sábado, 15 de febrero de 2014

Asuntos pendientes


 La pasmosa facilidad con la que en estos tiempos de Internet es posible bajarse cualquier discografía hace difícil de creer lo complicado que era, hace 25 años, escuchar ciertos discos. La paga de un adolescente (al menos del que suscribe) no era para echar cohetes, así que sólo comprabas lo que estabas muy seguro que te iba a gustar. Luego podías grabarte en cinta lo que tus amigos te pasaban, pero como ellos también andaban caninos, su discoteca también era limitada, además de no coincidir siempre con tus querencias. Así que había LPs que tenían muy buena pinta, pero que al final no había manera de que llegaran a tus oídos, no digamos ya a la estantería de tu habitación.


Así que, resuelto a ocuparme de esos asuntos pendientes, desde hace unos meses intento recordar y hacerme con discos que me quedé con ganas de escuchar en mis años mozos, y tengo el iPod a rebosar de viejos clásicos del rock. Ahí están el primer y homónimo trabajo de Iron Maiden (1980), el Saints & Sinners (1982) de Whitesnake, el Keeper of the Seven Keys - Part II (1988) de Helloween e incluso el Nevermind (1991) de Nirvana, el cual nunca llegué a escuchar entero. Y ya puestos, y para completar el revival, también he incluido algunos de los primeros trabajos de otras bandas que me enloquecieron en aquella época, y cuyos inicios me pillaron demasiado joven. Así que por el reproductor también pululan el Toys in The Attic (1975) de Aerosmith, el Taken by Force (1977) de Scorpions o el Supertramp (1970) de Supertramp, una grupo cuya música nunca deja de sorprenderme.

Huelga decir que lo estoy pasando como un enano... La sensación de descubrir discos intemporales, ritmos que marcaron una época, sonidos que crearon escuela y que todavía hoy son 100% vigentes, no tiene precio. Y sobre todo, encontrar canciones que, si ahora que ya se ha inventado todo siguen siendo buenísimas, cómo debían ser entonces, cómo debían conmocionar a los jovenes de los 70 y 80, qué peso y qué calidad tenían para convertir a sus autores en leyendas.

Sinceramente, pienso que ahora se está haciendo buena música, en muchos casos a cargo de bandas que han mamado aquellos discos. Pero, y aunque suene a retrogrado, dudo mucho que los álbumes que hoy se publican, y que ahora disfrutamos, sigan teniendo de aquí 30 años la vigencia que tiene hoy el Back in Black (1980) de AC/DC, por poner un ejemplo. Y si no, al tiempo...

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