, e incluso la bailaba, y todos tan contentos.

En el 95% de los pubs de la Tarragona de hoy, al DJ se le ocurre pinchar Cocaine entre la nueva de Shakira y el Despasito de turno, y le queman la cabina con él dentro.



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