miércoles, 20 de mayo de 2020

Vergüenza


Soy español. Hace casi medio siglo un espermatozoide fecundó un óvulo en un lugar entre los Pirineos y Gibraltar, y más o menos en el mismo sitio, 9 meses después, nací yo.  Así que soy español igual que soy catalán e igual que soy tarraconense: por puro azar. Si esa coyuntura se hubiera dado 300 kms. más al norte hubiera sido francés, y si lo hubiera hecho 800 kms al sur, sería marroquí. Y si lo hubiera hecho 10.000 kms. al este, chino. Así que no le veo sentido a decir que me "siento" español, ni me puedo enorgullecer de ello, ya que no ha requerido por mi parte ningún esfuerzo, ni siquiera es algo que haya decidido por voluntad propia. Igual que no me puedo "sentir" castaño o estar orgulloso de haber nacido en agosto. Ha sucedido, y ya está.

Del mismo modo y por idénticas razones, tampoco debería avergonzarme por ser español. Y desgraciadamente, en momentos como los que estamos viviendo, he de decir que sí me ocurre. Enciendo el televisor y siento un bochorno horrible por haber nacido en este país.

Los causantes de esta vergüenza es la clase política (y aquí "clase política" es un oxímoron) que ha gobernado durante décadas España, y que ahora se encuentra en la oposición, a la que hay que sumar al resto de partidos de derecha y ultraderecha. Mientras en el resto del mundo las formaciones políticas de la mayoría de países han aparcado sus diferencias y se han unido para combatir la pandemia del COVID-19, aquí, desde el minuto uno, las hienas del PP, Cs, VOX, JxCat, etc. se han lanzado a sacar rédito político del desastre, a arrancar a dentelladas los votos que puedan de las tumbas de los muertos sin funeral que ha dejado el virus a su paso.

Recuerdo a Pablo Casado diciendo, al inicio del Estado de Alarma, que era el momento de apoyar al Gobierno, pero que ya llegaría el momento de depurar responsabilidades cuando acabara la pandemia. No se lo creían ni ellos. Aún no había llegado el virus a su apogeo, anotándose muertes y estrangulando a sanitarios y servicios esenciales, y ya estaba la maquinaria pepera escupiendo su crítica tóxica y destructiva, sin respeto alguno por los que se estaban dejando la vida en los hospitales, laboral y literalmente hablando. No era cuestión de dejar que todos los votos que se cosechan sembrando odio en tiempos convulsos se los llevaran los neofascistas de VOX, afianzados desde hacía días en la trinchera de los cobardes con su metralleta de disparar mierda. Y el resto de formaciones de derecha, tanto constitucionalistas como nacionalistas, también a lo suyo: buitres revoloteando sobre el camposanto para lanzarse en picado y hacerse con su pedazo de carroña.

Todos tenían másters en epidemiología, todos sabían más que los científicos sobre enfermedades contagiosas, todos tenían una experiencia abrumadora en pandemias desconocidas. Lo que movía a los médicos e investigadores que proponían las precauciones sanitarias eran intereses políticos. Lo suyo era altruismo, patriotismo, amor desinteresado a esa España encerrada y atemorizada.

Y ahí siguen unos y otros, en su estrategia de acoso y derribo, alentados por las encuestas electorales que les auguran los votos prometidos. Llamando al golpe de estado, azuzando a sus acólitos de pelo engominado y chaleco Ralph Lauren, exhortando a los ciudadanos de bien a que desobedezcan las ordenanzas sanitarias y salgan a la calle a salvar al país de las hordas comunistas. Es el momento de sentirse ESPAÑOL, de demostrar con cacerolas en las manos y envueltos en trapos de colores el orgullo patrio, a falta de méritos propios de los que sentirse orgulloso. El partido del gobierno nunca ha sido santo de mi devoción, considero que tiene muchas cosas malas. Pero lo de la derecha casposa y recalcitrante de este país es otro nivel, es jugar en otra liga.

