sábado, 13 de julio de 2013

Viejos secretos (1 de 3): El primer cruce

Entre sus primeros discos y maquetas, con un pop muy a lo The Knack, y su etapa más melódica, iniciada con La Calle del Olvido (1988) y que perdura hasta hoy, Los Secretos tuvieron una época con un estilo y unas influencias del country y el southern que, vista con la perspectiva de los años, me parecen la mejor de una banda que, para mí, fue y es de culto.  Mientras hoy muchos se esfuerzan porque les cuelguen la etiqueta de Americana, hace más de cinco lustros el grupo madrileño parió tres discos (dos en estudio y uno en directo) que son una referencia en la música de tintes americanos Made in Spain. Nos ocuparemos de estos trabajos: hoy del primero, y en futuros posts de los otros dos.

El primer cruce (1986) fue la primera grabación que hicieron Los Secretos para el entonces nuevo sello independiente Twins. Se trata de un mini-LP de sólo seis canciones... ¡pero vaya seis canciones! La primera cara se abre con No me falles, una canción que empieza con un aire pop, pero que va creciendo y orientándose a sonidos más sureños gracias a la mano de Ramón Arroyo, para mí uno de los mejores guitarristas de este país. Además, la letra es marca de la casa: las frecuentes bajadas de Enrique Urquijo a los infiernos de la droga, sus historias de desamor, y su incapacidad para hallar una estabilidad emocional, protagonizan esta canción, y el resto, con esa habilidad que tenía el malogrado cantante para estrujarte el corazón.

El siguiente tema ya abraza de lleno la música americana: ritmos rockabillies para Cerrar los bares, otra historia de desamor donde destaca la batería de Steve Jordan en el corte más acelerado del disco. Y para cerrar la cara A, Sin dirección, el que fue primer sencillo, y que me llevó de cabeza a la tienda a comprar el disco en cuanto la escuché unas cuantas veces por la radio (¿cuándo fue la última vez me pasó eso?) 

La cara B no puede empezar mejor: puro rock'n'roll en el tema que da título al álbum, El primer cruce, con una instrumentación impecable (muy bueno el bajo de Nacho Lles aquí) y ese amor imposible a lo Romeo y Julieta. Y luego, un clásico no ya sólo de Los Secretos, sinó de todo el pop-rock español. Una ranchera capaz de estremecer las entrañas al más pintado, y que miles de jóvenes de mi generación hicimos nuestra cuando la chica de turno nos dejó (¿Te suena, Pep?): Quiero beber hasta perder el control.

Y como guinda del pastel, San José, un pedazo de instrumental donde Ramón Arroyo y Álvaro Urquijo vuelven a salirse con guitarras a dos voces, y con una cadencia que te transporta a tierras fronterizas. Eran tiempos de sonidos a lo Mark Knopfler y sus Dire Straits, y los madrileños supieron estar a la altura.

Una delicia de trabajo, pues, que como mini-LP se publicó sólo en vinilo, ya que en sus posteriores ediciones digitales se añadió como bonus al Continuará (1987), del cual nos ocuparemos en breve.

martes, 25 de junio de 2013

Curiosidades del mundo animal III

Ya hablé de esta banda hace unos años, pero me apetecía incluirla en la sección Curiosidades del mundo animal por varias razones: Primera, porque acaban de publicar nuevo álbum. Segunda, porque tanto su nombre como el título de este álbum tienen referencias zoofílicas, lo cual casa mucho con la sección. Y por último, porque son una panda de frikazos de lo más curioso. Hoy nos ocupamos, pues, de El Reno Renardo y su último trabajo, Babuinos del Metal (2013).

