Sigo con una preocupante falta de tiempo, así que, para no dejar el blog yermo, aquí va otra colección de capturas pasajeras. Hoy, especial fotos tomadas a lo largo del Camino de Santiago.
Abstenerse cotillas. Uterga (Navarra), agosto de 2008.
Bajos fondos. Algún lugar cerca de Burgos, agosto de 2008.
Publicidad. San Martín del Camino (León), diciembre de 2011.
La cebolla y el ajo. Villares de Órbigo (León), diciembre de 2011.
Vuelvo al modern electric blues
(aunque en realidad nunca lo había abandonado del todo), y me llena de
satisfacción descubrir que el género sigue Still
Alive and Well, parafraseando al gran Johnny Winter. Tres
han sido los principales artífices de los grandiosos momentos que me está dejando este
come back.
Ya hablé de Oli Brown a
propósito de su ópera prima (Open Road, 2008). Desde
entonces este jovenzuelo ha publicado dos nuevos discos: Heads I
Win Tails You Lose (2010) y Here I Am (2014) que son sendas maravillas, sobretodo el último. Además, el británico capitanea una
explosiva banda de power-blues llamada RavenEye que
tengo poco oída, pero que por lo poco que he escuchado
me recuerda a sus compatriotas The Brew.
También de las Islas Británicas nos
llega Laurence Jones: otro mocoso que, con solo 23 años, está
haciendo un blues-rock de alto octanaje. Una delicia sus
discos que he escuchado hasta la fecha, Temptation (2014) y su
reciente What's It Gonna Be (2015), que tiene temazos como este Touch
Your Moonlight.
Y por último, el descubrimiento del
año para el que suscribe: Ty Curtis, un guitarrista de Oregon
con un estilo a caballo entre el blues melódico de Eric
Clapton y el enérgico de Stevie Ray Vaughan. Cinco
álbumes componen su discografía, tres con la Ty Curtis Band:
Stubborn Mind (2006),
Down on My Luck (2008) y Cross That Line (2010); y dos
en solitario: Ty Curtis (2012) y Water under The Bridge
(2014). Los he escuchado hasta la saciedad durante los últimos meses, y me hace
preguntarme porqué demonios nunca antes había oído hablar de este tío,
ya que todos y cada uno de ellos son geniales.
Así que mi regreso al blues
eléctrico no podía haber sido mejor, y por lo que parece, tenemos
cantera para rato. Que no pare.
Han pasado casi dos meses, y todavía me duele la muerte de Javier Krahe. Decía Sabina en una entrevista de hace un par de años que Krahe
era un lujo que España no merecía, y mucho me temo que estaba en lo cierto.
Creo que no se le ha hecho, ni se le hará, suficiente justicia, a tenor de la
escasa repercusión mediática y de las de momento inexistentes reediciones de
sus discos, libros o compilaciones de sus letras, quizás por la fecha de su
fallecimiento, más cercana a las vacaciones de agosto que a un habitual periodo
de publicación de novedades editoriales y discográficas.
Así que, como el que intenta curarse la resaca bebiéndose un cubata de
whisky, o el que para superar la pérdida de una exnovia se acuesta con ella,
llevo todo el verano repasando algunos de sus discos. Y uno de los temas que
más he escuchado es este Navalagamella, con una letra ocurrente y muy acertada
para las fechas en las que estamos: una canción sobre amores estivales,
cuernos, despechos, y el traidor septiembre poniendo fin a la aventura. Una gozada lírica que da muestra, por si cabía alguna duda, de la maestría de Krahe en el dominio del lenguaje y de los dobles sentidos.
Navalagamella
Cuando fui infiel,
lo fui noblemente, de hotel en hotel;
cuando lo fue ella
lo fue por sorpresa en Navalagamella.
Jesús, qué trajín
Un tío en la sierra le hacía tilín,
un cuerpo serrano,
un novio perpetuo durante el verano.
Amor veraniego con casa y jardín.
tomillo y espliego,
romero y jazmín...
aromas sin fin.
Cuando fui infiel
lo fui por la miel de las lunas de miel
cuando lo fue ella
bebían sangría y comían paella.
Sin un buen arroz,
no entraba en materia su lobo feroz,
antes de ir al grano
al grano ir quería su cuerpo serrano.
Y aquí una gambita,
y aquí un mejillón,
la vida es bonita
y es dulce el melón,
pásame el porrón.
Cuando fui infiel
lo fui por pasar de una piel a otra piel
cuando lo fue ella
lo fue, qué egoísmo, por verse aún más bella.
Y, claro, es mejor
lucir el palmito cuando hace calor,
mostrarle al verano
su cuerpo desnudo y más que serrano.
Así, hasta que un día
se fue la calor,
su cuerpo se enfría,
se enfría su amor,
Septiembre es traidor.
Cuando fui infiel
fui fiel a mí mismo, fiel a mi papel,
cuando lo fue ella
en mi alma, tan dura quería hacer mella.
Y a mí me da igual
que use mis pañuelos, que hoy esté fatal
un cuerpo serrano
muy desmejorado, de tanto ir al grano.
Su amor veraniego
añora el festín,
tomillo y espliego,
romero y jazmín...
pues mira, a mí, plin.