lunes, 27 de julio de 2015

Mi canción del verano 2015

¿Shakira? ¿Alejandro Sanz? ¿King Africa? ¿Georgie Dann? ¿El Koala? ¿Zapato Veloz? ¿Puturrú de Fuá? ¿De quién será mi summer song de este año? Si antes estaba desconectado de la radiofórmula y lo poco que sabía de los hits estivales era lo que oía por los bares, ahora que soy un padre "respetable" (toma eufemismo) que frecuenta "poco" (eufemismo number 2) los ambientes nocturnos, hay tantas posibilidades de que mi canción del verano coincida con la "oficial" como de que Pablo Albarán saque un disco de Nu-Metal.

Ya conté hace unas semanas que, para el que suscribe, el mejor álbum de este 2015 estaba siendo el Wonder Days de Thunder. He escuchado algunas novedades discográficas más de las publicadas este año, pero ninguna le llega a la altura del betún al discazo de los británicos. Así que la canción que me pongo cuando salgo del trabajo, cuando quiero una apuesta segura que me suba la moral, cuando encaro hacia la playa o la piscina, tenía que salir de este magno trabajo. Y la elegida es el sexto corte, un temazo llamado Resurrection Day que suena así de potente:



Otras canciones de otros veranos:

domingo, 12 de julio de 2015

Un adiós a Krahe


La pasada noche fallecía, a los 71 años de edad, el grandísimo Javier Krahe. No voy a hacer aquí un repaso a su trayectoria, con la obligada referencia al disco La mandrágora, de eso ya se encargarán los periódicos de mañana. Pero sí me gustaría realzar la importancia de su lírica magistral, que ha influido a tantos y tantos cantautores de este país. Su dominio del lenguaje era tal que solo Sabina, alumno aventajado, estaba a su altura, y la mordacidad de sus letras era única. A esas canciones ácidas, insolentes, coñonas, a la vez que estilísticamente insuperables le acompañaba el personaje: su flema era su rasgo más característico, y las dos veces que tuve la suerte de disfrutarlo en directo dio muestras de ella, con una desternillante sobriedad que me recordó al genial Eugenio.

En los últimos años se le adivinaba frágil, y de hecho en esas dos ocasiones tuvo que interrumpir alguna de las interpretaciones por un ataque de tos. Pero, cínico hasta la médula, Krahe no podía evitar reírse hasta de sí mismo y por ende de su precaria salud, y en 2010 publicó un álbum con el sublime título de Toser y cantar.

He estado pensando cuál de sus canciones era mi favorita, para que acompañara este pequeño homenaje: Villatripas, Un burdo rumor, La tormenta, Marieta, Ciencias ocultas, Los caminos del Señor, Ron de caña, Nos ocupamos del mar, En la costa suiza, Navalagamella... Me ha sido imposible decidirme . Así que he elegido la que, dada su escasa querencía por la fama y el reconocimiento público, creo que le sirve mejor como epitafio. D.E.P.



Y todo es vanidad

Gracias a mi conducta vagamente antisocial
temo no verme nunca encaramado a un pedestal:
no alegrará mi efigie el censo de monumentos,
no vendrán las palomas a rociarme de excrementos.

Y es una pena, la verdad,
porque sería muy bonito
seguir de adorno en mi ciudad
sobre un bloque de granito.

Pues qué penita y qué dolor,
no tendré estatua, no señor.

Gracias a mi postura más bien anticlerical
no será un siglo de éstos cuando entre al santoral:
no acudirán beatas a pedirme un milagrillo,
no vendrán los ladrones a vaciarme mi cepillo.

Y es una pena, la verdad,
porque tenía cierta gana
de echarle un ojo a la deidad
mientras me doran la peana.

Pues qué penita y qué dolor
no tendré culto no señor.

Gracias a que mi musa se las da de cerebral
son pobres mis compases para expresión corporal:
no danzarán mis prosas las reinas de discoteca,
no vendrán los carrozas a hacer su gimnasia sueca.

Y es una pena, la verdad,
porque sería algo inefable
cambiar la torpe realidad
y ser o Borges o bailable.

Pues qué penita y qué dolor
no tendré el Nobel, no señor.

Gracias a mi tozuda decisión existencial
no cabe entre mis planes dar ningún salto mortal:
no gozará las honras funerales mi alma en pena,
no vendrán los gusanos a tirar de la cadena.

Y es una pena, la verdad,
porque sería algo divino
ver cómo todo es vanidad,
y yo en decúbito supino.

Pues qué penita y qué dolor
no tendré esquela, no señor.

jueves, 25 de junio de 2015

Volviendo a las andadas

Si hace unos tres años me congratulaba porque los Blues Traveler habían publicado un trabajo digno tras unos LPs de lo más decepcionantes, hoy me apena decir que aquello fue sólo un espejismo. Y es que los neoyorquinos han vuelto a pifiarla en su último álbum, Blow Up The Moon (2015). A diferencia de algunos de sus discos de la década del 2000, que eran bastante experimentales y sosos, hay que decir que los Blues se han ido al otro extremo: la comercialidad. Resulta que ahora van de rollo reggae, funk, rap y mucho "na-na-nah" pastelero. En cada tema van acompañados de  grupos y artistas invitados, algunos conocidos como Hanson y otros que no le suenan ni a sus respectivos padres, como unos que se llaman 3OH!3 (¿cómo diantre se debe pronunciar eso?). El resultado es una colección de canciones facilonas y predecibles, que quedarían de fábula en el típico anuncio estival de cervezas, pero que no soportan más de tres escuchas.