¿Cómo definir a estos bilbaínos? Pues así, a bote pronto, sería una mezcla entre Megadeth y Los Mojinos Escozíos: metal contundente en lo musical, letras coñonas e irreverentes en lo lírico. Sólo hace falta dar un vistazo a los temas que componen su reciente publicación para pillar de qué va la historia. El disco empieza con Típica Intro, para continuar con Game Over, un homenaje a los videojuegos de los años 80 ("Me convalidaron la mili por acabarme el Combat School"). Ahí están también No Hay Huevos ("No hay huevos / de jugar al Twister con Carmen de Mairena"), Majestad Cuidado Con La Gravedad ("Su nieto Froilán ya no es un churumbel / es un hombretón / se ha hecho un piercing en el pie"), Festival ("Vas a un lugar más allá de Mordor / que no sale en Google Maps (...) La superficie de Marte / al lado de esto es Disneyland"), Orcos de Mordor ("Sois más heavies que Satán / más feos que Barragán")... y otras barbarides a cual más esperpéntica. Incluso hay lugar para una balada dedicada a Leia ("Chewbacca ve a morder un palo / o a comerte tu Dog Chow / que ya me estoy poniendo palot / con esta tía al lao") y para una especie de instrumental llamada Fibergran, orquestando aquel surrealista y ya mítico momento radiofónico de Carlos Pumares.



Y así, hasta 16 temas completamente histriónicos, que roban solos y ritmos a Metallica, Guns'n'Roses o Queen, entre otros. O, mejor dicho, toman prestado, ya que El Reno Renardo ofrece de forma gratuita todos sus discos en su página web. Yo aconsejo encarecidamente su descarga y escucha: estos descerebrados no van a pasar a la Historia del metal, pero son capaces de arrancar una carcajada al más circunspecto.


Otras curiosidades del mundo animal:

  1. Diablo Swing Orchestra
  2. Beatallica

lunes, 17 de junio de 2013

Vuelven Truth & Salvage Co.

Buenas noticias desde Carolina del Norte: tras casi 4 años de silencio discográfico, Truth & Salvage Co. están a punto de publicar el que será su segundo álbum. La fecha de lanzamiento es el 23 de julio de 2013, y el trabajo llevará por título Pick Me Up.

¡Cuánto disfruté con el debut de este grupo de rock sureño y country! Fue uno de los discos que más escuché en 2010, y lo voy recuperando a menudo para volver a engancharme a las pegadizas melodías de los carolinos estos. Una banda muy peculiar, ya que goza ni más ni menos que de cuatro cantantes, que igual se reparten las tareas vocales como las acometen al unísono. Su mentado y homónimo primer trabajo contó con la producción del cuervo negro por excelencia, Mr. Chris Robinson, mientras que para esta continuación han contado con Jon Ashley en la producción, y con Bill Reynolds (de The Band of Horses) en la mesa de mezclas, según reza su web oficial.

Así que estaremos esperando este lanzamiento con las orejas bien abiertas, confiando que alcance las cotas de calidad de su predecesor. De momento, el pedacito de canción que han colgado en YouTube no suena nada mal...



viernes, 24 de mayo de 2013

The Quireboys en Apolo 2


Miércoles, 8 de mayo de 2013. La 2 de Apolo, Barcelona. Como el día siguiente es laborable, el concierto empieza pronto, a las 21.40, cuando fuera aun no ha oscurecido del todo. En la sala, buena entrada y un calor infernal, que se acrecienta al ver a Spike ataviado con camisa de manga larga, chaleco, casaca y el inefable pañuelo en la cabeza. Y además, los bolos de The Quireboys no se caracterizan precisamente por su frialdad, así que se augura una velada calentita.

Empieza el show con Tramps and Thieves, de su segundo trabajo Bitter Sweet and Twisted. Es un espejismo, claro: a continuación suenan There She Goes Again y The Misled, los dos primeros de la que será una larga lista de temas pertenecientes a su disco más famoso y celebrado, A Bit of What You Fancy. Luego, Too Much of A Good Thing, presentación del que será su próximo álbum, Beautiful Curse, para inmediatamente volver a los clásicos del A Bit...: Roses and Rings y Whippin' Boy.

Como no podía ser de otra manera, ya que llevan casi un cuarto de siglo defendiéndolas en directo, las canciones suenan poderosas, bien engrasadas, impecables. Y Spike, pese a los años y una cojera recién estrenada, sigue siendo un frontman alucinante, dejándose la piel y transmitiendo un buen rollo contagioso. Mucho C'mon!, mucho Uh Yeah!, y un ambiente festivo y rockero que no decae con el paso de los lustros.