Los científicos encontrarán una vacuna contra el virus. Pero no contra la mezquindad.

lunes, 11 de mayo de 2020

Fleetwood Mac, 1975

Cuando Mick Fleetwood escuchó a Lindsey Buckingham y Stevie Nicks en los estudios de grabación Sound City, inmediatamente propuso a John McVie ficharlos para su próximo álbum. "No es el estilo de música que nosotros hacemos.", replicó John. "Pues cambiaremos de estilo.", contestó Mick.

Pocas decisiones han sido más acertadas en la historia de la música. El resultado fue Fleetwood Mac (1975), que estableció el sonido del grupo durante el resto de su carrera, y que precedió al disco de ventas millonarias Rumours (1977).

No todos los temas de este redondo son los himnos que conforman el Rumours, pero cada uno es una pequeña joya. Algunos se convirtieron en clásicos de la banda, como World Turning, Landslide o Rhiannon (muchas mujeres de EEUU nacidas durante el movimiento hippie de finales de los 60 se llaman Rhiannon por la canción). Y otros quizás son menos conocidos o cayeron de los futuros repertorios de The Mac. Pero todos son excelentes: canciones elegantes sin ser presuntuosas, suaves sin ser empalagosas, enérgicas sin ser estridentes, oníricas sin ser psicóticas... No sé cuantas decenas de veces he oído el álbum desde que lo compré en vinilo hace varias décadas, pero acabo de darle una nueva escucha y a pesar de tener 45 años, sigue siendo sublime.

Me cuesta quedarme con solo 2 o 3 canciones, ya que las cantadas por Lindsey Buckingham, Christine Mcvie y Stevie Nicks son tan diferentes que no se pueden comparar entre sí. Así que por elegir una de cada cantante, me inclinaría por Blue Letter, versión de un tema country a cargo de Buckingham; Warm Ways entre las que interpreta McVie, y la mencionada Rhiannon susurrada por la increíble voz de Nicks. Pero como digo, todas son geniales, y es el conjunto, esa disparidad de voces y sonidos que constituyen un bloque homogéneo, lo que hace de Fleetwood Mac un disco atemporal.

miércoles, 29 de abril de 2020

10 álbumes de canción de autor

A menudo utilizo este blog para reivindicar la canción de autor. Así que vamos con 10 discos que se cuentan entre mis preferidos del género, y a los que regreso una y otra vez.
 
1. La Mandrágora (1981), de Javier Krahe, Joaquín Sabina y Alberto Pérez

 
2. Esta boca es mía (1994), de Joaquín Sabina
  

3. Atrapados en azul (1997), de Ismael Serrano
 

4. Pafuera telarañas (2004), de Bebe
  

5. Volviendo a casa (2006), de Alejandro Martínez
  

6. Dramas y caballeros (2009), de Luis Ramiro
 

7. Secretos de sumario (2010), de Dani Flaco
 

8. Persona, animal o cosa (2011), de Rafa Pons

 
9. El día de suerte de Juan Gómez (2014), de El Kanka
 
10. El viaje (2016), de Juan Perro
 
 
En esta lista de imprescindibles he intentado poner un álbum por artista, pero inevitablemente el dios y maestro de los cantautores españoles se ha colado dos veces. Otro día hago una lista con los que para mí son sus 10 mejores trabajos.

lunes, 13 de abril de 2020

Flaco tributo a Sabina

Si hace 20 años se hubiera publicado un homenaje a Joaquín Sabina, muy probablemente lo hubiera comprado, dado que en esa época me interesaban este tipo de productos, y además aparecieron algunos la mar de interesantes (por ejemplo, el disco tributo a Antonio Vega, a Enrique Urquijo o el primer volumen de los dos que se dedicaron a Serrat). Pero el elenco artístico que copa el panorama nacional, y porque no decirlo, también mis gustos, han cambiado sustancialmente desde entonces. Y ahora, en 2020, he de reconocer que este tipo de producciones despiertan en mí poco interés.
 
