lunes, 2 de abril de 2018

Listas

Hace unas semanas comenté que he creado tres listas públicas en Spotify: Blues that Rocks, Jazz in High Heels y White Trash Blues: The Originals. Ahora les he hecho unas portadas más o menos apañadas, y las he puesto en la columna derecha del blog, apartado Nuestras listas de Spotify (clicando sobre cada imagen se accede a la playlist en cuestión).

La idea es ir haciendo algunas más, cuando tenga tiempo, e irlas colgando ahí. De momento, las tres que hay son la mar de recomendables, en mi humilde opinión. Echadles una oreja, y ya me diréis.

lunes, 19 de marzo de 2018

El Día del Padre

Mis hijas y yo tenemos un trato para el trayecto matinal de casa al cole: un día eligen ellas la música, al siguiente la elijo yo, y así sucesivamente. Cuando me toca a mí, como de un tiempo a esta parte estoy muy en plan revival guitarrero, pongo sobre todo blues y blues-rock. Y últimamente, cuando les toca a ellas, la canción que suena en el coche es A desobeceder, de El Kanka. En bucle. Sin descanso.


Y yo me pregunto: el Tribunal Internacional de los Derechos Humanos, ¿a partir de cuántas reproducciones consecutivas considera "tortura" una canción? ¿Tengo derecho a solicitar a UNICEF algún tipo de compensación? Si me quedan secuelas irreversibles, ¿las cubre la Seguridad Social o tengo que reclamar a la SGAE? Que conste que la canción me gusta, pero cuando la has oído más de 300 veces, digamos que empieza a perder "ligeramente" su encanto.

Por suerte para mí, ellas todavía son pequeñas para saber que, con una simple llamada, tendría a Servicios Sociales, al Instituto de Protección a la Infancia y al mismísimo Torrebruno aporreando mi puerta. "¿Qué es esto de castigar a niñas de 3 y 6 años con clásicos de B.B.King, Gary Moore o Eric Clapton? ¿Sabe usted los traumas que puede causar en el tierno cerebro de una criatura el At Fillmore East de los Allman Brothers? ¿Es consciente que le puede caer Prisión Perpetua Revisable por consumir la discografía de Taj Mahal ante menores?".

Pese a todo, intuyo que algún día, que llegará antes de darme cuenta, echaré de menos estos momentos, el escuchar la misma canción una y otra vez y cantar los tres a grito pelado aquel estribillo que reza "Prohibidores, a prohibir / Nosotros a desobedecer". Y sé que ellas reirán recordando cuando el carcamal de su padre contraatacaba con música infernal de guitarristas del Pleistoceno.

Feliz Día del Padre a todos.

lunes, 12 de marzo de 2018

The Soul Jacket en la Sala Zero

Sala Zero (Tarragona), viernes, 9 de marzo de 2018. Antes de nada, decir que The Soul Jacket es de aquellos grupos que, sobre el papel deberían gustarme: músicos solventes, estupenda voz, y una ecléctica selección de estilos que en general me encantan: soul, blues, southern, roots... Y sin embargo, no me acaban de convencer: por más oportunidades que doy a sus discos, no consigo que me entren.

Pese a ello, tenía esperanzas que en vivo serían otra cosa, como ya me ha pasado con otras bandas que en estudio me dejan indiferente pero en concierto resultan arrolladoras. Lamentablemente, no fue así. Quizás fue por la escasez de público (3 o 4 decenas de personas que daban un aspecto de lo más desangelado a la sala). Quizás por ceñirse demasiado a la producción original de sus temas y no intentar sorprender. Quizás por no querer caer en los manidos (aunque a menudo efectivos) trucos de los directos (solos incendiarios, versiones inesperadas, bromas con el público...). Quizás por la sobriedad de sus músicos, exceptuando tal vez a batería y voz... Pero el hecho es que, al menos para mí, ni fu ni fa. Hubo gente que disfrutó, que conste, pero yo lo encontré un concierto espeso, falto de chispa, donde los ingredientes eran los correctos (buenos músicos, buena voz, buenos temas, predisposición del público...) pero el resultado fue descafeinado.
 

Habrá que dar otra oportunidad a estos gallegos, no ha de ser fácil sobrevivir en la escena musical española con su apuesta tan profundamente de raíces (americanas, se entiende). Tal vez en una ocasión futura consigan convertir el concierto en una fiesta. Por desgracia, el pasado viernes no fue así.

lunes, 5 de marzo de 2018

¡Conciertazos!

Madre mía, el par de conciertos que se avecinan a dos pasos de mi ciudad, concretamente en Reus.

El domingo, 11 de marzo, actuará ni más ni menos que King África, máximo exponente de la fusión de ritmos latinos, jamaicanos y africanos. El hombre que arrebató el título de "Rey" a Elvis, gracias a incontables temas que ya forman parte de la historia de la música como La bomba o... bueno, ¿quién no podría enumerar decenas, cientos de éxitos suyos sin demasiado esfuerzo?