Atacan Mona Lisa Smiled, del Homewreckers and Heartbreakers y This Is Rock'n'Roll, del disco homónimo, para volver con Hey You, el que fue single de presentación de su debut. A continuación, otro tema inédito, Mother Mary (para mí, mejor que el Too Much of a Good Thing mencionado anteriormente), y de vuelta al A Bit...: Sweet Mary Ann, 7 o'clock y la balada I Don't Love You Anymore.

Y para terminar, los bises, a cargo de I Love This Dirty Town (del Homewreckers...) y, como no podía ser de otra manera, Sex Party (¿adivináis de qué disco?). Fin de fiesta tras 80 minutos, que pasaron en un santiamén y que dejaron al respetable con ganas de más rock'n'roll.


 
En definitiva, un buen concierto para los amantes de la banda, y se disculpa la corta duración por el estado físico de Spike que, incapaz de tomárselo con calma, bailaba a la pata coja. Eso sí, un repertorio demasiado predecible ya que, en mi opinión, The Quireboys tienen una discografía más que digna, y basar los conciertos en su primer LP (del cual eran 9 de los 15 temas que sonaron) dan poco espacio para la sorpresa. Pero en fin, hay que reconocer que, aunque asistimos al mismo espectáculo que en las anteriores visitas de los londinenses y muy probablemente las futuras, los que allí estábamos amamos el A Bit of What You Fancy, y si son canciones que no te cansas de escuchar en disco, ya no digamos en directo. Aunque la verdad, que hubieran apostado por Debbie o King of New York en lugar de Sweet Mary Ann o I Don't Love You Anymore, o que hubieran colado alguna versión de The Faces, por ejemplo, no hubiera estado nada mal. 

jueves, 9 de mayo de 2013

La absolución de Carla

Hay cosas imperdonables. Que Carla Bruni, la bella Carla, modelo sin parangón, antaño protagonista de húmedas fantasías de adolescentes, y artífice de esa maravilla que fue Quelqu'un m'a dit (2003), se casara con Nicolás Sarkozy, aciago presidente de Francia y representante de la derecha más recalcitrante de su país (si no contamos a los impresentables del FN, claro) es una de ellas. Que en su último disco, Little French Songs (2013) dedique una canción al mentado Sarkozy, humanizándolo, y otra ridiculizando al que le arrebató la presidencia del país, el socialista François Hollande, también tiene delito. Y que incluya un ejercicio de pedantería relatando sus experiencias en casa de Keith Richards y su antigua novia Anita Pallenberg allá por los años 70, ya es el colmo de los colmos.

Pero claro, uno va oyendo el disco, y va sintiendo como la voz susurrante de Carla le va acariciando la nuca. Con esos aires de chanson, con ese sabor a blues añejo, con esos sonidos robados al jazz, con esa simplicidad que parece tan fácil y es tan y tan difícil... Además, las canciones mencionadas, Mon Raymond, Le Pingouin y Chez Keith et Anita respectivamente, son de lo mejorcito del álbum, verdaderas joyitas donde notas que la exprimera dama se lo está pasando en grande, y transmite esa alegría, ese buen rollito, ese "esto lo hago yo porqué disfruto haciéndolo". Y mira, uno va dejando de lado el rencor, los reproches, el haberse pasado al enemigo, y no puede hacer más que cerrar los ojos y dejarse mecer por la voz ronroneante de Carla la traidora, Carla la pérfida, pero también Carla la sensual y magnética que nos estremeció hace 10 años con su álbum de debut, y que vuelve a hacerlo con este Little French Songs. Así que, misericordioso que es uno, decide perdonar lo imperdonable, olvidar viejas rencillas, y caer rendido a los pies y, para que nos vamos a engañar, también a las infinitas piernas, de Carla Bruni. Si es que, en el fondo, somos unos santos...