Un día de esos
Hoy es un día de esos que la llegada del cartero te deja más contento que unas castañuelas:
¿Qué hacía yo intentando que me gustara Coldplay?
Tras hora y media larga de éxtasis, sonaron sirenas de
policía a un volumen infernal (hasta los miembros del grupo tuvieron que
taparse los oídos) para dar paso a Dentro
de la ley, el single de su último
disco, que parecía que iba a cerrar el espectáculo. Pero aun había espacio
para una sorpresa más, ya que los hermanos Tormo terminaron con una
electrizante versión de My Generation de
The Who.
Otro de los daños colaterales ha sido el no
escuchar música durante semanas. Ha sido una sensación extraña el no
tener ganas de oir ningún tipo de música, el viajar en coche con el
radiocassette (¿todavía se llama así?) apagado, el tener el iPod con
varias novedades discográficas y ni siquiera atreverme a ponerme un
auricular en la oreja sana. La hinchazón y el embotamiento han sido tales
que he rehuido cualquier sonido innecesario, y he cambiado de bar o
plaza cuando detectaba que algún músico se disponía a tocar. Lo único
bueno del asunto es que he tenido algo más de tiempo para leer, y lo he
pasado en grande con Pureza (2016), la última novela de Jonathan Franzen.