Ojo, que nadie se equivoque: con permiso de Cervantes, sigo considerando al de Úbeda el genio más grande que ha parido España, y es precisamente por esta razón por la que repudio obras como ésta que hoy nos ocupa: hay que tener muy poco arte para no emocionar cantando letras de Sabina. Pero eso es lo que ocurre en este Ni tan joven, ni tan viejo (2019): las interpretaciones, empapadas en ese "triunfismo" imperante desde que el concurso de marras canonizó cómo tenían que ser las versiones para llegar a la masa, son ñoñerías carentes de honestidad, de garra, y se convierten en coplas edulcoradas, sin chicha ni limoná, "sin carne ni pecado", que diría Joaquín. Las revisiones a cargo de Alejandro Sanz, de Melendi, de Leyva y un largo etcétera así lo demuestran, y en algunos casos incluso llegan al patetismo. ¡Que desastrosos Estopa perpetrando Pacto entre caballeros, que despropósito Mikel Erentxun convirtiendo Lo niego todo en un esperpento indie!

Por suerte, 3 o 4 temas se libran de la quema (de los 25 que recoge el disco). Robe traslada con éxito Calle Melancolía a su nuevo sonido post-Extremoduro. Ismael Serrano y Funambulista abordan con solvencia Eclipse de mar. Y me ha sorprendido una tal Vanesa Martín, una chica que creo que es famosilla pero que nunca había escuchado, y que se marca una meritoria versión de Yo también sé jugarme la boca.

Pero la joya del redondo va a cargo de una tal Travis Birds, con letra de Benjamín Prado, poeta, escritor y coautor de muchos de los últimos temas del homenajeado. 19 días y 500 noches después es una acertada continuación de la famosa canción, en este caso desde el punto de vista de la protagonista femenina. Una pequeña maravilla llena de guiños al universo Sabina y con una frescura irresistible, tanto en lo musical como en lo lírico.
 
 
Así pues, aviso para sabineros: si buscáis este Tributo a Sabina en Spotify o en otra plataforma de streaming, dadle un escucha rápida a los temas, haced una playlist con los 4 o 5 que no os chirríen demasiado, y desterrad al resto "donde habita el olvido".

domingo, 29 de marzo de 2020

Discos que no te salvarán la vida XV

Vamos con una nueva entrega, más bluesera imposible, de Discos que no te salvarán la vida (pero que te pueden alegrar el día), hoy rebautizada como Discos que no te salvarán la vida (pero que te pueden alegrar el confinamiento).


Blues Blues Blues (1999), de The Jimmy Rogers All Stars. El que fuera miembro de la banda de Muddy Waters grabó este discazo en 1997, pocos meses antes de su muerte. ¿Y quién son los All Stars? Pues ni más ni menos que, atención a los fichajes: Mick Jagger, Keith Richards, Robert Plant, Jimmy Page, Eric Clapton, Lowell Fulson, Taj Mahal, Jeff Healey y John Lee Hooker, entre otros genios. Un álbum con temas propios de Rogers (Lubella, That's All Right...) y clásicos del género (Sweet Home Chicago, Trouble No More, Worried Life Blues...). Una maravilla a cargo de uno de los artífices del sonido que caracterizó al blues de Chicago.

Blues to The Bone (2004), de Etta James: La enorme Etta James se zambulló de pleno en los terrenos pantanosos del blues en 2004 para grabar esta joya bien surtida de clásicos, entre ellos el That's All Right del arriba mencionado Jimmy Rogers. Got My Mojo Working, Hush Hush, Dust My Broom, Smokestack Lightnin'... Un repertorio infalible sin caer en los tópicos, reinterpretado por la versátil voz de la diva. Segunda maravilla de la tarde.

All Blues (2019), de Peter Frampton Band. Otro que se zambulló de lleno en el blues, en este caso el pasado año, fue el incombustible Peter Frampton. En activo desde finales de los 60, el último trabajo de Frampton es ni más ni menos que otra gran colección de clásicos: I Just Want to Make Love to You, She Caught The Katy, The Thrill Is Gone... Otro imprescindible para los amantes del género, y tercera maravilla para sobrellevar con blues la pandemia causada por el COVID-19 y la madre que lo parió.