Sala Zero (Tarragona), domingo, 23 de febrero de 2025. Si hace 33
años, una noche de sábado de ésas en las que salíamos de juerga por Salou, alguien
hubiera dicho que uno de nuestro grupo acabaría tocando con Los Toreros
Muertos, le hubiéramos preguntado si le había subido ya el calimocho, o si
se había comido un pedazo de pastel de ésos que hacía Inés.
Pero la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, y el hecho es
que, desde hace un tiempo, nuestro amigo Albert es ni más ni menos que
el bajista oficial y de pleno derecho de la banda de Pablo Carbonell.
Así que, viendo que tocaban en la Sala Zero, su plaza habitual cuando vienen a
Tarragona, allí que nos fuimos a verlos y a reencontrarlo.
El bolo, como en las anteriores ocasiones, fue fantástico. La sala a reventar. Los músicos de diez. El frontman Carbonell
en plena forma pese a sus 62 tacos y a ser el tercer día consecutivo de
concierto (me sorprendió el vozarrón que sigue luciendo). Y el show y la puesta en escena, desternillante desde los primeros compases del Probando, probando con el que siempre abren sus espectáculos.
Al repertorio habitual, los himnos de finales de los 80 que todos los asistentes coreamos a voz en grito (Pilar, Yo no me llamo Javier, Soy falangista, Mi agüita amarilla...) le añadieron algunos temas de su primer disco en estudio en años, 100.000 copias vendidas en una semana
(2024), con lo que quedaron sus buenas dos horas de música y jolgorio,
un conciertazo redondo, mondo y lirondo que dejó satisfecho al más
exigente.
Cuando terminó estuvimos un rato
hablando con Albert, que se confesó feliz como un anís en esta
inesperada andadura musical (la verdad es que creo que en pocos grupos
te lo puedes pasar mejor que con los Toreros Muertos), recordamos alguna
que otra batallita, nos contó que ahora se iban a girar por
Latinoamérica, y todos contentos con el reencuentro y con poder
disfrutar, uno como miembro y nosotros como público, del grupo más
gamberro de nuestros años mozos, tres décadas y pico después.