¿Y qué decir de estas otras dos leyendas vivas? Andy y Lucas, los Plant y Page andaluces, sacudirán Reus hasta los cimientos el próximo 8 de abril, también domingo. Leí una vez en Twitter que si la RAE eliminara la palabra "niña" del diccionario, los discos de Andy y Lucas serían instrumentales. Pura envidia. La lírica de los gaditanos, que bebe de fuentes tan diversas como el Siglo de Oro español, la literatura rusa del XIX, la Generación Beat o el Realismo Mágico, les ha valido el reconocimiento internacional de los más grandes escritores de nuestro tiempo, como E.L. James, Dan Brown o Belén Esteban.

Además, por si el éxtasis de ver en vivo tanto a King Africa como a Andy y Lucas no fuera suficiente, ambos shows vendrán acompañados, mucho ojito, de... ¡vermut pachanguero! ¿Pero alguien en su sano juicio puede perderse semejante orgía para los sentidos?

Qué nervios, Dios mio, qué nervios.

lunes, 26 de febrero de 2018

Momo reina en Tarragona

Sala Zero (Tarragona), 24 de febrero de 2018. No soy demasiado de bandas tributo, y si además los "tributados" son los inigualables Queen, mis reticencias eran más que comprensibles. Pero me recomendaron encarecidamente a este tal Momo, y como el cuerpo me pedía música in live, lié a cinco amigos y allí nos plantamos el pasado sábado, en una Sala Zero prácticamente llena.

Hay que decir que el concierto empezó frío. Cuando entró el tal Momo, que recuerda más a Roberto Benigni que al gran Freddy Mercury, e interpretó casi de corrillo las tres primeras piezas (One Vision, Tie Your Mother Down y Ogre Battle, ciertamente no de las más celebradas de la banda británica), me pregunté... ¿dónde diablos me he metido?

Pero la cosa pronto se animó. ¡Y vaya si se animó! Momo presentó a los músicos y juntos atacaron Love of My Life y Under Pressure para luego abordar un medley variopinto con temas clásicos (lo abrió A Kind Of Magic) y otros menos evidentes (como Lazy in A Sunday Afternoon, que me encanta). Bajo, batería y sobre todo guitarra resultaron ser unos músicos excepcionales y muy compenetrados, y el tío al mando de los samplers, un tal Manolo Gil, se convirtió en uno de los protagonistas de la noche gracias a sus bromas, menciones a Marta Sánchez incluídas.

Momo y los suyos consiguen algo muy difícil, dado el calibre del grupo al que homenajean: llevarse las canciones a su terreno y hacerlas suyas, sin caer en parodias ni  imitaciones burdas. El cantante goza de un carisma, una simpatía y una soltura envidiables con las que se metió al público en el bolsillo. Y por supuesto, unos registros vocales excelentes, que le hacían desenvolverse con comodidad por lo más exigente del ecléctico repertorio de Queen.




Fueron cayendo Somebody to Love y Don't Stop Me Now, ambas coreadas por el respetable a voz en grito. Aquello era ya una fiesta. Pero otra de las cualidades de esta banda tributo es no limitarse a las canciones más tópicas. Momo se tomó un descanso y dejó a su supergrupo interpretando un segundo medley, esta vez instrumental, con algunas de las canciones más cañeras de la Reina, la mayoría de sus dos primeros discos. Volvió a brillar el guitarra, que hizo lo propio que el cantante: no intentar imitar a Brian May, sino llevarse los riffs y solos a su terreno y reinterpretarlos con un feeling espectacular, para asombro y goce de los asistentes. Acto seguido, volvió Momo, vistiendo una chaqueta blanca con pedrería, y se subió a la barra de la Sala Zero para marcarse unos off topic: Billie Jean de Michael Jackson, Living on A Prayer de Bon Jovi, Another Brick in The Wall de Pink Floyd, With or Without You de U2, para volver al escenario con The Best de Tina Turner.

El show regresó al grupo estrella de la velada con la ochentera I Want to Break Free. La gente no se cansaba de gritar, de aplaudir, de jalear a Manolo, de reír con las bromas, y de disfrutar con el ambiente y el buen rollo que se formó entre los congregados. Las canciones y los minutos se sucedían rápido, y así como quien no quiere la cosa, pasaron más de dos horas y una buena retahíla de obligados éxitos (We Will Rock You, We Are The Champions...), hasta que se aproximó el fin. Bohemian Rhapsody fue la exquisita guinda final a este pedazo de espectáculo. La banda saludó con la manida The Show Must Go On (esta vez la original) sonando de fondo, y la sala ovacionó. Una gran noche de fiesta y diversión. ¡Dios salve a Momo!