"Tanto tiempo pa’ poder sacar un disco / y hoy resulta que
se venden más los libros", cantaba Rafa Pons en su primer trabajo, allá
por 2007. Las cosas no han cambiado mucho desde entonces, y Joaquín Sabina, que como no trata de ocultar, sigue haciendo discos y giras por la pasta, ha decidido publicar este Incluso la verdad (2017), escrito a dúo con Benjamín Prado, coautor de la lírica de su último álbum Lo niego todo (2017).
El
libro es poco más que la recopilación de las letras del disco, más un breve
texto sobre el proceso compositivo de cada una de ellas, algunas fotos,
y otros tantos dibujos de Sabina. Es decir, lo que vendría a ser un booklet un poco currado de los que acompañan a los CDs. Pero claro, por un booklet no te soplan más de 20 euros, y de alguna manera hay que mantener al mundillo de la música y a sus artífices. Y si los royalties de Spotify son miseria y compañía, bien está arañar 4 duros con este Incluso la verdad.
Aunque la verdad verdadera es que el resultado no tiene excesivo
interés, y que no deja de ser un producto única y exclusivamente para
fans y fetichistas de todo lo que conforma el Universo Sabina.
Sala Zero (Tarragona), viernes, 21 de septiembre de 2018. Tras un verano prácticamente en blanco en lo que a música en vivo se refiere, iniciamos otoño y la temporada de conciertos con esta Whole Lotta Band:
una banda tributo a Led Zeppelin que congregó una muy respetable
cantidad de público en la Sala Zero tarraconense, y en plenas fiestas de
Santa Tecla, lo cual no es fácil dada la cantidad de eventos que
saetean la ciudad esa noche de viernes.
De
Mallorca llega este fantástico grupo, aunque el cantante es argentino.
Buena puesta en escena, todos los músicos excelentes, buen arsenal de
instrumentos, el mentado cantante saliendo airoso en la difícil tarea de
ponerse en la piel de Plant... Y por supuesto, gran repertorio, lo más
mejor de la banda que reinó en los 70 y cuyo legado perdura medio siglo
después, atrayendo a fans y a neófitos como yo.
Bravo
pues, por esta Whole Lotta Band, y a ver qué otras alegrías nos depara
esta nuevo curso "conciertil", que viene con algunas sorpresas
interesantes.
Mediante una de esos retos que circulan por Facebook, mi brother (y antaño coautor de este blog)
David me ha propuesto confeccionar una lista de Spotify para afrontar
con dignidad (es decir, sin echarse a llorar) el fin de las vacaciones, y
encarar con energía el mes de septiembre que recién empezó.
Como normalmente no escucho listas, sino discos enteros, he escogido
una canción de algunos de los álbumes a los que estoy dando caña
últimamente. El resultado es el siguiente, y aunque he de decir que no
alcanza el nivel de David (su lista está muy chula), sí puede servir
como medicina para neuronas maltrechas, tras las lesiones ocasionadas
por la chapa del anillo de Jennifer López, los golpes de cintura de
Álvaro Soler, y otras lacras estivales.
Que ustedes la disfruten, y a consolarse con el hecho que, hasta el año que viene, no vuelve a haber canción del verano.
Se acabaron los días de vacaciones, 15 de los cuales los hemos pasado cerca de Nijmegen,
ciudad holandesa a escasos kilómetros de la frontera alemana.
El libro
que me llevé al viaje y leí durante esas dos semanas fue I Put a Spell on You, la autobiografía de Nina Simone, publicada en 1992. Interesantísima la vida de esta leyenda del blues,
con una infancia dura (como la de todos los niños de color que nacieron
durante la gran depresión) y que llegó a superestrella del género un
poco por casualidad, ya que iba para pianista clásica. Una mujer con una
personalidad y una fuerza arrolladoras, muy implicada en la lucha por
los derechos civiles de los negros y con una vida de lo más agitada.
Me
ha sorprendido del libro que, a diferencia de lo que suele ser habitual
en las biografías de músicos, Nina habla poco de artistas que le
influenciaron, productores, estudios, compositores, del proceso
creativo... Pero a cambio, sí se desnuda en el terreno emocional, y
cuenta sin tapujos sus ilusiones, sus miedos, su vida sentimental y
sexual, sus creencias religiosas e incluso místicas. Aunque hay que
decir que, al ser la autora (coautora, de hecho), a menudo suaviza o directamente se
sacude las culpas de ciertos temas incómodos, como sus problemas con el
fisco o la ruptura con su marido y manager, u obvia ciertos temas importantes, como el trastorno bipolar del que fue diagnosticada a finales de los ochenta.
Sea como sea, he gozado de lo lindo descubriendo la vida e intimidades de esta carismática diosa del blues,
una mujer con un espíritu libre e inconformista que la llevó a vivir en
diversos países del mundo. Y cuál
fue mi sorpresa al leer que cuando llegó por primera vez a
Holanda fue para residir precisamente en Nijmegen, donde pasó
algunos años de su vida. Eso explica porqué, conduciendo por la ciudad,
me encontré una calle con su nombre. ¡Toma casualidad!
El autor de este blog se va de vacaciones, así que no habrá posts durante una temporadita (lo cual, vista la periodicidad con la que publico, tampoco es demasiada novedad). Felices vacaciones y feliz verano a todos, cuidadín con las insolaciones, las paellas de chiringuito y la canción del verano, y nos leemos en septiembre.
PD: Ilustro esta última entrada preestival con una viñeta del genial e inigualable Forges, que nos dejó a principios de este año. ¡Se te echa de menos, maestro!