En fin, seguiremos disfrutando de sus primeros discos, aquellas joyitas como su homónimo Blues Traveler (1990) o el superventas Four (1994). Pero queda clarito clarinete que los BT de ahora no son ni la sombra de lo que fueron.

sábado, 13 de junio de 2015

¿El disco del año?

Whitesnake, The Darkness, The Poodles, Nubian Rose, Halestorm, Santa Cruz, Hinder... Varios de mis grupos favoritos están publicando nuevo trabajo este 2015. A algunos ya les he echado una oreja, y a otros todavía no he tenido ocasión. Pero, y aun a riesgo de equivocarme ya que todavía no estamos ni en verano, me parece que ya sé cuál va a ser para mí el disco del año: el inesperado come back de los británicos Thunder, con su Wonder Days (2015). Una maravilla de álbum que cuanto más escucho más me gusta, y eso que ya lo he escuchado un porrón de veces..

En diciembre confirmaré si mi corazanada resultó cierta o si me equivoqué y descubrí algo mejor durante la segunda mitad del año. Pero alto, que digo alto, altísimo, ha puesto el listón la banda de Danny Bowes.



viernes, 22 de mayo de 2015

Santa Cruz: ¿héroes o villanos?

Grandes expectativas había generado el anuncio del nuevo álbum de los finlandeses Santa Cruz, después de aquel celebradísimo Screaming for Adrenaline (2013). El amigo Sammy lo etiquetó como "el mejor disco de hard/sleazy de los últimos 15 años", y yo mismo escribí que "si lo hubiera firmado Mötley Crüe en lugar de los debutantes Santa Cruz, todos estaríamos hablando del resurgir de la banda californiana".

Pero los dos primeros adelantos, en forma de vídeo (We Are The Ones to Fall y Wasted 'n' Wounded) trajeron el desconcierto: eran temas rarunos, con poco que ver con obras clásicas del sleaze, y convirtieron las esperanzas en recelos.

Finalmente, hace unas semanas el álbum, homónimo al grupo, vio la luz, y las sospechas se han confirmado. Ya desde los primeros compases que lo abren, de la canción Bonafide Heroes, nos damos cuenta que estamos ante un trabajo extraño. Al parecer, la joven banda ha intendado buscar un sonido propio que les distinga de las hordas de grupos revival que pululan actualmente por el hard rock actual (léase Steel Panther, The Darkness, Reckless Love, H.E.A.T., Love Cream, Deadly Sin...). ¿Consiguen los fineses este sonido propio? Pues sí y no. En sus nuevas canciones, los Santa Cruz captan influencias no sólo del sleaze, sinó también de muchas otras variantes del hard rock, tanto de los 80 como posteriores: hair-metal, grunge, post-grunge, crossover, funk-rock, rap... Así que en este trabajo son capaces de sonar a Bon Jovi, Anthrax, The Offspring, Red Hot Chilli Peppers, Rage Against The Machine... ¡todos en la misma canción! Es decir, no recuerdan a nadie en concreto, y a muchos a la vez.

Además, en mi opinión abusan de los coros del tipo "uo-uo-uoh" y "na-na-nah" y, sobre todo, de los estribillos, repetidos hasta la saciedad en cada tema. De hecho, a menudo, más que canciones "al uso", son reiterados estribillos conectados por solos de guitarra, batería, o los mencionados coros. Sirva como ejemplo el último sencillo extraído del LP, My Remedy:


A pesar de todo, he de decir que el Santa Cruz (2015) no me parece malo, y de hecho muchas cosas buenas se pueden decir de sus canciones: son enérgicas, descaradas, insolentes, atrevidas, y la notable destreza técnica de estos mocosos aporta algunos momentos brillantes. Pero, tras varias escuchas, el resultado global me sigue pareciendo desconcertante, y me deja una sensación entre "esto me suena" y "¿pero esto qué es?".

Me queda la duda de cómo soportará el paso del tiempo este disco. ¿Tanto estribillo y tanto gritito acabarán por hacerse pesados? ¿Será un álbum que iré recuperando de vez en cuando, o quedará olvidado en la jungla de bits de mi disco duro una vez lo saque del iPod? De momento, lo estoy disfrutando (sin que me vuele la cabeza), pero los meses dirán qué valoración final le doy a este experimento que todavía hoy me tiene descolocado. Y habrá qué ver qué senda siguen los fineses, si la de este sonido "propio pero ajeno", o la del sleaze revival de su debut. Las ventas y los bolos en esta nueva aventura lo dirán.